San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 17 de octubre de 2013

San Lucas, Evangelista




         San Lucas, Evangelista, no conoció personalmente a Jesucristo; sin embargo, nos dejó el que es considerado como el más completo de ente todos los Evangelios.
¿Cómo pudo saber con tanta precisión acerca de Jesús, si él no lo conoció personalmente? Tal vez podría explicarse por el hecho de que San Lucas era médico, y si bien las ciencias médicas no eran tan avanzadas como ahora, exigían igualmente una cierta disciplina en los estudios y el ejercicio frecuente de la memoria y del razonamiento. En otras palabras, la mente científica de San Lucas sería la causa de que su Evangelio sea uno de los más completos y precisos, tal como él lo dice, que escribe para dar testimonio luego de informarse “de todo exactamente desde su primer origen”.
Sin embargo, la razón primera y última, y única acerca de su Evangelio, es decir, de la visión que San Lucas nos deja del Hombre-Dios Jesucristo, no radica en motivos humanos. Cuando analizamos su Evangelio, nos damos cuenta de las fuentes que lo inspiraron: fue discípulo directo de San Pablo y, según la Tradición, fue la Virgen María quien le habló acerca de su Hijo, y por esa razón escribió lo que sabemos acerca de la infancia de Jesús (también se dice que San Lucas fue el primero en pintar un retrato de la Virgen). Por último, y como a todo autor humano de la Biblia, San Lucas fue inspirado por el Espíritu Santo -esto explica que sea el evangelista de la Divina Misericordia, porque relata las parábolas del Hijo pródigo, de la dracma perdida, del Buen samaritano, etc.-, de modo que todo lo que está escrito en su Evangelio, es obra del Espíritu Santo.
Son estas fuentes –San Pablo, la Virgen, el Espíritu Santo-, entonces, las que explican la redacción del Evangelio y el hecho de ser el más completo de los Evangelios. Ahora bien, para poder ser instrumento fiel y seguro, como San Lucas, que transmita con fidelidad lo que se dicta, es necesario no solo haber erradicado de sí la soberbia, el orgullo, el juicio propio, la duda contra la fe, sino también poseer las dos virtudes que Jesús pide específicamente en el Evangelio que aprendamos de Él para imitarlo, la mansedumbre y la humildad: “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 29).
Es por esto que a San Lucas se lo representa con la figura de un buey, animal que es sinónimo de mansedumbre –y, por extensión, de humildad-, que es lo que se necesita para ser dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo, a la voz de la Virgen María, y a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia Católica.
Si San Lucas hubiera sido orgulloso, soberbio, apegado a su juicio propio, jamás podría haber sido dócil instrumento de Dios para escribir su Evangelio. Nosotros no hemos de escribir un Evangelio, pero necesitamos de la misma mansedumbre y humildad de San Lucas, para que el Espíritu Santo pueda grabar una imagen viva de su Hijo Jesucristo en nuestros corazones, para que cuando nuestro prójimo nos vea y oiga, vea y oiga a Jesucristo.

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