San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

domingo, 5 de mayo de 2013

Santo Domingo Savio: Antes morir que pecar



         Santo Domingo Savio, alumno de Don Bosco, expresó un deseo el día de su Primera Comunión: “Morir antes que pecar”. A su corta edad, no más de diez años, el niño expresaba la característica fundamental de la santidad: estar dispuestos a morir antes que cometer un pecado. Esta determinación se basa en la profunda apreciación de la vida de la gracia: la gracia es algo tan alto y valioso, que es preferible perder la vida terrena, antes que cometer un pecado mortal, pues este hace perder la gracia y, con la gracia, la vida eterna. La firme determinación de Santo Domingo Savio no es consecuencia de su carácter natural, ni se debe a que el niño era de mente lúcida, a la vez que poseía un temperamento fuerte y decidido, puesto que la valoración de la gracia que hace se equipara a la de los grandes santos y sobre todo a la de los mártires, quienes precisamente se convirtieron en mártires, porque eligieron la muerte corporal antes que perder la vida eterna por el pecado.
         ¿De dónde podía venir este aprecio por la gracia? Sin ninguna duda, venía de la Virgen, porque Santo Domingo Savio había fundado, con escasos doce años de edad, la “Compañía de María Inmaculada”, la mayoría de cuyos integrantes estuvo presente cuando Don Bosco fundó, dos años después, la Congregación Salesiana[1]. Este hecho, la devoción a la Virgen por parte de Domingo, es lo que explica el aprecio del santo a la vida de la gracia, porque la devoción a la Virgen es una consecuencia de la libre adhesión del alma a la invitación de la Virgen a consagrarse a su Inmaculado Corazón. En otras palabras, el hecho de que Santo Domingo prefiera morir antes que pecar, demostrando una apreciación y valoración sobrenatural de la vida de la gracia, y funde la Compañía de María a los doce años, indica que su corazón pertenece a María y que se ha consagrado a Ella en cuerpo y alma, respondiendo a la invitación maternal de María, e indica además que, perteneciendo a María y siendo hijo suyo, es Ella quien le comunica la valoración y el amor por la gracia, amor y valoración que no se explican por ninguna causa humana o creatural. La Virgen le concede tan alta vivencia de la vida de la gracia, que Domingo prefiere perder la vida terrena antes que cometer un pecado mortal, porque el pecado mortal, aunque conserva la vida corpórea, hace perder la vida de la gracia y, con ella, la vida eterna.
         Como todo santo, Domingo Savio es ejemplo para el cristiano, y lo es ante todo en su devoción mariana y en la determinación suya de morir antes que cometer un pecado mortal o venial deliberado.
Ahora bien, este deseo del santo está expresado en la oración del “Pésame” que rezamos cada vez que nos confesamos, cuando decimos: “…antes querría haber muerto que haberos ofendido”. No se trata de una frase hecha, ni de una expresión genérica; claramente, expresamos el pesar por no “haber muerto”, es decir, por no haber perdido la vida corporal, antes que pecar, antes que “haber ofendido a un Dios tan bueno y tan grande”. La conmemoración de Santo Domingo debe llevar entonces a renovar el dolor de los pecados, la apreciación de la vida de la gracia, y aquello que decimos a Cristo, oculto en el sacerdote ministerial, en el momento de confesarnos sacramentalmente. Y para que este deseo de morir corporalmente antes que pecar no quede en una mera expresión de deseos, sino que se convierta en un programa de vida, en un camino de santidad y en una puerta abierta al cielo, como lo fue para Santo Domingo Savio, es conveniente pedir esta gracia, todos los días, a la Virgen: “María, Auxiliadora de los cristianos, concédeme la gracia de morir antes que cometer un pecado mortal o venial deliberado”.


[1] Cfr. Butler, Vidas de los Santos, Voumen I; http://www.corazones.org/santos/domingo_savio.htm

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