San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La Madre Teresa de Calcuta y la verdadera opción preferencial por los pobres


          Al considerar la vida de la Beata Madre Teresa de Calcuta, es inevitable reflexionar acerca de su estrechísima relación con la pobreza, puesto que toda su vida está dominada por la misma: desde su infancia -nació y creció en uno de los países más pobres de Europa, Albania-, pasando por todo su período juvenil -fue religiosa en la orden de las Hermanas de Nuestra Señora de Loreto-, hasta su edad adulta y muerte -vivió como religiosa, con voto de pobreza, en la Congregación que ella misma fundó-. Si bien vivió pobremente toda su vida, puede decirse que intensificó hasta grados de muy alta santidad esta vida de pobreza, desde el momento en que, inspirada por Dios, fundó la Congregación de las Misioneras de la Caridad.
          Por esto, podemos decir que en la Madre Teresa de Calcuta se cumplen las Bienaventuranzas de Jesucristo, particularmente la de la pobreza: "Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos" (Mt 5, 1-12), y podemos decir también que ella hizo la verdadera "opción preferencial por los pobres".
          ¿En qué consiste esta "bienaventuranza de la pobreza" y la "opción preferencial de los pobres"[1], que le valieron a la Madre Teresa el ganar para siempre la eterna alegría en el Reino de los Cielos?
          La pobreza que abrazó la Beata Teresa de Calcuta, que fue la que le permitió ganar la riqueza más grande que jamás un alma pueda concebir, fue la pobreza de la Cruz. La Madre Teresa fue pobre con Cristo pobre, y abrazó a Cristo pobre en la Cruz, pero también abrazó y asistió al Cristo pobre que inhabitaba en los más pobres entre los pobres, los habitantes desposeídos que vivían en la miseria en las calles de Calcuta.
          La Madre Teresa aprendió a ser pobre haciendo oración arrodillada a los pies de Cristo crucificado: allí comprendió qué quiere decir "ser pobre", porque vio que Jesús en la Cruz no posee nada, puesto que de todos los bienes materiales de la Cruz, ninguno le pertenece: la Cruz de madera; el cartel que dice "Jesús Nazareno Rey de los judíos"; los clavos de hierro que perforan sus manos y pies; la corona de espinas; todo, es propiedad de Dios Padre, que le presta a su Hijo amado estos pocos bienes, para que pueda llevar a cabo la obra de la Redención de la humanidad. Hasta el paño con el que cubre pudorosamente su Cuerpo no es suyo sino, según la Tradición, es propiedad de la Virgen María que, destrozada por el dolor, con un gesto maternal cubre a su Hijo en la Pasión así como lo cubrió al nacer, en Belén. La Madre Teresa comprendió, al pie de la Cruz, que al Cielo solo se entra con la pobreza de Cristo, que nada material tiene en la Cruz, y es así que eligió ser pobre con Cristo pobre, y por este motivo en su Congregación no tenían ni sillas, ni camas, ni computadoras, ni bienes materiales de ninguna clase, porque sabía que al Cielo es imposible entrar cargado de joyas, oro, plata, dinero, diamantes, y que solo se ingresa como Cristo ingresó: despojado de bienes materiales y con el tesoro del Amor de Dios en el corazón, para así recibir la herencia de los hijos de Dios, la riqueza de la gloria divina.
          Pero la Madre Teresa no solo abrazó a Cristo Pobre en la Cruz, sino también a los desposeídos de la tierra, los más pobres entre los pobres, los miserables de toda miseria, y los abrazó porque veía en ellos no solo la imagen viviente de Cristo Pobre y crucificado, sino al mismo Cristo que, inhabitando misteriosamente en ellos, continuaba su Pasión salvadora. Esta pobreza de la Madre Teresa y su opción preferencial por los pobres -que constituyen la verdadera pobreza evangélica, la pobreza de la Cruz-, nada tienen que ver la pobreza ideológica de corrientes filosóficas marxistas y capitalistas anti-cristianas, que se esgrimen solo para enfrentar al hermano contra el hermano.
          Además de las Bienaventuranzas, en la Madre Teresa se cumple también la promesa de Jesucristo según la cual los últimos en la tierra serán los primeros en el cielo: "los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos" (Mt 20, 16), puesto que fue última entre los últimos, viviendo pobremente y atendiendo a los más desposeídos de la tierra, en quienes veía la imagen de Cristo crucificado, y por esto, ahora es la primera en el Reino, en donde Dios Padre le ha concedido un puesto de honor en el banquete celestial, en la Asamblea festiva de los santos que se alegran eternamente en la Presencia del Cordero.




[1] Cfr. CELAM, Sínodo de 1985, Juan Pablo II, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html

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