San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

lunes, 25 de abril de 2016

San Marcos Evangelista


El Evangelio de San Marcos deja entrever una profunda credibilidad histórica, al tiempo que demuestra un inapreciable valor teológico: por un lado, Marcos se muestra como un espíritu observador, minucioso, detallista, preciso y exacto -lo cual es invalorable para elaborar un libro de historia, como lo es el Evangelio- desde el momento en que, por ejemplo, es el único que destaca el verdor de la hierba sobre la que Jesús hizo sentar a la muchedumbre hambrienta antes de multiplicar los panes y los pescados por primera vez[1]; por otra parte, también es sumamente valioso desde el punto de vista teológico, desde el momento en que el tema central de Marcos es el de Jesús como Mesías que, a pesar de ser presentado en secreto como tal, da sin embargo todo su fruto: Jesús, siervo humillado por la maldad y la ignorancia de los hombres que él había venido a rescatar, es exaltado por Dios, como ha de serlo todo el que a él se una de corazón y lo siga en el camino, el único que permite comprender esa "Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios" que Marcos nos ha trasmitido en un lenguaje popular, muchas veces incorrecto en la forma, pero vivaz y lleno de encanto[2].
Marcos presenta a Jesús que es bien recibido por la gente, pero cuyo mesianismo humilde –no se presenta de modo ostentoso, al modo de los políticos humanos, para quienes, cuantas más gente atraigan, mejor es- y sobrenatural –viene a vencer al pecado, a la muerte y a las potestades sobrenaturales y no a las potencias terrenas, como el imperio romano- se encuentra en las antípodas de las expectativas de un pseudo-mesías terreno y político tal como lo esperaban los judíos, ocasiona pronto la decepción de la masa; Marcos muestra, en su Evangelio cómo, una vez apagado el entusiasmo primerizo de las masas, que esperaban este mesías meramente terreno, el Señor Jesús se retira de Galilea para dedicarse de lleno a la instrucción  de los discípulos, quienes por boca de Pedro confiesan la divinidad de su Maestro: Jesús no es un mesías político, que viene a liberar a Israel de potencias mundanas y su objetivo no es inmanente a la historia, sino trascendente: Jesús es el Hombre-Dios, que ha venido a derrotar a los tres grandes enemigos de la humanidad –el demonio, la muerte y el pecado-, para conducir a los hombres al Reino de Dios. A partir del reconocimiento de Jesús como el Mesías Dios, lo cual sucede en Cesarea, todo el relato de Marcos se orienta a Jerusalén, la ciudad santa, en donde la feroz oposición –humana y preternatural, la del ángel caído- crece hasta desembocar en su detención en el Huerto de los Olivos, las falsas acusaciones, el juicio inicuo y su dolorosa Pasión, la cual llega a su término con su gloriosa Resurrección, en la que Cristo Dios abandona su tumba, glorioso y resucitado, victorioso, de acuerdo con lo que había profetizado de sí mismo.
         En síntesis, la veracidad y objetividad histórica del Evangelio de Marcos, sumado a su visión sobrenatural de Jesús en cuanto Mesías Dios, hace de su lectura un ejercicio apasionado de la fe católica.



[1] https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Marcos_evangelista.htm
[2] Cfr. ibidem.

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