San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

sábado, 18 de marzo de 2017

Solemnidad de San José, Esposo legal de María Virgen y Padre adoptivo del Hijo de Dios


Muerte de San José en brazos de Jesús y María.

         San José, Esposo legal de María Virgen y Padre adoptivo del Hijo de Dios
         San José es uno de los más grandes santos de la Iglesia, en quien resplandecen todo tipo de virtudes. Fue por esto, precisamente, que Dios lo eligió para que fuera el encargado, en la tierra, de custodiar los dos más grandes tesoros de Dios: María Santísima y el Niño Dios.
Con respecto a María Santísima y a su matrimonio con la Virgen, hay que decir que San José fue Esposo de la Virgen, pero un esposo meramente legal de María, puesto que él mismo fue virgen, de manera tal que se le puede decir: “Padre Virgen”, que conservó intacta su virginidad antes y durante el matrimonio legal con María Santísima. Al respecto, dice así San Pedro Damián: “No parece que fuese suficiente que sólo la Madre fuese virgen; es de fe de la Iglesia que también aquel que hizo las veces de padre ha sido virgen. Nuestro Redentor ama tanto la integridad del pudor florido, que no sólo nació de seno virginal, sino también quiso ser tocado por un padre virgen”. Con relación a María, JAMÁS hubo trato carnal, tal como sucede con los esposos humanos: todos los santos coinciden en que San José era más bien, hacia María, un custodio, y no esposo en el sentido terreno. Es en este sentido en que se pronuncia un santo como San Francisco de Sales: “María y José habían hecho voto de virginidad para todo el tiempo de su vida y he aquí que Dios quiso que se uniesen por el vínculo del santo matrimonio, no para que se desdijeran y se arrepintieran de su voto, sino para que se confirmasen más y más y se animasen mutuamente juntos durante toda su vida”. Entonces, siendo San José Padre Virgen y Esposo Casto y Puro, el amor profesado a María Virgen no era, de ninguna manera, un amor carnal, sino que era como un amor de hermanos, un amor casto, puro, de afecto fraterno, y no podía ser de otra manera, porque así como la Madre de Dios debía ser Virgen antes, durante y después del parto, porque no podía estar contaminada con amores profanos y mundanos, así también el Padre adoptivo de Jesús, debía ser, por la dignidad del Hijo a quien debía adoptar, y por la dignidad de la Esposa, Madre y Virgen a la que debía esposar, virgen, casto y puro. En algunos evangelios apócrifos –falsos- se afirma que San José era ya anciano cuando desposó a María y que había enviudado, porque había estado desposado previamente y de este matrimonio previo habría tenido hijos, todo lo cual es absolutamente falso[1]. Dice Santo Tomás de Aquino: “Se debe creer que José permaneció virgen, porque no está escrito que haya tenido otra mujer y la infidelidad no la podemos atribuir a tan santo personaje”.
Es por esto que repudiamos, con todas las fuerzas de nuestro ser, las impías declaraciones de Sor Lucía Caram[2], acerca de que San José y la Virgen María “tuvieron relaciones sexuales”, al tiempo que rezamos y pedimos para que la hermana se arrepienta de estas blasfemias y pida perdón a la Iglesia, a los fieles y, sobre todo, a la Virgen y a Nuestro Señor Jesucristo. Nosotros, de nuestra parte, rezamos en reparación, proclamamos la única verdad con relación al matrimonio meramente legal de María y José, y pedimos nuestra conversión y la de la hermana Lucía Caram.
Retomando nuestra semblanza sobre San José, podemos decir que, por sus virtudes como Esposo Fiel, es modelo y ejemplo para todo esposo que verdaderamente ame a su esposa: el amor verdadero y puro es fiel, único, indisoluble, ya que de ninguna manera, quien ama a su esposa con todo su corazón, puede llegar a tener lugar para otra mujer que no sea su esposa. San José es el Padre Virgen, el Esposo Fiel, caso y puro, modelo admirable de amor esponsal para todo esposo cristiano. La infidelidad revela que el amor es tan débil y escaso, que en el corazón del esposo infiel, hay lugar para otros amores, que no sean su esposa legítima, lo cual no sucede, absolutamente hablando, en San José.
