San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 27 de enero de 2017

Santos Timoteo y Tito


La muerte martirial de San Timoteo, ocurrida en el año 97 de la Era Cristiana, es un ejemplo y un modelo de fe y de amor a Jesucristo de tal magnitud, que trasciende el tiempo: acaecida pocos años después de la muerte de Cristo, conserva todo su valor testimonial en el siglo XXI. Luego de ser nombrado como primer obispo de la Iglesia de Éfeso, fue encarcelado, sentenciado a morir apaleado y apedreado, siendo finalmente ejecutado por orden del emperador Diocleciano. ¿La razón de su martirio? El oponerse, como cristiano, a un festival pagano en honor de una de las diosas del panteón politeísta romano llamada Diana.

En nuestros días, se produce un fenómeno contrario al del martirio, y es la apostasía: una inmensa multitud de cristianos –católicos-, al revés de San Timoteo, que perdió su vida terrena por no renegar y rechazar a Jesucristo en favor de los ídolos, estos cristianos ofrendan sus vidas a los múltiples ídolos de nuestro mundo contemporáneo –dinero, placer, hedonismo, materialismo, ocultismo, paganismo-, renegando y rechazando a Nuestro Señor Jesucristo, Presente en Persona, real, verdadera y substancialmente en la Eucaristía. Lo único que quiere Jesús es darnos su Amor, el Amor inefable, infinito y eterno, de su Sagrado Corazón Eucarístico, pero los hombres de hoy, envueltos en las más siniestras tinieblas, prefieren –sólo por dar un ejemplo- un espectáculo deportivo en lugar de la Santa Misa dominical. La apostasía es la contracara perversa del martirio, y ésta es la razón por la cual la muerte martirial de San Timoteo, ocurrida a veinte siglos de distancia, es válida y actual para nosotros, católicos que vivimos en la posmodernidad. 

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