San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 10 de agosto de 2017

San Lorenzo, diácono y mártir


         Vida de santidad[1].

         Era diácono de la Iglesia de Roma y murió mártir en la persecución de Valeriano, cuatro días después de Sixto II, papa, y sus compañeros, los cuatro diáconos romanos. Su sepulcro se halla junto a la vía Tiburtina, en el «ager Veranus»; Constantino Magno erigió una basílica en aquel lugar. Su culto se había difundido en la Iglesia ya en el siglo IV.

         Mensaje de santidad.

En la imagen, vemos a San Lorenzo de rodillas y ataviado con su dalmática diaconal, recibe de manos del mismo Jesús en Persona la corona de gloria que ha merecido por dar su vida por el Evangelio. La Virgen, que sostiene al Niño, observa complacida la escena. Se aprecia la parrilla, en la cual San Lorenzo sufrió su martirio al ser asado vivo, y también una gran cantidad de objetos, ante todo litúrgicos, de gran valor. Esto último es en referencia a una exigencia del alcalde de Roma: debía traerle los “tesoros de la Iglesia”, para que el emperador pudiera costear sus guerras. San Lorenzo fue a buscar a cuanto pobre, lisiado, minusválido, que halló por las calles de la ciudad, y se los llevó al emperador, diciéndole que ellos –los pobres- eran los verdaderos “tesoros de la Iglesia”, y no los objetos de valor material. Siguiendo el ejemplo de San Lorenzo, que también nosotros seamos capaces, no solo de ver en los pobres la riqueza de la Iglesia, sino de dar la vida por la Eucaristía y el Evangelio.

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