San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

miércoles, 19 de octubre de 2016

De dónde obtuvo San Expedito la fuerza para vencer la tentación


         Cuando recibió la gracia de la conversión, inmediatamente, a San Expedito se le presentó el Demonio, tentándolo para que postergara la conversión, permaneciendo en su vida de pagano. Sin embargo, San Expedito, a pesar de la fuerte tentación que esto suponía –el Demonio no le decía que abandonara a Jesucristo, sino que postergara su conversión, lo cual no parecía nada malo-, rechazó de modo inmediato y enérgico esta tentación diabólica. ¿De dónde obtuvo San Expedito la fuerza necesaria para hacerlo? De la Santa Cruz de Jesús.
         En nuestros días, la tentación demoníaca se repite día a día, facilitada enormemente por la debilidad de nuestro espíritu y por la fuerza de nuestras pasiones, desviadas hacia la concupiscencia a causa del pecado original. Hoy el Demonio tienta a los jóvenes con el hedonismo, el exitismo, la pereza, el relativismo, el materialismo, el ateísmo, aunque en muchos casos, no hace falta que sea el Ángel caído el que los tiente, sino que los mismos jóvenes, llevados por la acedia, la indiferencia y el desamor hacia Dios y, sobre todo, hacia su Presencia Eucarística, caen por sí mismos en las seducciones y tentaciones, y la razón es que el alma, sin la fuerza que viene de Dios, es extremadamente débil y no puede mantenerse en pie por sí misma.
         Pero también los jóvenes, al igual que San Expedito, que obtuvo la fuerza sobrenatural de la cruz de Jesús, para no ceder a las tentaciones del Demonio, así también los jóvenes de hoy pueden y deben obtener la fuerza para no caer, si todavía no lo hicieron, o para salir, si ya lo están, de los submundos de violencia irracional, consumo de substancias tóxicas, ateísmo, relativismo, hedonismo, que conducen a la desesperación existencial y a la muerte, de la Santa Cruz de Jesucristo.

         Al recordar a San Expedito en su día, le pedimos su intercesión para que los jóvenes lo imiten y, levantando en alto la Cruz de Jesús, digan: “¡Hoy sigo a Cristo y dejo de lado mi vida de pecado!”.

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