San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 2 de junio de 2016

San Justino y el amor a la Verdad que salva, Cristo Jesús


         ¿Qué fue lo que llevó a San Justino a dar su vida por Jesucristo? Su amor a la Verdad, porque San Justino buscó siempre la verdad, la que hace brillar el alma con la Divina Sabiduría, disipando las tinieblas del error y la ignorancia. Y como la Verdad de Dios Encarnada es Jesucristo, al buscar a la Verdad, sin saberlo, San Justino buscaba al Hijo de Dios Encarnado, la Verdad y Sabiduría de Dios en Persona. Al responder al Alcalde que finalmente lo enviaría a ser decapitado, San Justino proclamaba, en pocas palabras, la verdad de fe de la religión católica, verdad que salva las almas: “La religión cristiana enseña que hay uno solo Dios y Padre de todos nosotros, que ha creado los cielos y la tierra y todo lo que existe. Y que su Hijo Jesucristo, Dios como el Padre, se ha hecho hombre por salvarnos a todos. Nuestra religión enseña que Dios está en todas partes observando a los buenos y a los malos y que pagará a cada uno según haya sido su conducta”[1]. Basta saber esto para entrar en el Reino de los cielos, aunque para poder entrar es necesario sellar con la propia sangre el testimonio de lo que se cree, como lo hizo San Justino, aunque en nuestros días el testimonio martirial sea de otro tipo: no cruento, sino incruento, y todos los días, pues todos los días el mundo trata de imponer su error, para alejarnos de la Verdad Encarnada, Jesucristo, Verdad que es Camino al Padre y Vida eterna para el alma (cfr. Jn 14, 6).
         Que San Justino interceda por nosotros, en estos tiempos nuestros signados por la confusión, el error y la ignorancia acerca de las verdades elementales de la verdadera y única fe en Jesucristo, el Hombre-Dios, Dios Hijo Encarnado que se dona con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía, para que también nosotros, como él, seamos capaces de dar testimonio cotidiano de la Verdad en Persona, Jesús de Nazareth.



[1] https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Justino_6_1.htm

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