San José es modelo también de Padre, porque si bien es Padre adoptivo de Jesús, puesto que el Padre verdadero de Jesús es Dios Padre -ya que Jesús es Dios Hijo y por lo tanto procede del Padre desde la eternidad-, San José fue elegido por Dios Padre para que lo representara, en la tierra, en su rol paterno, para que ejerciera la paternidad en la tierra con su Hijo encarnado, así como Dios Padre es Padre de Dios Hijo en la eternidad, en los cielos. Esto es un privilegio que, por sí mismo, habla de las virtudes, en grado excelso, de San José, porque es Dios Padre quien lo elige para que sea Custodio y Padre adoptivo de su Hijo, el Verbo Eterno encarnado. San José es modelo para todo padre, porque dedica toda su vida, todos sus esfuerzos, todo su amor, a la educación de su Hijo y a la atención de su Esposa, trabajando incansablemente, arduamente, todos los días de su vida, incluso hasta su muerte, para que no les faltara el pan de cada día a su familia. Al respecto, hay que notar cómo San José trabaja para conseguir el pan material, para alimentar a Aquél que es el Pan de Vida eterna, que alimenta nuestras almas con la substancia misma de Dios. Y con respecto al trabajo –es ejemplo de cómo santificarnos en el trabajo, consagrándolo a Dios, porque su trabajo está dedicado a la Virgen y a Jesús-, según un libro que, se dice que fue dictado por la Virgen[3], San José murió precisamente, trabajando o a causa del trabajo. Según este libro, San José y Jesús habían salido a hacer un trabajo de carpintería, encargado en un pueblo vecino, para lo cual debían atravesar una montaña y recorrer un camino relativamente largo. Lo que sucedió fue que, como era invierno, y habiendo ya recorrido un largo trecho, comenzó a nevar y la temperatura descendió mucho, con lo cual San José enfermó de neumonía. Jesús, con todo el dolor de su Corazón, trató de abrigar a su Padre con su mismo Cuerpo, y lo llevó de regreso a Nazareth, donde esperaba la Virgen, que algo presentía. Al llegar, ya era tarde, porque la neumonía había avanzado mucho, y San José terminó muriendo, por esta causa, pero su muerte fue la más hermosa de todas las muertes, porque murió en brazos de Jesús y María, llenándose su alma de paz y amor celestial en el momento de morir, como anticipo del amor, la alegría y la paz que habría de experimentar en el Reino de los cielos, para siempre. Por que vivió y murió con Jesús y María, San José es Patrono de la vida bienaventurada y de la muerte cristiana y santa.
Por último, San José es modelo y maestro para todo adorador eucarístico, porque en su tarea de ser Padre adoptivo de Jesús, San José, al tiempo que educaba a Dios Hijo, no podía dejar de asombrarse y de maravillarse, al comprobar que ese Niño, al cual él educaba y criaba, era su mismo Dios, Creador, Santificador y Redentor. Es decir, San José, podemos decir, vivía en un estado de “adoración eucarística perpetua”, porque el Niño al cual él educaba y contemplaba con todo el amor de su corazón, era su propio Dios, el Dios que lo había creado, el Dios que lo habría de redimir con su Cruz, el Dios que lo habría de santificar y glorificar en el Reino de los cielos. Así como San José contemplaba, amaba y adoraba a su Hijo Jesús, que era Dios pero que estaba oculta su divinidad por el velo de su humanidad, así también entonces nosotros debemos contemplar, amar y adorar a Cristo Dios, que es el Dios de la Eucaristía, Presente en Persona con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía, aunque oculta su divinidad a los ojos corporales, bajo la apariencia de pan. Por esta razón, todo el que desee ser Adorador Eucarístico –o si, ya lo es, pero quiere adorar más y mejor la Eucaristía-, debe encomendarse a San José, Modelo y Maestro de los Adoradores Eucarísticos, para que en el silencio de la oración y en lo más profundo del corazón, enseñe a los Adoradores a amar, contemplar y adorar a su Hijo Jesús, Presente en la Eucaristía.



