San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

martes, 14 de marzo de 2017

Los siete dolores y gozos de San José: Tercer Dolor y Tercer Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

         Tercer Dolor: En el momento en el que San José acompaña a María Santísima al templo, para ser circuncidado, experimenta el Tercer Dolor. Cuando su Hijo adoptivo derrama su primera Sangre, a través de la primera herida, San José siente dolor, pensando que es sólo el anticipo de lo que habrá de sufrir su Hijo quien, según las palabras de Simeón, es el Salvador de la humanidad. La Sangre derramada de su Hijo Jesús lavará los pecados de todos los hombres, siendo esta primera Sangre derramada por la circuncisión está destinada, de modo particular, para los niños y jóvenes, para preservarlos de la impureza y del primer pecado mortal. En silencio, San José ofrece el Tercer Dolor de su corazón, pidiendo para que esa Sangre alcance a todos los niños y jóvenes del mundo, hasta el fin de los tiempos.

         Tercer gozo: Lo experimenta San José cuando, siguiendo las indicaciones del Ángel, llaman al Niño Dios según el nombre que Dios mismo ha elegido: Jesús. San José se alegra por este nombre, porque es el Nombre Santísimo dado a los hombres, fuera del cual no hay salvación. Quienes quieran salvarse, deberán pronunciar el Nombre tres veces Santo de Jesús, no solo con los labios, sino desde lo más profundo del corazón. Es el Nombre que habrá de derrotar a los principados del Abismo, al Pecado y a la Muerte; es el Nombre que habrá de dar a los hombres la vida divina de la gracia; es el Nombre que salvará a la humanidad de la eterna condenación; es el Nombre que pronunciará el pecador en el momento de su muerte, para recibir del Corazón de Jesús los inagotables tesoros de su Divina Misericordia.

         Oh San José, por el dolor que experimentaste en la circuncisión de Jesús y por el gozo que invadió tu alma al pronunciar por primera vez el Dulce Nombre de Jesús, intercede para que nuestros labios no proclamen nunca como Salvador a nadie que no sea tu Divino Hijo Jesús.

Padrenuestro, Ave María, Gloria.



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