San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

sábado, 15 de febrero de 2020

San Valentín


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          Vida de santidad[1].

San Valentín era un sacerdote que hacia el siglo III ejercía en Roma, durante el gobierno del emperador Claudio II. Resulta que este emperador tomó la decisión de prohibir la celebración de matrimonios -sobre todo para los jóvenes-, porque en su opinión los solteros sin familia eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras, al no tener esposa ni familia para mantener económica y afectivamente. De esta manera, todos los matrimonios sacramentales quedaron suspendidos por decreto en el imperio. Sin embargo, San Valentín, consciente del valor del sacramento del matrimonio y considerando que el decreto del emperador atentaba contra la Ley de Dios, decidió no acatarla y esto está bien, porque las leyes injustas no se deben de ninguna manera acatar. San Valentín, considerando entonces que el decreto era injusto, no lo acató de ninguna manera y por el contrario, se dedicó a celebrar matrimonios sacramentales en secreto; es aquí donde surge el hecho de que San Valentín sea sea considerado el patrono de los enamorados.
El emperador Claudio se enteró de las actividades sacerdotales de San Valentín y como San Valentín gozaba de un gran prestigio en Roma, lo llamó a Palacio. San Valentín aprovechó la ocasión para evangelizar al emperador y su corte. Aunque en un principio Claudio II mostró interés por la conversión al cristianismo, sin embargo fue persuadido de lo contrario principalmente por el gobernador de Roma, llamado Calpurnio.
Inclinado explícitamente al paganismo y rechazando las actividades en favor del matrimonio sacramental que hacía San Valentín, el emperador Claudio dio entonces la orden de que encarcelasen a Valentín. Estando en la cárcel, hizo el milagro de devolverle la vista a la hija ciega del jefe de la cárcel, llamado Asterius, quien desde entonces se convirtió al cristianismo. Este hecho no consiguió la libertad de San Valentín, quien continuó preso en la cárcel hasta que el emperador Claudio finalmente ordenó que lo martirizaran y ejecutaran el 14 de Febrero del año 270. La joven Julia, agradecida al santo, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. De ahí que  el almendro sea símbolo de amor y amistad duraderos.
La fecha de celebración del 14 de febrero fue establecida por el Papa Gelasio para honrar a San Valentín entre el año 496 y el 498 después de Cristo. Los restos mortales de San Valentín se conservan actualmente en la Basílica de su mismo nombre, que está situada en la ciudad italiana de Terni (Italia). Cada 14 de febrero se celebra en dicho templo, un acto de compromiso por parte de diferentes parejas que quieren contraer matrimonio al año siguiente.

Mensaje de santidad.

San Valentín es un ejemplo para nuestros días porque él murió dando testimonio de Cristo y del misterio esponsal de Cristo Esposo unido a la Iglesia Esposa, manifestado y participado en el sacramento del matrimonio. Es ejemplo para nuestros días, porque nunca antes se había desvalorizado tanto el sacramento del matrimonio como lo vemos hoy en día. En vez de considerarlo como es, como una inserción de los esposos en el misterio esponsal entre Cristo y la Iglesia, que convierte al varón en prolongación y representación de Cristo Esposo y a la mujer la convierte en prolongación de y representación de la Iglesia Esposa, ante el mundo y la sociedad, con la riqueza de gracia que esto representa, se ve al matrimonio sacramental como un simple compromiso humano que se reduce a un consentimiento firmado, que puede romperse cuando los esposos así lo decidan. Al recordar a San Valentín en su día, recordemos el valor inapreciable del sacramento del matrimonio, por el cual el varón se convierte en imagen de Cristo Esposo y la mujer, en imagen de la Iglesia Esposa. También es un momento para reflexionar acerca de las exigencias de la fe católica, puesto que creer en Cristo Dios supone estar dispuestos a dar la vida por el Hombre-Dios Jesucristo, como hizo San Valentín.


viernes, 14 de febrero de 2020

Santos Cirilo y Metodio


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Vida de santidad[1].