[1] Cfr. Historia de José el carpintero; Protoevangelio de Santiago; Evangelio de Tomás.
[2] Para conocer un poco más acerca de las penosas y lamentables declaraciones de Sor Lucía Caram, consultar el siguiente sitio: https://www.aciprensa.com/noticias/dominica-lucia-caram-asegura-que-la-virgen-maria-y-san-jose-tenian-sexo-38832/
[3] Cfr. Santiago Marín, El Evangelio secreto de la Virgen María, Editorial Planeta Testimonio, Barcelona 1996.

Los siete dolores y gozos de San José: Sexto Dolor y Sexto Gozo


       San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

Sexto Dolor: Si el Quinto Dolor había sido provocado por un rey -el rey Herodes, que quería dar muerte a su Hijo Jesús-, el Sexto Dolor también es provocado por otro rey, en este caso, Arquelao, sucesor de su padre Herodes (Mt 2, 22), en quien se personifican los enemigos de Jesús, tanto los naturales –hombres- como preternaturales –ángeles caídos-: el Demonio utiliza a hombres ambiciosos de poder, codiciosos y ávidos de tesoros mal habidos, con sus corazones pervertidos por la lujuria, para perseguir al Niño Dios y también a todos los que, en el curso de los siglos, habrían de ser discípulos del Hijo de Dios Encarnado. El Ángel le advierte, también en sueños, que debe regresar a Nazareth, pero a causa del peligro que supone el rey Arquelao, debe hacerlo San José por otro camino. Esto supone para San José una nueva fuente de preocupación y angustia, porque debe emprender un nuevo viaje, largo y peligroso, en el que su Esposa amada, María Santísima, y el Niño Dios, estarán expuestos a los peligros del camino, con lo cual San José extremará todas las precauciones, para conducir a la Sagrada Familia de regreso, sana y salva. Emprende así San José el regreso, guiando a la Sagrada Familia, hacia Nazareth, pues debía cumplirse lo anunciado, de que el Mesías debía llamarse “Nazareno” (cfr. Mt 2, 23). Al llegar, se establecieron en lo que había sido su antigua casa, pobre y humilde, pero llena del amor, la alegría, la paz de Dios, pues en la Sagrada Familia, perseguida a causa del Nombre tres veces Santo de Jesús, se cumplían todas las Bienaventuranzas, pero en especial una de ellas: “Bienaventurados seáis cuando proscriban vuestro nombre a causa del Hijo de Dios” (Lc 6, 22). Con respecto a sus enemigos, a aquellos que querían dar muerte a su Hijo, no había en el corazón de San José –como tampoco en el de María y Jesús- no solo odio o rencor, sino ni siquiera el más mínimo enojo hacia sus enemigos, estando además su corazón lleno del Amor de Dios, con lo que San José vivía a la perfección el mandato de Jesús, de “amar a los enemigos” (cfr. Mt 5, 44), con lo cual el Santo Patriarca nos da ejemplo de cumplimiento perfecto del Mandato de la Caridad de Jesús, en el que están comprendidos, en primer lugar, nuestros enemigos.

