San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

lunes, 7 de octubre de 2013

Santa Pelagia y el camino a la eterna felicidad


Santa Pelagia antes de su conversión, 
entre sus cortesanos, 
mientras el obispo San Nono reza por ella
(manuscrito del Siglo XIV)

         Santa Pelagia, antes de su conversión, era una mujer joven y atractiva que vivía una vida desprejuiciada y disoluta. Una vez, al pasar por el frente de una iglesia, escuchó el sermón de un obispo -San Nono-, en el que se narraban las atroces penas del infierno, que les esperaban a quienes, como ella, inducían a otros al pecado. Tocado su corazón por la gracia, experimentó un profundo y repentino arrepentimiento perfecto, que la llevó a postrarse delante del obispo para, entre lágrimas, suplicar el bautismo, el cual le fue concedido. A partir de entonces, Pelagia –llamada Margarita por sus padres- repartió todos sus bienes entre los pobres y fue a recluirse en una gruta en el Monte de los Olivos, en Jerusalén, llevando una vida de intensa penitencia y austeridad hasta el día de su muerte.
         Santa Pelagia, luego de narrar su conversión, nos dice cuál es el camino para obtener la paz del alma en esta vida y la eterna felicidad en la otra: “Tal vez pocos comprendan lo feliz que se puede ser con una vida austera, de penitencia, renunciamiento y oración, porque así encontré el verdadero camino hacia Dios”. El mensaje de santidad de Santa Pelagia es un mensaje en donde se nos da la “clave de la felicidad” y como todo ser humano desea ser feliz, su mensaje es válido y actual: nos dice que, para ser felices, el camino es la renuncia a la satisfacción de las pasiones desordenadas y la renuncia a la acumulación innecesaria de inútiles bienes materiales, a lo que se suman la penitencia y la oración.
         El camino para la paz del alma y para la eterna felicidad que nos propone Santa Pelagia está al alcance de cualquiera; lo único que se necesita es, de parte de Dios, la gracia de la conversión, que permite iniciar este camino, y de parte del hombre, un corazón contrito y humillado, arrepentido de sus pecados y deseoso de ser verdaderamente feliz. El camino a la felicidad de Santa Pelagia es el opuesto al camino que nos muestra el mundo, porque para el mundo, gobernado por el Maligno, la felicidad está en todo lo opuesto: la satisfacción de las pasiones, la acumulación de bienes y de dinero, la diversión desenfrenada -y desesperada- como contrapartida a la oración.
         “Tal vez pocos comprendan lo feliz que se puede ser con una vida austera, de penitencia, renunciamiento y oración, porque así encontré el verdadero camino hacia Dios”. La felicidad de la austeridad, la penitencia y la oración que propone Santa Pelagia, se fundamenta en que son los escalones, los peldaños, de la escalera que nos lleva al cielo, en donde se encuentra la Fuente inagotable de la felicidad y la Alegría en sí misma, Dios Uno y Trino. Renunciar a las pasiones, hacer penitencia, hacer oración, son los peldaños que nos conducen a Aquel que es el Único que puede hacernos verdaderamente felices, Dios Trinidad.


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