          Cirilo, monje, es llamado también “Apóstol de los eslavos”. Nació en Tesalónica y se destacó de joven en los estudios en Constantinopla, para luego enseñar filosofía en esa ciudad. Evangelizó en Rusia con gran éxito. En el 863, se dirigió con su hermano Metodio a evangelizar a Moravia en la lengua nativa, desarrollando primero el alfabeto de la lengua eslava y traduciendo después la liturgia a este lenguaje.
De esta manera, entre los dos publicaron los textos litúrgicos en lengua eslava escritos en caracteres “cirílicos”, como después se designaron en honor a San Cirilo. Promovieron grandemente la cultura y la fe. Llamados a Roma, Cirilo murió allí el 14 de febrero del año 869. Metodio, consagrado obispo, marchó a Panonia, donde desarrolló una infatigable labor de evangelización. Tuvo que sufrir mucho a causa de los envidiosos, pero contó siempre con el apoyo de los papas.  Evangelizó en Moravia, Bohemia, Panonia y Polonia. Bautizó a San Ludmila y al duke Boriwoi. Fue arzobispo de Vellehrad, Eslovaquia, donde fue apresado en el 870 por la oposición del clero alemán. Algunos le acusaron de hereje, pero siempre fue liberado de cargos. Tradujo la Biblia a la lengua eslava. Murió el 6 de abril del año 885 en la ciudad eslovaca de Vellehrad.

Mensaje de santidad[2].

Se caracterizaba por su gran capacidad de trabajo y su incansable celo apostólico. Días antes de morir, Cirilo se enfermó y en uno de sus días en el lecho de enfermo tuvo una visión de Dios, en la que se le anticipaba su muerte y su ingreso en el Reino de los cielos, por lo que cantó así: “Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor»; se regocijan mi corazón y mi espíritu”. Se revistió con sus ornamentos y lleno de alegría, decía: “Desde ahora ya no soy siervo ni del emperador ni de hombre alguno sobre la tierra, sino sólo de Dios todopoderoso. Primero no existía, luego existí, y existiré para siempre. Amén”. Decía: “Existiré para siempre porque sabía que luego de morir, habría de vivir la vida eterna, la vida que es para siempre.
Cuando llegó el momento de pasar “de esta vida a la otra”, elevando sus manos hacia Dios, hizo esta plegaria, en la que nos deja parte de su profunda espiritualidad: “Señor Dios mío, que creaste todas las jerarquías angélicas y las potestades incorpóreas, desplegaste el cielo y afirmaste la tierra y trajiste todas las cosas de la inexistencia a la existencia, que escuchas continuamente a los que hacen tu voluntad, te temen y guardan tus preceptos: escucha mi oración y guarda a tu fiel rebaño, que encomendaste a este tu siervo inepto e indigno”. Sabiéndose próximo a la muerte, empieza comenzando por reconocer a Dios como Creador del universo visible e invisible y luego le encomienda a aquellos que “hacen su voluntad, lo temen y guardan sus preceptos”, es decir, los que cumplen la voluntad de Dios, tienen temor de Dios y se preocupan por observar sus Mandamientos.
Luego continuó: “Líbralos de la impiedad y del paganismo de los que blasfeman contra ti, acrecienta tu Iglesia y reúne a todos sus miembros en la unidad”. Es un pedido de unidad para la Iglesia, pero una unidad dada por Dios quien es quien, por su Misericordia, librará a los justos del supremo pecado que es la impiedad y de la suprema idolatría que es el paganismo, que lleva al hombre a blasfemar contra Dios. Cirilo le pide a Dios por todos ellos, para que se vean libres de estos males espirituales.
Su oración continúa de esta manera: “Haz que tu pueblo viva concorde en la verdadera fe, e inspírale la palabra de tu doctrina, pues tuyo es el don que nos diste para que predicáramos el Evangelio de tu Cristo, exhortándonos a hacer buenas obras que fueran de tu agrado”. Se dirige a Dios pidiéndole que su pueblo no se vuelva ni pagano ni idólatra, sino que, guiados por el Espíritu Santo, vivan en la verdadera fe en Jesucristo, el Hombre-Dios, cuyo Evangelio todo cristiano debe predicar, con santidad de vida. El paganismo y la idolatría son pecados espirituales que apartan al alma de la verdadera y única fe, la fe católica en Cristo Dios y es por eso que Cirilo pide a Dios por los fieles, para que no caigan en esos errores.
Finaliza su oración diciendo: “Te devuelvo como tuyos a los que me diste; dirígelos con tu poderosa diestra y guárdalos bajo la sombra de tus alas, para que todos alaben y glorifiquen el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. Se dirige a Dios como sacerdote, como pastor de la grey que le ha sido confiada, sabedor que no eran suyas las ovejas sino de Dios y es por eso que a Él se las devuelve y se las devuelve no de cualquier manera, sino habiéndolas custodiado del Lobo Infernal y luego de alimentarlas con el Pan de la Palabra de Dios encarnada, la Sagrada Eucaristía. Le pide a Dios que no solo no los abandone, sino que, conocedor de los peligros que encierra este destierro terreno, le suplica que los dirija con su “poderosa diestra” y que los “guarde bajo la sombra de sus alas, para que todos glorifiquen” a la Trinidad Santísima, Único Dios Verdadero.
Experimentando ya la cercanía de la muerte y su paso a la eternidad, dio a todos el ósculo santo diciendo: “Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió, y escapamos”. Alaba a Dios, citando el salmo en el que Dios libra a los suyos de las trampas que tiende el Lobo Infernal. Luego de recitar este salmo, a la edad de cuarenta y dos años, murió a esta vida terrena para empezar a vivir en la vida eterna.
Al recordarlo en su día, obremos de manera tal de pertenecer a los justos por los que San Cirilo rezaba.


