San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

lunes, 30 de septiembre de 2013

Santa Teresita de Lisieux


         “En el corazón de la Iglesia, yo seré el Amor”. ¿Qué es lo que quiere decir Santa Teresita con esta frase? ¿Se trata de la frase poética de una joven religiosa? ¿Es la expresión de un amor idealista y subjetivo, que nada tiene que ver con la realidad?
         No se trata  ni de una frase poética, ni es la expresión de un amor idealista y subjetivo; por el contrario, se refiere a un proceso de conversión espiritual experimentado en la realidad por el alma por la comunión eucaristica. Cuando Santa Teresita dice: “En el corazón de la Iglesia seré el Amor”, se está refiriendo a un proceso real de conversión que sucede en el alma humana por efecto de la comunión eucarística: debido a que Cristo es la Misericordia Divina encarnada o también, el Amor de Dios materializado en un cuerpo humano, y debido a que este Amor Divino está en Acto de Ser en el Cuerpo, en el Alma y en el Corazón humano de Cristo -el cual se encuentra glorificado en la Eucaristía-, cuando un alma comulga la Eucaristía, no es ella quien la asimila a sí, sino que es la Eucaristía, es decir, el Amor Divino de Cristo latente en su Sagrado Corazón, quien asimila a sí al alma, convirtiéndola en Amor, es decir, en sí mismo, por la potentísima fuerza del Amor de Dios.
Esto es así porque en realidad, cuando comulgamos, no somos nosotros los que comulgamos la Eucaristía, sino Cristo quien nos comulga a nosotros, como dice San Agustín, y es así entonces que, de la misma manera a como un alimento ingerido por el hombre es convertido, por la acción de la fuerza vital del alma en algo nuevo -los nutrientes-, asimilándolo a través del cuerpo para sí, así Cristo, cuando nos comulga, convierte al alma, por la potente acción del Espíritu Santo, en algo nuevo, en una parte de sí, por así decirlo, y como Él es Amor, aquello en que es convertida el alma, por efecto de la comunión, es en Amor. Comulgada por el Amor, es convertida en Amor, y es a esto a lo que se refiere Santa Teresita del Niño Jesús cuando dice: “En el corazón de la Iglesia, yo seré el Amor”, es decir, “En el corazón de la Iglesia, la Eucaristía, yo seré el Amor, yo seré Eucaristía”. Esta transformación del alma por efecto del Amor contenido en el Sagrado Corazón eucarístico de Jesús, está al alcance de todos y cada uno de los bautizados; el único límite a esta transformación está dado por el que comulga, puesto que la comunión distraída, mecánica, poco piadosa, o con algún resquicio de enojo, dificulta, retrasa o impide dicha transformación.
Si comulgáramos con el corazón abierto al Amor Divino y dejáramos que el Sagrado Corazón eucarístico de Jesús obre como Él lo desea, también nosotros deberíamos decir: “En el corazón de la Iglesia, yo seré el Amor, yo seré la Eucaristía”.

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