San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 19 de agosto de 2016

San Juan Eudes


Nacido en la diócesis de Sées, Francia, en el año 1601, luego de ser ordenado sacerdote en el año 1624, fomentó de una manera especial la devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María[1] y lo hizo con tanta elocuencia y santidad, que el Papa San Pío X llamaba a San Juan Eudes: “El apóstol de la devoción a los Sagrados Corazones”[2]. Escribió un libro titulado: “El Admirable Corazón de la Madre de Dios”, para explicar el amor que María ha tenido por Dios y por nosotros y otro de sus libros, dedicado con el mismo fin al Corazón de Jesús, titulado: “La devoción al Corazón de Jesús”.
Ahora bien, esta devoción a los Sagrados Corazones no era, para San Juan Eudes, una mera devoción más, es decir, no consistía, según el santo, en una simple consideración piadosa que se limitara a rezar en determinados días, ciertas oraciones prescriptas; para el santo, sí había que hacer esto, pero la verdadera devoción consistía ante todo en una contemplación de los Sagrados Corazones y sus virtudes, para luego encarnarlas en la vida práctica de todos los días. Es decir, para el santo, el corazón del hombre debía terminar configurándose a los Corazones de Jesús y de María, y esta configuración debía ser de tal modo, que quienes vieran a un cristiano en sus virtudes, deberían recordarse de Jesús y de María. Decía así San Juan Eudes a los sacerdotes[3]: “Entregaros a Jesús para entrar en la inmensidad de su gran Corazón, que contiene el Corazón de su santa Madre y de todos los santos, para perderos en este abismo de amor, de caridad, de misericordia, de humildad, de pureza, de paciencia, de sumisión y de santidad”[4].
Entonces, la fórmula de San Juan Eudes para imitar a los Sagrados Corazones de Jesús y María es “entregarnos” al Corazón de Jesús, en el que encontraremos al Inmaculado Corazón de María; luego, “perdernos” en el “abismo de amor, caridad, misericordia, humildad, pureza, paciencia, sumisión y santidad” que se contiene en ambos corazones.
¿Dónde encontrar al Sagrado Corazón de Jesús, para sumergirnos en Él y así también encontrar al Inmaculado Corazón de María, para luego también sumergirnos en el Corazón de la Virgen? Al Sagrado Corazón de Jesús lo encontramos, vivo, glorioso, resucitado, lleno del Fuego del Divino Amor, el Espíritu Santo, en la Eucaristía. Es ahí entonces, en la comunión eucarística, hecha con todo fervor, piedad, amor, del que seamos capaces, sin distracciones mundanas, sin pensamientos profanos, con un corazón lleno de la gracia santificante –a imitación del Inmaculado Corazón de María, Lleno de gracia-, en donde debemos unirnos, en el amor, al Corazón de Jesús, de manera que también nos unamos al Corazón de María y así ambos corazones nos infundan el Amor que los une, el Amor de Dios. Y así, sólo así, nuestros corazones serán una copia e imitación viviente de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Finalmente, ¿cómo saber si una persona es una verdadera devota de los Sagrados Corazones de Jesús y María? Lo es, cuando la persona llega a ser, por la gracia, un “abismo de amor, caridad, misericordia, humildad, pureza, paciencia, sumisión y santidad”.



[1] http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=saintfeast&localdate=20160819&id=12934&fd=0
[2] http://www.corazones.org/santos/juan_eudes.htm
[3] Fundó la Congregación de Jesús y María, para la formación de los sacerdotes en los seminarios, y otra de religiosas de Nuestra Señora de la Caridad, para fortalecer en la vida cristiana a las mujeres arrepentidas.
[4] Cfr. Coeur admirable, III, 2.

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