[2] Cap. 18: Denkschriften der kaiserl. Akademie der Wissenschaften 19, Viena 1870, 246.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Santa Águeda, virgen y mártir


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          Vida de santidad[1].

          Santa Águeda provenía de una familia distinguida, noble y rica y ella era en sí misma una joven que se distinguía por su belleza fuera de lo común. Podía decirse que, humanamente, poseía todo lo que una joven suele desear. Sin embargo, Santa Águeda poseía un tesoro mucho más admirable y precioso que cualquier tesoro terreno y era su fe en Jesucristo, a quien amaba por encima de cualquier cosa en este mundo. Esta fe y amor en Jesucristo pudo demostrarla Santa Águeda cuando el Senador Quintianus, aprovechándose de la persecución del emperador Decio (250-253) contra los cristianos, creyó que la santa se arrojaría en sus brazos sin más. Sin embargo, las propuestas hechas por este senador a la santa recibieron de su parte un rotundo “no”, pues ella afirmaba que ya estaba comprometida con otro esposo y ése era Jesucristo.
          El perverso senador Quintianus no se dio por vencido e intentó una malvada estratagema: la entregó en manos de una mujer amoral, llamada Afrodisia, para que esta la sedujera con las tentaciones del mundo. Pero nuevamente su perversión se vio frustrada, al mostrarse Santa Águeda más firme que nunca en su fe y amor a Jesucristo.
Quintianus cambió entonces de estrategia y si antes deseaba poseerla por la seducción, ahora, trastornado por la ira, torturó a la joven virgen cruelmente, hasta llegar a ordenar que se le corten los senos. Es famosa la respuesta de Santa Águeda: “Cruel tirano, ¿no te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno con el que de niño te alimentaste?”. En medio de sus torturas, la santa fue consolada con una visión de San Pedro quien, milagrosamente, la sanó. Sin embargo, las torturas continuaron y al fin, viendo el tirano que nada podía contra la fe y el amor a Jesucristo que profesaba Santa Águeda, decidió que fuera martirizada siendo arrojada viva sobre carbones encendidos en Catania, Sicilia (Italia)[2].

          Mensaje de santidad.

