San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 1 de abril de 2016

Las causas de los dolores del Sagrado Corazón de Jesús



En una de sus apariciones, el Sagrado Corazón le confió a Santa Margarita cuál era el dolor que más lo oprimía, y era el desamor de los que deberían amarlo: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y solo recibe de ellos indiferencias, desprecios y ultrajes”. Ahora bien, si consideramos esto en concreto, ¿a qué se refiere Jesús? Jesús no está hablando de seres imaginarios, sino de seres de carne y hueso, que son los que le provocan su dolor y puesto que somos nosotros, los bautizados, los que tenemos una relación de privilegio con Él a causa precisamente del bautismo, los que le causamos el dolor; somos nosotros los que, descuidando su Presencia Eucarística, le provocamos desprecios, lo tratamos con indiferencia y le cometemos los más horribles ultrajes, renovando así lo sufrido por Él en la Pasión. Toda vez que cometemos, no ya un pecado mortal, sino un pecado venial, e incluso una imperfección, provocamos un gran dolor al Sagrado Corazón; toda vez que cometemos faltas a la obediencia –nadie puede decir que no tiene a nadie que obedecer, desde el momento en que todos los hombres debemos obedecer los Mandamientos de Dios y los preceptos de la Iglesia-; toda vez que rechazamos la Santa Cruz[1], porque la Cruz es el único camino que nos conduce al cielo; toda vez que hacemos esto, provocamos un intenso y agudo dolor al Sagrado Corazón de Jesús, lo ultrajamos, lo despreciamos y le somos indiferentes.
         ¿De qué manera podemos dar consuelo y no dolores al Sagrado Corazón? Evitando todo pecado –recordar el pedido de Santo Domingo Savio en su Primera Comunión: “Morir antes que pecar”- y viviendo en gracia; teniendo en la mente y en el corazón los Mandamientos de la Ley de Dios y los preceptos de la Iglesia y pidiendo a la Virgen la gracia de abrazar la cruz de cada día, para cargarla e ir en pos de Jesús, por el Via Crucis, único camino al cielo. Sólo así daremos alivio y no dolores al Sagrado Corazón.



[1] http://www.corazones.org/santos/margarita_maria_alacoque.htm

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