San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 3 de julio de 2015

San Nicolás de Bari


         Era un santo muy conocido en la antigüedad, caracterizado por conceder admirables favores, por lo que era invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios y en situaciones económicas difíciles[1]. Nació en Licia, Turquía[2], de padres muy ricos. Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres. Decía a sus padres: “Sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto”. Al morir sus padres atendiendo a los enfermos en una epidemia, él quedó heredero de una inmensa fortuna. Entonces repartió sus riquezas entre los pobres y se fue de monje a un monasterio. Después de peregrinar a Tierra Santa, a los lugares donde vivió y murió Jesús, regresó a la ciudad de Mira (en Turquía) donde los obispos y sacerdotes estaban en el templo discutiendo a quién deberían elegir como nuevo obispo de la ciudad, porque el anterior había fallecido recientemente. Al fin dijeron: “elegiremos al próximo sacerdote que entre al templo”. Y en ese momento sin saber esto, entró Nicolás y por aclamación de todos fue elegido obispo. Por eso se le llama San Nicolás de Mira. Dicen que el santo murió el 6 de diciembre del año 345.
Con la devoción a San Nicolás de Bari en Alemania se inicia la costumbre de llamarlo “Santa Claus”, derivado del alemán “San Nikolaus” (entre nosotros lo llamaron Papá Noel): lo representaban como un anciano vestido de rojo, con una barba muy blanca, que pasaba de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños. Lamentablemente, la figura de San Nicolás-Papá Noel fue luego utilizada por una famosa bebida de gaseosas, lo cual contribuyó, por un lado, a deformar el culto del santo y, por otro, a paganizar la fiesta de Navidad, porque las celebraciones en honor de San Nicolás comenzaban en diciembre, cercanas a la fecha de Navidad: impulsada por una potente maquinaria propagandística, la figura deformada de San Nicolás –Santa Claus o Papá Noel-, despojada de todo significado cristiano verdadero, inundó pronto no solo los hogares cristianos, sino todo el mundo, haciendo que el Niño Dios sea desplazado por esta figura puramente mercantil y paganizada (decimos “paganizada “ puesto que, además de no tener nada cristiano la figura del “Santa Claus” o “Papá Noel” comercial, se le agregaron elementos verdaderamente paganos, como duendes, por ejemplo).  
De San Nicolás escribieron muy hermosamente San Juan Crisóstomo y otros grandes santos. Su biografía la escribió San Metodio, Arzobispo de Constantinopla, y gracias a esta biografía es que conocemos algunos de los milagros que hizo este gran santo. Uno de sus milagros fue el obtener la curación instantánea de varios niños,  a quienes un criminal los había acuchillado, y ésa es la razón por la cual lo pintaban con unos niños. También se lo representa con una señorita, porque en su ciudad había un anciano muy pobre con tres hijas y no lograba que se casaran por ser en tan extremo pobres. Entonces el santo por tres días seguidos, cada noche le echó por la ventana una bolsa con monedas de oro, y así el anciano logró casar muy bien a sus hijas. Es Patrono de los marineros, por haber realizado un milagro que recuerda mucho a la calma de la tormenta que Nuestro Señor Jesucristo realizó en el Evangelio: estando unos marineros en medio de una gran tempestad en alta mar, empezaron a decir: “Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen Obispo Nicolás, sálvanos”. En ese momento, los marineros vieron aparecer sobre el barco a San Nicolás, el cual bendijo al mar, que se calmó, y en seguida desapareció. Otro día iban a condenar injustamente a tres amigos suyos que estaban muy lejos. Ellos rezaron pidiendo a Dios que por la intercesión de Nicolás su obispo los protegiera. Y esa noche en sueños el santo se apareció al juez y le dijo que no podía condenar a esos tres inocentes, por lo cual los amigos del santo fueron absueltos[3].
El santo sufrió también la persecución y la cárcel, por parte del emperador Licino, quien decretó una persecución contra los cristianos, siendo Nicolás encarcelado y azotado, aunque siguió aprovechando toda ocasión que se le presentaba para enseñar la religión a cuantos trataban con él. Más tarde llegó el emperador Constantino y lo liberó a él junto con todos los demás prisioneros cristianos[4].
Pero su obrar más preciado en su vida de santidad, mucho más que los milagros, fue su oposición a la herejía de Arrio, un sacerdote que, abandonando la verdadera fe de la Iglesia, sostenía falsamente que Jesucristo no es Dios, sino un hombre, el más perfecto y santo de todos, pero solo un hombre. San Nicolás, comprendiendo el peligro mortal que esta falsa creencia suponía para la vida espiritual de los fieles, y comprendiendo también que era un error que solo podía provenir del “Padre de la mentira”, se opuso con toda su sabiduría y con su gran ascendiente a este error y no permitió que los arrianos entraran a su ciudad de Mira.
Mensaje de santidad
¿Cuál es el mensaje de santidad de San Nicolás? Con toda probabilidad, no haremos los grandes milagros y prodigios que hizo San Nicolás, pero sí podemos imitarlo en su fe en Jesús como Hijo de Dios encarnado y no como simple hombre, pidiendo la gracia a María Santísima de crecer en nuestra fe, cada día más: “Aumenta nuestra fe en Cristo Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios”. Aunque no lo creamos, este acto de fe es más valioso que los milagros, porque lo que necesita hoy la Iglesia es precisamente santos que fundamenten su santidad en la fe verdadera de la Iglesia, la fe que confiesa que Jesucristo es el Hijo de Dios encarnado y no un simple hombre. Esto es muy importante –más de lo que parece a simple vista-, porque defender la fe en Jesucristo como Hijo de Dios, significa defender la Presencia real de Jesús en la Eucaristía, porque si Jesucristo es Dios, entonces Él prolonga su Encarnación en la Eucaristía, y está realmente Presente en la Eucaristía, con su Cuerpo, Sangre, Alma, Divinidad, y con todo el Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico. Y si Jesús está Presente en la Eucaristía, entonces está con su Espíritu, el Espíritu Santo, animando y dando vida a la Iglesia, y está con nosotros, en el sagrario, “todos los días, hasta el fin del mundo”. Por el contrario, si Jesucristo no es Dios, como sostenían los arrianos, a quienes se opuso firmemente San Nicolás, entonces la Eucaristía es nada más que un poco de pan bendecido, sin ningún otro valor, y Jesús no está con nosotros en el sagrario, acompañándonos en el peregrinar de todos los días hacia la Casa del Padre. De esta manera, nos damos cuenta acerca del valor incomparable que tiene la fe en la Presencia de Jesús en la Eucaristía; hoy la Iglesia necesita santos como San Nicolás, que crean en la divinidad de Jesús, porque creer en su divinidad es creer en su Presencia real eucarística. Al conmemorar al santo en su día, le pidamos a él y a la Virgen, Medianera de todas las gracias, que intercedan ante Dios para que nuestra fe en Jesús como el Hijo de Dios crezca y se fortalezca cada día más, para que podamos, cada día más, crecer en el amor y la adoración a su Presencia Eucarística.





[1] https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Nicol%C3%A1s.htm
[2] En oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la ciudad donde estuvo de obispo, pero en occidente se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los mahometanos invadieron a Turquía, un grupo de católicos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia. En esa ciudad se obtuvieron tan admirables milagros al rezarle a este gran santo, que su culto llegó a ser sumamente popular en toda Europa. Es Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía.
[3] Cfr. ibidem.
[4] Cfr. ibidem.

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