          En Santa Águeda se destacan dos grandes virtudes, producidas ambas por una misma causa: el gran amor sobrenatural que la santa profesaba a Jesucristo. Si no hubiera sido por este amor, Santa Águeda se habría visto arrastrada por los placeres mundanos, a los cuales por su posición noble tenía acceso si lo hubiera deseado, o bien habría caído presa de las seducciones del perverso senador Quintianus. Sin embargo, nada de eso pudo triunfar sobre la santa, porque en su corazón ardía el amor exclusivo por Jesucristo, amor que en la santa era como dice la Escritura: “Más fuerte que la muerte”. De manera tal que si bien Santa Águeda tenía acceso al mundo y a las seducciones de los mundanos, esto era para ella menos que ceniza y polvo, comparados con el amor que ardía en su corazón por Jesucristo. Su ejemplo de vida y su mensaje de santidad son actuales para nuestros días, en los que Jesucristo es dejado de lado por el mundo y sus vanas seducciones y los cristianos, en vez de rechazar estas seducciones, se dejan atrapar por ellas. En este sentido, Santa Águeda es un ejemplo insuperable para las jóvenes generaciones de cristianos.





[1] Cfr. https://corazones.org/santos/agueda.htm; Butler, Vida de Santos, vol. IV.  México, D.F.: Collier’s International - John W. Clute, S.A., 1965; The Catholic Encyclopedia; Kirsch, J. P., Saint Agatha, Catholic Encyclopedia,   Encyclopedia Press. 1913; Sgarbossa, Mario y Giovannini, Luigi. Un Santo Para Cada Día. Santa Fe de Bogotá: San Pablo. 1996. Su oficio en el Breviario Romano se toma, en parte de las Actas de latinas de su martirio. (Acta SS., I, Feb., 595 sqq.). De la carta del Papa Gelasius (492-496) a un tal Obispo Victor (Thiel. Epist. Roman. Pont., 495) conocemos de una Basílica de Santa Águeda. Gregorio I (590-604) menciona que está en Roma (Epp., IV, 19; P.L., LXXVII, 688) y parece que fue este Papa quien  incluyó su nombre en el Canon de la Misa. Solo conocemos con certeza histórica el hecho y la fecha de su martirio y la veneración pública con que se le honraba in la Iglesia primitiva.  Aparece en el Martyrologium Hieronymianum (ed. De Rossi y Duchesne, en el Acta SS., Nov. II, 17) y en el Martyrologium Carthaginiense que data del quinto o sexto siglo (Ruinart, Acta Sincera, Ratisbon, 1859, 634). En el siglo VI, Venantius Fortunatus la menciona en su poema sobre la virginidad como una de las celebradas vírgenes y mártires cristianas (Carm., VIII, 4, De Virginitate: Illic Euphemia pariter quoque plaudit Agathe Et Justina simul consociante Thecla. etc.).


[2] Según la tradición, en una erupción del volcán Etna, ocurrida un año después del martirio de Santa Águeda (c.250), la lava se detuvo milagrosamente al pedir los pobladores del área la intercesión de la santa mártir. Por eso la ciudad de Catania la tiene como patrona y las regiones aledañas al Etna la invocan como patrona y protectora contra fuego, rayos y volcanes. Además de estos elementos, la iconografía de Santa Águeda suele presentar la palma (victoria del martirio), y algún símbolo o gesto que recuerde las torturas que padeció.

martes, 4 de febrero de 2020

Vida de San Blas


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          Vida de santidad[1].

          San Blas fue médico y obispo de Sebaste, Armenia. Hizo vida eremítica en una cueva del Monte Argeus. San Blas era conocido por su don de curación milagrosa; dentro de estas curaciones, está el milagro que realizó y con el cual le salvó la vida de un niño que se ahogaba al obturar su garganta una espina de pescado. Cuando San Blas pasaba encadenado para ser ajusticiado, la madre del niño se arrojó a sus pies y le pidió por su hijo: San Blas oró y le impuso las manos sobre la garganta y al instante el niño volvió a la vida. Este es el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta.
También según la tradición, se le acercaban incluso animales enfermos para que les curase, aunque no lo interrumpían en sus momentos de oración.
Cuando se inició la persecución del emperador Agrícola, gobernador de Cappadocia, contra los cristianos, ésta abarcó, donde se encontraba el santo haciendo vida eremítica. La forma en el que lo atraparon fue así: sus cazadores fueron a buscar animales para los juegos de la arena en el bosque de Argeus y encontraron muchos de ellos esperando fuera de una cueva, y ésa era la cueva de San Blas, pues los animales se encontraban allí esperando al santo para que los curase. Los esbirros del emperador ingresaron en la cueva y allí  encontraron a San Blas en oración y lo arrestaron. El emperador Agrícola trató sin éxito de hacerle apostatar, cosa que no pudo lograr porque San Blas se mantuvo firme en le fe en Jesucristo. En la prisión, San Blas sanó a algunos prisioneros. Finalmente fue echado a un lago para que se ahogara, pero San Blas, parado en la superficie y desafiando a las leyes de la física, invitaba a sus perseguidores a caminar sobre las aguas y así demostrar el poder de sus dioses, pero cuando estos lo intentaron, se ahogaron. Finalmente, cuando volvió a tierra fue torturado y decapitado, en el año 316 d. C.

