San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

martes, 31 de enero de 2017

San Antonio Abad



San Antonio Abad está meditando en la Palabra de Dios que aparece abierta a su lado-, mientras hace duras penitencias –ayuna, viste con un sayal, duerme en una cueva-; es en esa ocasión en la que los demonios, representados con horribles figuras que se ubican a su alrededor lo atacan, buscando no solo distraerlo de sus reflexiones sino hacerlo caer en pecado mortal, por medio de fortísimas tentaciones, principalmente contra la carne. Sin embargo, cuanto más duro es el asalto demoníaco y cuando humanamente no hay escapatoria, Nuestro Señor Jesucristo -que aparece en el cielo transportado por ángeles- acude en ayuda de su santo, a quien le basta contemplarlo para salir victorioso y todavía más fortalecido en la gracia que antes de la tentación. San Antonio ni mira ni dialoga con los demonios –no se dialoga con la tentación-, sino que eleva sus manos al cielo y mira a Jesús. Así, nos enseña que sin la gracia, el alma cae inevitablemente en el pecado mortal, pero con la gracia, adquiere la fortaleza misma del Hombre-Dios, que le permite vencer y salir victorioso, aún si es todo el infierno el que la asalta.

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