San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

miércoles, 24 de julio de 2013

San Francisco Solano y la urgencia de la misión en un mundo neo-pagano


Una vez ordenado sacerdote, San Francisco Solano, que desde muy temprano deseó predicar el Evangelio en las misiones, fue enviado a América del Sur, a misionar la región del Tucumán, una región dominada por el paganismo y por los cultos ancestrales. Una vez allí, aprendió la lengua de los indígenas, con lo cual predicó el Evangelio a aquellos seres humanos que no conocían a Jesucristo y por no conocerlo, adoraban de modo erróneo a diversos ídolos, muchos de ellos sangrientos y demoníacos, según lo que dice San Pablo: "Los ídolos de los gentiles son demonios". Sin embargo, no fue su gran inteligencia -que le permitió conocer y hablar el lenguaje de los indígenas- lo que le permitió ganar muchas almas para Cristo, sino su gran caridad, es decir, su gran amor sobrenatural para las almas, amor que, por otra parte, constituye la esencia de la misión de la Iglesia.
La labor evangelizadora de San Francisco Solano en las regiones del Tucumán fue notable y por medio de ella, muchas almas conocieron a Cristo y conocieron el Evangelio de la salvación.
Sin embargo, podemos decir que en el día de hoy, no solo en la región del Tucumán, sino en todo el mundo, y sobre todo en países llamados cristianos, el llamado a misionar y la urgencia por evangelizar, se encuentran no solo intactos, sino que son aun más apremiantes que en tiempos de San Francisco Solano.
Si en los tiempos de este gran santo, inmensas regiones, como las del Tucumán, vivían inmersas en "sombras de muerte" a causa del paganismo reinante, hoy en día, en esos mismos lugares, y en muchos otros más, reina una oscuridad de muerte inmensamente más sombría y siniestra, porque ha resurgido en los corazones de los hombres sin Dios el neo-paganismo, con una fuerza mucho mayor que en tiempos del santo. Hoy en día, la secta de la Nueva Era, con sus múltiples sectas y espiritualidades falsas orientales -reiki, yoga, religión wicca, espiritismo, ocultismo, etc.- domina las mentes y los corazones de muchísimas personas que, de esta manera, viven en el error y en la confusión, en el engaño y en la mentira acerca del verdadero Dios y de su Mesías, Jesús de Nazareth. Hoy, la Nueva Era o Conspiración de Acuario, ha arrasado regiones enteras, conquistando para el neo-paganismo luciferino de la Nueva Era o New Age a millones y millones de almas que viven en la más completa obscuridad espiritual.
La situación es mucho más grave que en tiempos de San Francisco Solano, porque el neo-paganismo surge por el rechazo de Jesucristo, el Salvador de los hombres, y de su Evangelio, ya que los hombres de hoy prefieren creer a doctrinas llamativas y extrañas, cualesquiera que estas sean, pero no a Jesucristo, el Hombre-Dios, que habla por medio del Magisterio de su Iglesia.
Al igual que en tiempos de San Francisco Solano, hoy el mundo -y sobretodo, las regiones por él evangelizadas-, necesitan de misioneros que, como él, aprendan el lenguaje de los hombres de hoy, para hablarles de Jesucristo, para iluminarlos con la luz del Evangelio y arrancarlos de las regiones de muerte y de sombras, las doctrinas neo-paganas de la Nueva Era. Tales misioneros, como San Francisco, no solo deben aprender el lenguaje del hombre sin Dios y del hombre que adora los ídolos modernos -fútbol, política, cine, dinero, poder, sensualidad, materialismo, música perversa como la cumbia y el rock satánico-, sino que deben estar animados por aquello mismo que animaba a San Francisco: el Espíritu Santo, que hace arder al corazón en el Amor de Dios y que dispone al alma a dar la vida por la salvación eterna de sus hermanos.

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