          Mensaje de santidad.

          San Blas es el patrono de las gargantas y de las enfermedades de la garganta; como tal, podemos pedirle que haga un milagro en favor nuestro aun más grande que el milagro que hizo con el hijo de la mujer, que se había atragantado con una espina de pescado: le podemos pedir al santo, además de su fe inconmovible en Cristo Dios, que nos conceda el don de que nunca salga de nuestras gargantas nada que ofenda a Dios y que sólo salgan alabanzas a Dios y elogios y deseos de paz para nuestros prójimos.

viernes, 31 de enero de 2020

La verdadera devoción a Don Bosco no puede dejar de lado el Infierno


          En nuestros días, cuando se habla de Don Bosco, se tiende a presentarlo como un sacerdote que se preocupaba mucho por el aspecto social, puesto que creó su famoso “Oratorio de Don Bosco”, por ejemplo, al que acudían cientos de niños y jóvenes de la calle para tener un alimento que llevarse a la boca al menos una vez al día. También fue un gran educador y de hecho sus enseñanzas en materia de educación siguen aplicándose a lo largo del mundo entero, con gran éxito. Sin embargo, también en nuestros días, al hablar de Don Bosco, se suele dejar de lado, exprofeso, un aspecto esencial de su vida de santidad como sacerdote y es lo que se conoce como “Los sueños de Don Bosco sobre el Infierno”. En efecto, es de sobras conocido que Don Bosco tuvo innumerables sueños acerca del Infierno, todos los cuales quedaron plasmados en sus obras. Ahora bien, si se habla de Don Bosco, pero se dejan de lado sus sueños del Infierno, se está dejando de lado un aspecto sumamente importante de sus enseñanzas y de su vida de santidad y esto a tal punto que no puede llamarse verdadero “discípulo de Don Bosco” quien niegue, desconozca o deje de lado, por el motivo que sea, a sus “sueños del Infierno”. Es por eso que, en el día en el que lo conmemoramos, dejamos a disposición del lector varios vídeos en los que se relatan, con gráficos, los sueños de Don Bosco en el Infierno. Una última aclaración, vale la pena decirlo, es que estos “sueños” no fueron, a nuestro entender, “sueños”, sino verdaderas experiencias místicas manifestadas a través de sueños. He aquí los vídeos con los sueños de Don Bosco en el Infierno:











martes, 28 de enero de 2020

Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios y la trascendencia del hombre


