San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 3 de junio de 2016

El Sagrado Corazón late en la Eucaristía


En el siglo diecisiete, Nuestro Señor Jesucristo se apareció a Santa Margarita María de Alacoque, en Paray-le-Monial, Francia, para dar inicio a una nueva devoción a su Corazón en la Iglesia. Su Corazón estaba rodeado de llamas, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y, del interior de su corazón, salía una cruz. En la aparición, Jesús le dijo: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor”.
¿Por qué se queja Jesús de los hombres?
Para saber la respuesta, podemos meditar en sus palabras, pero también podemos contemplar su Sagrado Corazón: las llamas simbolizan al Espíritu Santo, el Amor de Dios, que inhabita en el Sagrado Corazón y que es la Causa de la muerte en cruz de Jesús y del don de sí mismo a los hombres; la cruz en la base del Corazón, es para significar que el Corazón de Jesús es el fruto santo del Árbol de la Vida eterna, la Santa Cruz, y que todo el que quiera saborear este fruto exquisito, que deleita el alma con el sabor exquisito del Ser divino, lo único que tiene que hacer es subir al Árbol de la Cruz e introducir su mano en el Costado traspasado del Salvador, así como cuando alguien se sube a un árbol con frutos deliciosos, para deleitarse en ellos; la Sangre y el Agua que brotan de la herida abierta por la lanza significan, como dice San Buenaventura, los sacramentos de la Iglesia con su “virtud de conferir la vida de la gracia”, para que los sacramentos fueran, “para los que viven en Cristo como una copa llenada en la fuente viva, que brota para comunicar vida eterna”[1]. Por último, las espinas que atenazan al Sagrado Corazón y lo estrechan fuertemente, provocándole agudísimos dolores a cada latido, sin darle descanso en su dolor, ni en la contracción ni en la relajación del Corazón, es decir, a cada momento, a cada instante, representan los pecados de los hombres, y no sólo de los discípulos que, en el Huerto de Getsemaní, llevados por el desamor, la frialdad y la indiferencia ante el sufrimiento del Sagrado Corazón, se pusieron a dormir en vez de orar con Él, tal como Jesús se los había pedido: la corona de espinas representan a todos los hombres de todos los tiempos, cuyos pecados personales se materializan y forman duras, gruesas y filosas espinas que se introducen y desgarran, en cada latido, al Sagrado Corazón.
“He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor”. Puesto que el Sagrado Corazón de Jesús late en la Eucaristía, el reproche de Jesús se dirige también a los cristianos que, habiendo recibido toda clase de dones, favores y gracias de parte de Jesús, lo dejan abandonado en el sagrario y lo desairan en la Santa Misa –sobre todo la dominical-, prefiriendo los falsos y pasajeros placeres del mundo, antes que deleitarse con el Fruto exquisito del Árbol de la Cruz, el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.
Jesús se queja por la “ingratitud, irreverencia y desprecio” a su Corazón, “sacramento de amor”. Ese mismo Corazón, sacramento de amor, late en la Eucaristía, esperando nuestra reparación, nuestra acción de gracias, nuestra adoración, nuestro amor. Reparemos, con la Adoración Eucarística, las ofensas al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, cometidas por nosotros mismos y por nuestros hermanos.



[1] Cfr. Opúsculo 3, El árbol de la vida, 29-30. 47: Opera omnia 8, 79.

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