San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

miércoles, 14 de diciembre de 2016

San Juan de la Cruz


Un día sucedió un hecho místico en la vida de San Juan de la Cruz, el cual fue relatado por el mismo santo en una conversación mantenida con un religioso de su comunidad, fray Francisco. Decía así el santo: “Quiero contaros una cosa que me sucedió con Nuestro Señor. Teníamos un crucifijo en el convento, y estando yo un día delante de él, parecióme estaría más decentemente en la iglesia, y con deseo de que no sólo los religiosos le reverenciasen, sino también los de fuera, hícelo como me había parecido. Después de tenerle en la Iglesia puesto lo más decentemente que yo pude, estando un día en oración delante de él, me dijo: ‘Fray Juan, pídeme lo que quisieres, que yo te lo concederé por este servicio que me has hecho’. ‘Yo le dije: “Señor, lo que quiero que me deis trabajos que padecer por vos, y que sea yo menospreciado y tenido en poco”. “Esto pedí a Nuestro Señor, y Su Majestad lo ha trocado, de suerte que antes tengo pena de la mucha honra que me hacen tan sin merecerla”.
El episodio de San Juan de la Cruz con el Crucifijo es asombroso desde todo punto de vista, comenzando desde el hecho de que se trata de una intervención extraordinaria de nuestro Señor, hasta la gratitud demostrada por Nuestro Señor para con San Juan, por el solo hecho de haber colocado un crucifijo a la vista de todos. Pero lo que sorprende también es la respuesta del mismo San Juan de la Cruz: ante el ofrecimiento de Jesús de darle “lo que quisiera”, el santo no pide –como alguien mundanamente podría pensar- ser tenido en cuenta, considerado, o alabado por los demás. Por el contrario, el santo pide “trabajos para padecer” por Cristo y “ser menospreciado y tenido en poco”.
¿A qué se debe esta petición? A que San Juan de la Cruz estaba unido profunda y espiritualmente a Jesucristo por el Espíritu Santo y por lo tanto, participaba de su Pasión, de su dolor, de su humillación, de su angustia, y pedir y recibir honores mundanos, habría significado el ser apartado del lado de Jesús crucificado, humillado por todos nosotros, por nuestra salvación. Con su petición, San Juan de la Cruz no solo nos enseña que no basta con huir de la vanidad, sino que debemos buscar ser humillados con Cristo, humillado por nosotros en la Pasión.


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