Sexto Gozo: lo experimenta San José en su regreso, con la Sagrada Familia a salvo, a Nazareth, en donde Jesús, José y María vivirán unos años de serena paz, de celestial armonía y de amor sobrenatural. En Nazareth, San José será testigo, en primera persona, de un prodigio que nunca dejó de causarle asombro y alegría, y era el de comprobar cómo ese Hijo adoptivo suyo, a quien él debía educar con todo amor paterno, era al mismo tiempo su Dios, el mismo Dios Creador, que había creado su alma y que ahora, luego de ser educado por él, al llegar a la vida adulta, sería su Redentor y, al enviar al Espíritu Santo una vez resucitado, sería su Santificador. San José no dejaba de maravillarse considerando este misterio: ese Niño, al que él educaba y criaba, y lo veía crecer “en estatura, en gracia y sabiduría”, era, al mismo tiempo que Niño, su Dios, que era Creador, Redentor y Santificador. También San José, al igual que la Virgen “meditaba estas cosas en su corazón”, llenándose su alma de una alegría y de una paz inconmensurables. Así, San José, con el Sexto Gozo, el de ver crecer a su Hijo Dios y en el contemplar en su divinidad, nos enseña que en la contemplación de Cristo Jesús, sobre todo en la Cruz y en su Presencia sacramental en la Sagrada Eucaristía, está la fuente de la felicidad, esa felicidad que todo hombre busca desde que nace y que el mundo nos engaña ofreciéndonos placeres terrenos y concupiscibles en donde esta felicidad no se encuentra. Con el Sexto Dolor, San José nos enseña que la verdadera y única felicidad, en esta vida, se deriva de la contemplación de su Hijo Jesús, Presente en Persona en la Eucaristía, por lo que, junto con María, Maestra de los Adoradores Eucarísticos, también San José es Maestro de los Adoradores Eucarísticos.

Oh glorioso Patriarca San José, por el dolor que experimentaste al saber que el rey Arquelao perseguía a tu Hijo y por el gozo que inundó tu corazón casto y puro al verlo crecer en Nazareth, te suplicamos que nos enseñes a confiar en Jesús ante las tribulaciones y a adorarlo en su Presencia Eucarística. Amén.

Padrenuestro, Ave y Gloria.


viernes, 17 de marzo de 2017

Los siete dolores y gozos de San José: Quinto Dolor y Quinto Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

Quinto Dolor: el Quinto Dolor lo experimenta San José cuando es advertido por el Ángel acerca del grave peligro que corre su Hijo debido a que el rey Herodes quiere matarlo, con lo cual debe disponer todo, como jefe de la Sagrada Familia de Nazareth, para huir a Egipto y poner a salvo a Jesús y a María, sus dos únicos tesoros en la vida. Dice así la Sagrada Escritura: “El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mt 2, 13-23). Así se cumplió la Escritura que decía: “Desde Egipto llamé a mi Hijo” (Os 11, 1)”. El rey Herodes, solo por celos y porque temía que el Niño Dios le quitara su reyecía, decide matarlo, sin importarle que sea un niño pequeño, y esto le provoca un gran dolor a San José, que debe huir a Egipto, siguiendo las indicaciones del Ángel. La Sagrada Familia, guiada por San José, debe abandonar rápidamente su hogar para emprender un largo y peligroso camino. En esta huida, están representados y contenidos todos los cristianos que, a lo largo de los siglos y hasta el fin de los tiempos, habrían de ser hostigados, perseguidos, e incluso asesinados, por causa de su fe en Jesucristo, porque la Sagrada Familia es perseguida no por los simples celos de un rey terreno, sino porque el Demonio, que odia a Dios, se vale de un rey sediento de poder y enceguecido por la codicia, para perseguir al Hijo de Dios y tratar de darle muerte. En su Niño, que aunque pequeño e indefenso, es sin embargo buscado para ser asesinado, están representados también todos los niños pequeños que, a lo largo de los siglos, serán víctimas del peor de los crímenes, el ser asesinados por el aborto, en el seno de sus madres. San José se duele por la persecución de su Hijo, por la angustia que experimenta María Virgen, y por todos los niños que morirán abortados y, en silencio, mientras hace los preparativos para poner a salvo a la Sagrada Familia, llora amargas lágrimas de dolor.

