San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Santos Cosme y Damián, mártires


          Los santos Cosme y Damián, hermanos gemelos, eran médicos y ejercían su profesión sin cobrar por sus servicios, hecho por el cual se los conocía como "los sin dinero". Su fe en Cristo se traducía en una gran caridad, debido a lo cual los pobladores de Alejandreta, Cilicia, donde vivían, les tenía gran estima, cariño y respeto. Aprovechaban todas las oportunidades que les brindaba su profesión para difundir y propagar la fe cristiana. En consecuencia, al comenzar la persecución, fue imposible que pasaran desapercibidos, siendo detenidos por orden de Lisias, gobernador de Cilicia, para luego ser decapitados, antes de pasar por diversos tormentos.
          Según la Tradición, en el momento de su muerte ocurrieron numerosos prodigios -verificados también en otros mártires, como por ejemplo, San Cristóbal-: las flechas lanzadas por los arqueros regresaban, antes de tocar sus cuerpos, para herir a los que las habían arrojado; salieron indemnes del fuego y no pudieron ser ahogados, a pesar de haber sido hundidos con piedras, etc. Incluso luego de muertos estos prodigios continuaron, como el de aparecerse en sueños a quienes rogaban por ellos, para interceder por su curación.

          Mensaje de santidad

          En una época en la que la ciencia médica ha progresado asombrosamente, pero al mismo tiempo los médicos que la practican se han alejado de la fe en Jesucristo en la misma medida del progreso de la ciencia, el mensaje de santidad de los santos médicos Cosme y Damián señala que la fe en Cristo no solo no es incompatible con la ciencia médica -y con toda ciencia-, sino que es su fundamento -y el fundamento de toda ciencia-, puesto que Cristo, en cuanto Hombre-Dios, es el Creador de aquello que la ciencia médica estudia y a lo cual dedica la totalidad de sus esfuerzos, la persona humana. Todo lo que el médico, en cuanto científico, estudia y analiza, con el objetivo de aplicar su conocimiento médico -esto es, la persona humana-, proviene de las manos creadoras de Cristo Dios, que todo lo ha hecho y hace, en el universo mundo, con suma precisión científica; todo lo que el médico aplica, en cuanto científico, para curar y sanar, proviene también de Cristo Dios, puesto que es Cristo Dios quien ha creado al hombre que, con su inteligencia, hace ciencia, como en el caso del médico.

          Estos argumentos deben -o al menos deberían- conducir al médico a la fe en Jesucristo, puesto negar esto, es negar la evidencia, y una mente científica, como la del médico, se resiste a negar lo evidente. La conmemoración de los santos médicos Cosme y Damián debe servir, por lo tanto, a todo médico -y a todo científico que se precie de tal-, para acrecentar su fe y su amor a Cristo Dios, Médico Divino.

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