San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

sábado, 8 de octubre de 2016

El Beato Bartolomé Longo, “Apóstol del Rosario”


Su pasado ocultista y su conversión a Jesús por María[1]
Antes de su conversión, el Beato Bartolo Longo practicó el espiritismo y solo por una intervención de la Virgen, fue que se convirtió, y a partir de entonces, se convirtió en un entusiasta promotor del Rosario y la caridad cristiana.
En el año 1863, Bartolo Longo, va a la ciudad de Nápoles para perfeccionar sus estudios de derecho. Es allí en donde entra en contacto con ideas liberales anticristianas y comienza a leer a autores no cris cristianos como Renán, apartándose cada vez más de la fe en Cristo se difumina, al tiempo que experimenta un creciente sentimiento de odio contra el Papa y contra la Iglesia.
Comienza un activismo, pronunciando discursos contra el Papa, además de financiara a quienes insultan a los sacerdotes que pasan por la calle, y defender las ideas de los grupos más anticlericales.
Luego sucede lo que le sucede a quien voluntariamente se aparta de Dios y combate contra Él: quien se aparta del Amor de Dios, queda bajo la orbita del maligno, bajo sus negras alas, aprisionado por sus garras, y es así como ingresa en el siniestro y peligroso mundo del espiritismo, mundo oscuro en el que hace tan grandes progresos, que los miembros de la secta deciden “ordenarlo” como sacerdote del espiritismo. Pero el espiritismo, al igual que la brujería, la hechicería, o el culto al Gauchito Gil, la Difunta Correa o San La Muerte, implica no solo el contacto con seres malignos, sino ser dominados por ellos. Así, Bartolo comienza, a tener visiones y contactos con seres extraños-demonios disfrazados de ángeles de luz-, uno de los cuales se hace pasar por San Miguel y que, según interpretará Bartolo años más tarde, debería ser el mismo demonio. Sus “guías espirituales” del mundo de lo oculto le aconsejan que realice más ayunos para purificarse, para llegar a experiencias más profundas, para llegar a ser médium. El resultado es que Bartolo se introduce cada vez más y más en el siniestro mundo del espiritismo y la magia. Puesto que la brujería y el espiritismo conducen a la pérdida de la razón, comienzan a deteriorarse su salud física y mental, hasta el borde del colapso.
En esa situación, cuando más lejos de Dios se encuentra, y cuando más atrapado por el Demonio está, comienza a actuar la Virgen. Sucedió que Bartolo fue a ver al profesor Vincenzo Pepe, un amigo de familia y católico practicante. Al profesor le impresiona, más que la palidez de muerte, el estado de pecado mortal en el que se encuentra Bartolo, por practicar el espiritismo y la brujería. En un momento determinado de  la conversación, Vincenzo le advierte acerca del doble peligro de muerte en el que se encuentra, peligro de muerte corporal y peligro de la segunda muerte, la eterna condenación. En un momento, le dice: “¡Tú quieres morir en el manicomio, y, además, condenado!”.
Fue allí en que la Virgen le concedió la gracia de la conversión, ya que la advertencia de su amigo provocó en él el inicio del despertar espiritual a la vida de los hijos de Dios. Desde entonces, comienza a hacerse más intensa la luz de la, recibida en el bautismo pero abandonada demasiado ligeramente. Es así que toma la decisión de cambiar y buscar refugio y ayuda en los brazos de la Iglesia, separándose definitivamente del espiritismo. Pide ayuda a un sacerdote dominico y el día del Sagrado Corazón de 1865 se confiesa: la paz de Cristo entra de nuevo en su vida, al haber sido removido aquello que lo enemistaba con Dios: el pecado, y sobre todo el pecado de idolatría, porque se había dedicado al espiritismo, la brujería y la nigromancia.
Surge ahora la pregunta: ¿qué quiere Dios de Bartolo? Intensifica su servicio a los pobres, ingresa en la Tercera Orden de los dominicos, y reza cada tarde el rosario en casa de unos amigos. Tras haberse enfermado por comer poco y por vivir en una pobreza excesiva, sus amigos le invitan a hospedarse como pensionista en la casa de la condesa Mariana De Fusco, quien le pide que analice la situación en la que se encuentra la vieja ciudad, percibiendo allí la pobreza, la incultura y el abandono en el que vive la gente. En su discernimiento, Bartolo ve que Dios le sugiere difundir el rezo del Santo Rosario.
A partir de entonces, se dedicará a esta tarea: predica, promueve grupos para rezar el rosario, organiza a la gente para asistir a los enfermos. En 1875 propone al obispo de la zona erigir un altar en honor de la Virgen, aunque el obispo decide que se construya una iglesia, con lo que se prepara así lo que un día se convertirá en el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya.
Inaugurado el santuario en 1887, se construyen a su alrededor asilos para niños abandonados y para hijos de delincuentes, talleres para obreros, imprentas para difundir la doctrina católica.
Entre las otras iniciativas de Bartolo está la oración por la paz, casi como un precursor que intuye los horrores de la guerra (dos guerras mundiales en el siglo XX). Se construye, en la fachada del Santuario de Pompeya, un monumento a María, Reina de la paz, que será inaugurado en 1901. A la vez, promueve una especie de “referéndum” por la paz universal, con el que consigue 4 millones de firmas. 
Por la acción de María, Auxilio de los cristianos, Medianera de todas las gracias, Reina del Rosario, el Beato Bartolo Longo pasa de ser médium espiritista a promotor del Rosario, la caridad cristiana, la educación y la paz.
La vida del Beato Bartolo Longo es un ejemplo de lo que la Virgen hace por sus hijos, principalmente, aquellos que más lejos están de Ella y de su Hijo Jesucristo. Como un resumen de su propia vida, y como mensaje de santidad que nos deja a los cristianos de todos los tiempos, el Beato Bartolo Longo escribe diciendo que “no puede haber ningún pecador tan perdido, ni alma esclavizada por el despiadado enemigo del hombre, Satanás, que no pueda salvarse por la virtud y eficacia admirable del santísimo Rosario de María, aferrándose de esa cadena misteriosa que nos tiende desde el cielo la Reina misericordiosísima de las místicas rosas para salvar a los tristes náufragos de este borrascosísimo mar del mundo”[2].




[1] http://es.catholic.net/op/articulos/30497/cat/884/bartolo-longo-de-espiritista-a-beato.html
[2] Historia del Santuario de Pompeya, 76.

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