Quinto Gozo: el Quinto Gozo se da para San José en medio de la tribulación que significaba el saber que su Hijo estaba amenazado de muerte y en medio de las incertidumbres que comportaba un viaje tan peligroso como el de huir a Egipto, y este gozo, que es consuelo y alegría sobrenatural para su alma, lo experimenta el Santo Patriarca al contemplar –unido en la oración con su Esposa legal, María Santísima- a su Hijo adoptivo, porque en la contemplación de su Hijo, que es Dios Hijo, recibe San José todo lo que Dios Es y da a quien lo contempla con fe y amor: paz, alegría, gozo celestial, sabiduría, amor, vida divina. En medio de tanta tribulación, el consuelo y gozo de San José consiste en contemplar, amar y adorar a su Hijo Dios, y así nos enseña a nosotros que nuestro único consuelo, en medio de las tribulaciones de la vida, consiste en contemplar, amar y adorar a Jesús Eucaristía, guiados en la oración y en la adoración por María Santísima.

Oh glorioso San José, por el dolor que sufriste al enterarte de las amenazas de muerte hacia tu Hijo por parte de Herodes y por el gozo que experimentaste en tu casto y puro corazón, al contemplar al Niño Dios, te pedimos que intercedas por todos los cristianos perseguidos por odio a la fe, para que se vean libres de sus perseguidores, y te pedimos que intercedas también por todos los niños que, en el misterio de la iniquidad, se encuentran en riesgo de sufrir la muerte por aborto, para que, quienes procuran el aborto se arrepientan a tiempo y, encontrando la paz del corazón en la adoración de Jesús Eucaristía glorifiquen, con nosotros y los ángeles y santos del cielo, en el tiempo y en la eternidad, al Cordero de Dios, Cristo Jesús. Amén.


 Padrenuestro, Ave y Gloria.

martes, 14 de marzo de 2017

Los siete dolores y gozos de San José - Cuarto Dolor y Cuarto Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

Cuarto Dolor: el corazón santo y puro de San José se sobresalta con el Cuarto Dolor en el momento en que, ingresando al templo con María Santísima, que lleva en sus brazos al Niño Dios, escucha de labios del anciano y santo Simeón que “una espada de dolor” habría de atravesar el Corazón de su Esposa y que su Hijo adoptivo habría de padecer para ser la salvación de muchos. Los dos amores de San José, la Virgen y Jesús, son la causa del dolor que atenaza su corazón, al saber que, según los designios divinos, ambos habrían de sufrir, su Hijo en la cruz y la Virgen al pie de la cruz, participando de los dolores de su Hijo. Y aunque todavía falta mucho tiempo para que estas profecías lleguen a su culmen, San José no puede dejar de estremecerse con este Cuarto Dolor, regalo de Dios, quien así lo hace partícipe de la Pasión salvadora del Redentor.

         Cuarto Gozo: al Cuarto Dolor le sigue inmediatamente el Cuarto Gozo, cuando San José escucha, también de labios de Simeón, que el dolor de su Hijo será la salvación de innumerables almas. Así, San José se convierte en modelo para los padres que experimentan el dolor más grande, como la pérdida de un hijo, porque cuando el dolor se ofrece con fe, con mansedumbre y con amor a Dios, se convierte en fuente de salvación para la propia alma y para muchas otras más. La alegría de San José se debe al hecho de saber que, por la muerte de su Hijo Jesús, el Mesías anunciado por los profetas, los enemigos del hombre, como la muerte, el pecado, el infierno, serán derrotados para siempre, al tiempo que Jesús abrirá a los hombres el ingreso al Reino de los cielos. San José experimenta por anticipado, en el Cuarto Gozo, la alegría de las almas que serán salvadas por el Mesías, su Hijo Jesús.
San José, Padre adoptivo de Jesús, por el dolor que experimentó tu corazón al conocer que tu Esposa y tu Hijo habrían de sufrir por la salvación de los hombres, y por el gozo con el que te alegraste por todas las almas que por el sacrificio de tu Hijo se habrían de salvar, te suplicamos que intercedas para que también nosotros sepamos unir nuestros dolores y alegrías a la Cruz de Jesús. Amén.


