San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 31 de julio de 2014

San Ignacio de Loyola


         ¿Cómo actúa el demonio sobre el hombre? ¿De qué modo logra que el hombre se aparte de Dios? ¿Se vale el demonio de medios tecnológicos –computadoras, celulares, tabletas, iphones, etc.- para comunicarse con los hombres y así transmitir sus mensajes diabólicos para inducirlos al mal? San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, deja una regla de discernimiento muy sencilla, con la cual nos advierte acerca de la forma de actuar que tiene el demonio sobre el hombre.
Es verdad que el demonio –los demonios- utiliza –y de hecho lo hace, y con maestría diabólica- los medios de comunicación masiva y se aprovecha de la tecnología para ejercer su influencia maligna sobre ingentes masas de seres humanos que, desprevenidos, son atrapados precisamente por la fascinación que ejercen la combinación prodigiosa –fruto de la inteligencia preternatural del ángel caído- de los últimos avances tecnológicos utilizados en la industria del cine y del entretenimiento, con la psicología aplicada a las masas, con el objetivo explícito de inducirlos al mal y a borrar, literalmente, de sus mentes y corazones, toda idea de Dios y de bondad. De esta manera, el demonio, en cuanto “Príncipe de este mundo”, gobierna a través de los medios de comunicación, incitando a las masas a las formas más groseras de materialismo, ateísmo, consumismo, hedonismo, agnosticismo, relativismo, manipulándolas a su entero placer.
Sin embargo, la forma de actuar que más provecho le proporciona, puesto que le permite lograr la posesión de un alma en particular, es la tentación individual, particular, y para esto, el demonio se sirve de su acción particular, a través de la inducción de pensamientos disfrazados inicialmente de bondad, pero que, en su medio y en su fin, conducen al mal, según San Ignacio de Loyola. En otras palabras, según San Ignacio, el demonio la actuación principal demoníaca sobre el hombre se ejerce de una manera muy sutil, prácticamente imperceptible, para el hombre que no está habituado a practicar el “discernimiento de espíritus”[1]: según San Ignacio, el demonio actúa a través de los pensamientos; por ejemplo, cuando un pensamiento comienza bien, pero el medio y el fin son malos, es clara señal de que ese pensamiento fue inducido por el “mal espíritu”, es decir, por el demonio. Y para hacer eso, el demonio no necesita de la tecnología. Sólo necesita que le demos cabida al mal pensamiento. Un ejemplo: si alguien es católico, quiero rezar, pero en vez de rezar el Rosario, utilizo las meditaciones del yoga, y termino por apartarme de la Iglesia. Es evidente que actuó el demonio, al inducir una oración equivocada. Es lo que sucede, en la actualidad, con la Nueva Era, secta de alcance universal, que se disfraza de bondad, pero que termina por desviar a innumerables católicos, de la práctica de los sacramentos y, por lo tanto, de la gracia y del Amor de Jesucristo, donados a través de los mismos. Y al revés, también es cierto: si un pensamiento comienza bien, y su medio y su fin son buenos, es señal cierta de que ese pensamiento tiene su origen en el “buen espíritu”, es decir, en Dios Nuestro Señor. Ésa es la “regla de discernimiento de espíritus” de San Ignacio de Loyola, útil para ser aplicada, no solo en su época, sino en toda época, y especialmente en la nuestra, en donde el ángel caído induce toda clase de malos pensamientos, disfrazados de bondad.




[1] Cfr. De los hechos de San Ignacio recibidos por Luis Gonzalves de labios del mismo santo; Cap. 1, 5-9: Acta Sanctorum Iulii 7 (1868, 647).

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