San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 15 de abril de 2016

San Ezequiel, Profeta


San Ezequiel -598 a. C.- se caracterizó, además de por llevar una vida de santidad, por el hecho de haber recibido numerosas visiones de parte de Dios, todas relativas al Pueblo Elegido. Sin embargo, hay una, en particular, a la cual consideramos que se refiere al Nuevo Pueblo Elegido, los miembros del Cuerpo Místico de Jesús, los bautizados en la Iglesia Católica. ¿De cuál visión se trata? De una visión en la que le dijo el Señor[1]: “Le voy a mostrar cómo será en el futuro la religión verdadera de mi pueblo”. Luego de decir esto, Dios le mostró un río pequeño, en el que, debido a que el agua apenas llegaba hasta las rodillas, era fácil atravesarlo hasta la otra orilla. Pero luego el río comenzó a crecer progresivamente, con lo que el agua llegó primero hasta la cintura, más tarde hasta el cuello, hasta que se hizo imposible atravesarlo, dada la magnitud de la creciente. Las aguas de este río son muy particulares: son refrescantes, cristalinas, y dan vida a todo lo que riegan, como los campos de las orillas, los cuales se llenaron de árboles colmados de frutos exquisitos. La sorprendente vitalidad de las aguas del río se manifiesta todavía con más poder, cuando las aguas llegan al Mar Muerto, llamado así por la gran concentración salina de sus aguas, lo cual hace inviable la vida de cualquier especie marina: al tomar contacto con las aguas del río visto por Ezequiel, las aguas del Mar Muerto cambian y se vuelven aptas para la vida, llenándose inmediatamente de peces. ¿Qué significa esta visión?
El río de aguas cristalinas, que crece paulatinamente hasta desbordar el lecho y que a su paso hace crecer árboles que dan frutos de sabor exquisito, significa la gracia santificante que brota del Corazón traspasado de Jesús: el hecho de ser una creciente que se aumenta cada vez más su caudal, simboliza la inmensidad del don de la gracia, que brota del Corazón de Jesús como de un manantial inagotable y que se derrama sobre el alma de modo incontenible. Se cumple así la palabra de Jesús: “(…) el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna” (Jn 4, 13-14). El que bebe del Costado traspasado de Jesús, sacia su sed de Dios y esta agua que da el Corazón de Jesús, se convierte en el alma en fuente de vida eterna.
La vitalidad del agua de este río, a su vez, simboliza la fuerza de la vida divina contenida en la gracia santificante, la cual, por un lado, hace fructificar al alma en frutos de santidad, los cuales antes estaban ausentes a causa del pecado: el pecado está simbolizado en las orillas del río secas y sin árboles; el estado del alma en gracia santificante, está simbolizado en el crecimiento de árboles que dan frutos exquisitos, los frutos de santidad.
Pero en donde más se nota la potencia de la Vida divina de la cual la gracia hace partícipe al alma, es en su contacto con el Mar Muerto, al cual lo convierte, de un lugar inerte y desolado, en un lugar pleno de vida: el Mar Muerto, sin vida, simboliza al alma muerta a la vida de Dios por el pecado mortal; el Mar Vivo –que es el Mar Muerto cambiado al contacto con las aguas del río-, a su vez, simboliza al alma en estado de gracia santificante, la cual no sólo ya no está más muerta por el pecado, sino que vive con la vida misma de Dios, una vida que antes no tenía porque no se trata de la vida humana, sino de la vida divina, que le concede la gracia santificante.
Finalmente, Dios le explica a Ezequiel la visión, diciéndole que este iba a ser el futuro de la Santa Religión, la cual, a diferencia de la religión del Antiguo Testamento, que no concedía la gracia santificante, en esta sí será concedida a través de los Sacramentos de la Iglesia Católica, para la santidad y salvación de las almas.



[1] https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Ezequiel_4_15.htm

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