Padrenuestro, Ave María, Gloria.

Los siete dolores y gozos de San José: Tercer Dolor y Tercer Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

         Tercer Dolor: En el momento en el que San José acompaña a María Santísima al templo, para ser circuncidado, experimenta el Tercer Dolor. Cuando su Hijo adoptivo derrama su primera Sangre, a través de la primera herida, San José siente dolor, pensando que es sólo el anticipo de lo que habrá de sufrir su Hijo quien, según las palabras de Simeón, es el Salvador de la humanidad. La Sangre derramada de su Hijo Jesús lavará los pecados de todos los hombres, siendo esta primera Sangre derramada por la circuncisión está destinada, de modo particular, para los niños y jóvenes, para preservarlos de la impureza y del primer pecado mortal. En silencio, San José ofrece el Tercer Dolor de su corazón, pidiendo para que esa Sangre alcance a todos los niños y jóvenes del mundo, hasta el fin de los tiempos.

         Tercer gozo: Lo experimenta San José cuando, siguiendo las indicaciones del Ángel, llaman al Niño Dios según el nombre que Dios mismo ha elegido: Jesús. San José se alegra por este nombre, porque es el Nombre Santísimo dado a los hombres, fuera del cual no hay salvación. Quienes quieran salvarse, deberán pronunciar el Nombre tres veces Santo de Jesús, no solo con los labios, sino desde lo más profundo del corazón. Es el Nombre que habrá de derrotar a los principados del Abismo, al Pecado y a la Muerte; es el Nombre que habrá de dar a los hombres la vida divina de la gracia; es el Nombre que salvará a la humanidad de la eterna condenación; es el Nombre que pronunciará el pecador en el momento de su muerte, para recibir del Corazón de Jesús los inagotables tesoros de su Divina Misericordia.

         Oh San José, por el dolor que experimentaste en la circuncisión de Jesús y por el gozo que invadió tu alma al pronunciar por primera vez el Dulce Nombre de Jesús, intercede para que nuestros labios no proclamen nunca como Salvador a nadie que no sea tu Divino Hijo Jesús.

Padrenuestro, Ave María, Gloria.



sábado, 11 de marzo de 2017

Los siete dolores y gozos de San José: Segundo Dolor y Segundo Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

Segundo Dolor: San José experimentó el Segundo Dolor antes del Nacimiento de Jesús, al comprobar cuán duro es el corazón del hombre sin Dios, que llega al extremo de negar albergue a una familia en apuros, como lo era la Sagrada Familia de Nazareth en esos momentos. San José sufrió su Segundo Dolor después de pedir en vano, al menos un pequeño lugar para su Esposa, encinta y a punto de dar a luz, por lo que se vio obligado a buscar, en las afueras de la ciudad, un lugar para que su Hijo pudiera nacer. No había lugar, en las ricas, festivas y luminosas posadas de Belén, para Dios Hijo que venía a este mundo: estas posadas, con sus risas y alegrías mundanas, con sus mesas rebosantes de comida y bebida, que a pesar de su abundancia no tienen lugar para la Madre de Dios y su Hijo, son figura de los corazones de los hombres sin Dios: en apariencia, viven en la despreocupación y la abundancia de lo material y la satisfacción de lo sensual, les proporcionan una falsa sensación de que es posible vivir sin Dios, sin su Ley de Amor, sin sus Mandamientos, y es por eso que, detrás de la alegría mundana, esconden un gran egoísmo y una gran soberbia.

