San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 3 de febrero de 2017

Las espinas del Sagrado Corazón de Jesús


         Cuando se mira la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, y sobre todo cuando se lo hace rutinaria y superficialmente, no es posible dimensionar, ni siquiera mínimamente, lo que esta imagen nos transmite. Sobre todo porque, siendo la imagen inmóvil y estática, nos imaginamos, tal vez involuntariamente, también a un Corazón de Jesús inmóvil y estático. O también, al ser imágenes, no alcanzan a producir en nosotros aquello que sucede en la realidad. En otras palabras, una de las características más notables del Sagrado Corazón es el hecho de estar rodeado de una corona de espinas, en un todo similar a la corona de espinas que llevó en su cabeza, en la Pasión. Pero ahora se trata de una corona de espinas que rodea a su Corazón, y cuando se supone que Él ya ha pasado por la Pasión, ha muerto y ha resucitado. A diferencia de la imagen, en la cual todo está quieto y estático, en el Corazón de Jesús resucitado, vivo y glorioso, todo es movimiento, tal y como sucede con cualquier corazón que está vivo, es decir, palpita, tiene contracciones, el movimiento propio del corazón, que es el de dilatarse –diástole- y el de contraerse –sístole- para expulsar la sangre. Es decir, en la realidad, el Corazón de Jesús tiene este movimiento, se mueve, porque está vivo, y si hace eso, también quiere decir que las espinas de su corona –duras, gruesas, filosas-, se introducen en él en cada movimiento de llenado y se retiran de él, desgarrándolo, en cada movimiento de contracción. Es decir, en cada latido, en la realidad, en la actualidad, con Jesús glorioso y resucitado, el Corazón de Jesús sufre, a cada instante. Si bien el dolor es un dolor de tipo moral, puesto que Jesús está resucitado y en cuanto tal, no sufre, el dolor moral sí lo sufre, y lo sufre a cada instante.
         ¿Qué es lo que hace que el Corazón esté rodeado de espinas?

         Los pecados de los hombres, pero no de cualquier hombre, sino de los católicos: los pecados de indiferencia ante su Amor, ante su Cruz, ante el don de su Vida en el Calvario, ante la renovación de su Sacrificio en Cruz, de modo incruento, en el altar, en la Eucaristía. Son los pecados de los católicos, los pecados de indiferencia y desamor, hacia Él, que es Dios, y hacia el mismo prójimo, los que se materializan en la corona de espinas que rodea al Sagrado Corazón y que hacen que muera de dolor a cada instante. De nosotros depende, aumentar el dolor del Sagrado Corazón, con nuestra indiferencia hacia su Cruz y hacia la Eucaristía, y con nuestro desamor hacia el prójimo, o bien aliviarlo, dándole gracias por su infinito Amor, adorándolo, bendiciéndolo y socorriendo a su imagen viviente, nuestro prójimo.

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