San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 25 de agosto de 2016

El Padre Pío y las llagas de Jesús


         Las llagas del Padre Pío son una manifestación visible de su participación a la Pasión de Jesús; en otras palabras, a través de las llagas visibles, el Padre Pío nos muestra, sensiblemente, visiblemente, su participación corporal y espiritual a la Pasión de Nuestro Señor, puesto que estas llagas no son “del Padre Pío” en sí mismo, sino que son las llagas de Jesús, que se manifiestan a través del Padre Pío. Con respecto a esta llagas, hay que refutar una posición ateo-agnóstica que, pretendiendo ser “científica”, lo que busca es desacreditar la sobrenaturalidad y el carácter místico y milagroso de estas llagas. Estas teorías sostienen, sin ningún asidero científico, que dichas llagas serían producidas por el propio ser humano, a través de un supuesto –y también todavía no descubierto- “poder”, mediante el cual el cerebro humano, o el espíritu humano, sería capaz de producir semejantes fenómenos. Es decir, no se trataría de una intervención natural y mucho menos de un milagro, sino que sería sólo la manifestación del poder de una mente que, como en el caso del Padre Pío, tiene tanta “fuerza”, que es capaz de auto-lesionar el organismo y producir estas llagas. Sería como decir que el Padre Pío, por un lado, tendría una mente muy poderosa y, por otro, tendría una especie de “obsesión” por la Pasión de Jesús, lo cual lleva a que su mente “produzca” estas heridas, que serían así auto-lesiones provocadas por el mismo hombre. Sin embargo, estas teorías, como decíamos anteriormente, carecen en absoluto de sustento científico, puesto que la mente humana es incapaz de provocar en el cuerpo, por sugestión, ni siquiera un rasguño, y por lo tanto, es todavía más que incapaz de provocar unas lesiones como las que tenía el Santo Padre Pío. Sus llagas son, y es la única explicación posible, una manifestación visible, corporal, de una participación mística, espiritual, sobrenatural, a la Pasión de Jesús.
         Otra consideración que podemos hacer es qué sucede con nosotros, bautizados comunes, que no tenemos –y lo más probable es que jamás las tengamos- a estas llagas, que constituyen un don extraordinario que da Dios a quienes Él elige con predilección.

         Sin embargo, esto no es un obstáculo para nuestra santidad, puesto que, aun sin tener estas llagas, esto no significa que no podamos participar de la Pasión del Señor –lo cual, por otra parte, es algo que pide la Iglesia a través de la Liturgia de las horas, esto es, que los fieles vean en sus sufrimientos una participación a la Pasión de Jesús-, puesto que, aun sin las llagas podemos –y debemos- unirnos con nuestras vidas, con lo que somos y tenemos –pasado, presente, futuro, dolores, tribulaciones, alegrías- a Jesús en su sacrificio en cruz, por la salvación de las almas. Y el momento y lugar más indicado es la Santa Misa, renovación incruenta del Santo Sacrificio del Altar.

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