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          Según afirma Santo Tomás de Aquino, el hombre es capaz de conocer a Dios y por lo tanto, es capaz de eternidad, puesto que “Dios es su propia eternidad”, como lo afirma el mismo santo. No vamos a detenernos en las vías del conocimiento de Dios formuladas por Santo Tomás de Aquino, sino en el porqué de su afirmación de que el hombre puede conocer a Dios. La razón está en su gnoseología, en su metafísica y en su cosmovisión del mundo y de Dios. Según su cosmovisión, Dios y el hombre son dos entes distintos, absolutamente distintos, uno Creador del otro y esto a tal punto, que el hombre no encuentra razón de ser ontológica sino es en referencia a Dios, Inteligencia Creadora y de la cual el hombre participa y por el cual subsiste. Según su gnoseología, es decir, según su teoría del conocimiento, el hombre puede conocer a Dios porque puede conocer el acto de ser que está en la esencia de las cosas, actualizándolas y poniéndolas en el ser. En efecto, para Santo Tomás, el ser tiene tres estados o “estratos”, si podemos llamarlos así: en las cosas, en la simple aprehensión del intelecto y en el juicio. Lo que tiene “solidez y actualidad” ontológica es el ser que está en las cosas, llamado también “acto de ser”, que pone en la realidad una esencia que, sin el acto de ser, sería sólo una esencia, es decir, un producto del pensamiento. Con relación a la metafísica, está en estrecha relación con la gnoseología que acabamos de describir y es lo que la hace posible. Todo esto, que parece un embrollo de términos reservados a filósofos y teólogos, es sumamente importante saberlo, porque sólo a través de esta metafísica tomista, a través de esta gnoseología tomista y a través de esta cosmovisión tomista, el hombre es “capax Dei” y por lo tanto, capaz de eternidad. Sólo en el pensamiento tomista el hombre es verdaderamente trascendente y por eso puede esperar trascender esta vida para llegar al más allá, al Reino de los cielos, luego de esta vida.
          En la orilla opuesta y guiados por Kant, Heidegger, Hegel y Rahner, están quienes afirman la inmanencia absoluta para el hombre ya que consideran que el hombre sólo puede conocer el “ser” del juicio, pero no el Acto de Ser de Dios Uno y Trino y por lo tanto niegan al hombre la trascendencia y lo encierran en su propia humanidad, sin otro horizonte que el limitado e intrascendente horizonte de la pura humanidad.
          Si seguimos el camino tomista, seremos capaces  de Dios y de su eternidad; si seguimos el camino de sus adversarios, nos quedaremos encerrados en nuestros propios pensamientos, sin salir jamás de ellos.

Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios y la trascendencia del hombre


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          Según afirma Santo Tomás de Aquino, el hombre es capaz de conocer a Dios y por lo tanto, es capaz de eternidad, puesto que “Dios es su propia eternidad”, como lo afirma el mismo santo. No vamos a detenernos en las vías del conocimiento de Dios formuladas por Santo Tomás de Aquino, sino en el porqué de su afirmación de que el hombre puede conocer a Dios. La razón está en su gnoseología, en su metafísica y en su cosmovisión del mundo y de Dios. Según su cosmovisión, Dios y el hombre son dos entes distintos, absolutamente distintos, uno Creador del otro y esto a tal punto, que el hombre no encuentra razón de ser ontológica sino es en referencia a Dios, Inteligencia Creadora y de la cual el hombre participa y por el cual subsiste. Según su gnoseología, es decir, según su teoría del conocimiento, el hombre puede conocer a Dios porque puede conocer el acto de ser que está en la esencia de las cosas, actualizándolas y poniéndolas en el ser. En efecto, para Santo Tomás, el ser tiene tres estados o “estratos”, si podemos llamarlos así: en las cosas, en la simple aprehensión del intelecto y en el juicio. Lo que tiene “solidez y actualidad” ontológica es el ser que está en las cosas, llamado también “acto de ser”, que pone en la realidad una esencia que, sin el acto de ser, sería sólo una esencia, es decir, un producto del pensamiento. Con relación a la metafísica, está en estrecha relación con la gnoseología que acabamos de describir y es lo que la hace posible. Todo esto, que parece un embrollo de términos reservados a filósofos y teólogos, es sumamente importante saberlo, porque sólo a través de esta metafísica tomista, a través de esta gnoseología tomista y a través de esta cosmovisión tomista, el hombre es “capax Dei” y por lo tanto, capaz de eternidad. Sólo en el pensamiento tomista el hombre es verdaderamente trascendente y por eso puede esperar trascender esta vida para llegar al más allá, al Reino de los cielos, luego de esta vida.
          En la orilla opuesta y guiados por Kant, Heidegger, Hegel y Rahner, están quienes afirman la inmanencia absoluta para el hombre ya que consideran que el hombre sólo puede conocer el “ser” del juicio, pero no el Acto de Ser de Dios Uno y Trino y por lo tanto niegan al hombre la trascendencia y lo encierran en su propia humanidad, sin otro horizonte que el limitado e intrascendente horizonte de la pura humanidad.
          Si seguimos el camino tomista, seremos capaces  de Dios y de su eternidad; si seguimos el camino de sus adversarios, nos quedaremos encerrados en nuestros propios pensamientos, sin salir jamás de ellos.