         Segundo Gozo: el corazón de San José se llena del Segundo Gozo en el momento del Nacimiento, milagroso y virginal, de su Hijo, en el Portal de Belén. San José exulta con el Segundo Gozo al comprobar la maravillosa transformación del Portal de Belén, oscuro, frío y refugio de animales antes del Nacimiento, y luminoso, cálido y Hogar del Niño Dios, luego del Nacimiento. El Portal de Belén, un lugar pobre y oscuro, utilizado por los campesinos para refugio de sus animales de trabajo –el buey y el asno- representa a los corazones de los hombres que, a pesar de que no poseen la gracia de Dios y a pesar de su extrema pobreza y miseria, sin embargo permiten la entrada en sus vidas de la Madre de Dios. Y cuando entra la Madre de Dios en ellos, da a luz a su Hijo Jesús, Luz del mundo, que con su Luz divina ilumina la oscuridad de los corazones, con el Fuego de Amor de su Sagrado Corazón enciende en el Divino Amor a los hombres y con su Presencia Divina convierte al corazón del hombre, de “nada más pecado”, en “templo del Espíritu Santo y sagrario del Hombre-Dios”. San José experimenta el Segundo Gozo al comprobar cómo el corazón humano es convertido, por la gracia santificante, en morada santa del Niño Dios.
Oh bienaventurado San José, por el dolor que sufriste al comprobar cómo tu Hijo no tenía lugar en los corazones mundanos y por el gozo de ver la transformación de los corazones por la gracia, te suplicamos que intercedas para que, alejados del mundo y sus vanas atracciones, seamos siempre capaces de alojar a Jesús en nuestros pobres corazones. Amén.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

Los siete dolores y gozos de San José: Primer Dolor y Primer Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

         Primer Dolor: San José experimenta el Primer Dolor cuando, estando desposado legalmente con María, y antes de convivir, se entera que María está embarazada. No podía saber, de ninguna manera, que el fruto del vientre de María Santísima, su Esposa, no provenía de hombre alguno, sino de Dios, Uno y Trino; San José no podía saber que la Santísima Trinidad en Persona había elegido, en primer lugar, a María Santísima, para que sea la Única creatura digna de un doble privilegio, el ser Madre y Virgen al mismo tiempo; no podía saber San José que el Niño engendrado en María no era fruto de un amor humano, sino del Divino Amor, porque era la Persona-Amor de la Trinidad, el Espíritu Santo, el que había llevado, por voluntad de Dios Padre, a Dios Hijo, desde el seno del Eterno Padre, al seno de la Virgen Madre; no podía saber, San José, que la Concepción de María era fruto del Amor de Dios y no de un amor humano y que la fecundación fue milagrosa y no al modo humano. Porque San José no sabía nada de esto, experimenta un profundo dolor, el Primer Dolor, pero para no hacer quedar en evidencia a su amada Esposa, decide abandonarla en silencio, con su corazón estrujado por el dolor de creer que su amada Esposa le había sido infiel.

         Primer Gozo: el Primer Dolor de San José es quitado cuando el Arcángel, en sueños, le revela la verdad celestial y sobrenatural del embarazo de su Esposa, dando así lugar al Primer Gozo. Mientras dormía, el Arcángel le dice a San José: “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo” (Mt 1, 20). La revelación del Ángel no solo le quita el dolor de creer que María había concebido de otro varón que no fuera él, sino que le concede el gozo celestial de saber no solo que su Esposa siempre le había sido fiel y en ningún momento había roto la promesa nupcial, sino que además le revela que “el Niño que se ha engendrado en María es del Espíritu Santo”. San José experimenta así el Primer Gozo, el de saber que su Esposa siempre le había sido fiel y el de saber que sería Padre Adoptivo del Hijo de Dios Encarnado, llevado al seno virgen de María por el Amor de Dios, el Espíritu Santo. El Primer Gozo de San José está formado entonces, por dos alegrías: que María era Virgen y Madre de Dios, al tiempo que Esposa Siempre Fiel y que el Hijo concebido en María era Dios Hijo encarnado.

         San José, esposo casto de María Santísima, por el dolor que experimentaste al pensar que deberías abandonarla y por el gozo que inundó tu nobilísimo corazón cuando por el anuncio del ángel supiste que el Hijo de María era el Hijo de Dios, concebido por el Espíritu Santo, te suplicamos que intercedas para que crezcamos cada día en el amor a la Virgen y a Jesús. Amén.


Padrenuestro, Ave y Gloria.