San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

lunes, 27 de abril de 2020

Santo Toribio de Mogrovejo



          Vida de santidad[1].

          Nacido en Mayorga, en las montañas de León en noviembre de 1538, estudió en Mayorga para después marchar a Valladolid, donde hace sus estudios de humanidades y los de derecho, entre los años de 1550 a 1560. En septiembre de 1568 acudió a Santiago de Compostela en peregrinación a pie, y aprovechó esta peregrinación para graduarse en aquella Universidad. Consiguió una beca en el Colegio Mayor del Salvador de Oviedo, en donde continuó sus estudios con vistas al doctorado en derecho. Sin embargo, otros eran los planes de la divina Providencia, y Toribio no llegaría nunca a graduarse de doctor. Recibido en el Colegio Mayor el 3 de febrero de 1571, llega de manera imprevista, en una noche de diciembre de 1573, su nombramiento como inquisidor de Granada. Toribio no parece que llegara a pensar en pasar a Indias o en llegar a difíciles cargos de gobierno eclesiástico. Pero otros eran los planes de Dios. El mismo antiguo colegial de San Salvador de Oviedo, don Diego de Zúñiga, que había conseguido su nombramiento para la Inquisición granadina, logró ahora que el rey le presentará para la más importante de las sedes de Indias: el arzobispado de la ciudad de los Reyes, que hoy llamamos Lima. Y, en efecto, Felipe II accedió a solicitar del Papa que fuera nombrado para ese cargo aquel joven inquisidor, de treinta y nueve años de edad, que aún no había recibido ni una sola de las Ordenes menores. En junio de 1578 fue la elección. Toribio no parece que llegara a pensar en pasar a Indias o en llegar a difíciles cargos de gobierno eclesiástico. Pero otros eran los planes de Dios. El mismo antiguo colegial de San Salvador de Oviedo, don Diego de Zúñiga, que había conseguido su nombramiento para la Inquisición granadina, logró ahora que el rey le presentará para la más importante de las sedes de Indias: el arzobispado de la ciudad de los Reyes, que hoy llamamos Lima. Y, en efecto, Felipe II accedió a solicitar del Papa que fuera nombrado para ese cargo aquel joven inquisidor, de treinta y nueve años de edad, que aún no había recibido ni una sola de las Ordenes menores. En junio de 1578 fue la elección. En agosto de 1580, sin que sepamos la fecha exacta, ni el nombre del consagrante, ni ningún otro detalle (cosa muy curiosa, pero no rara en aquellos tiempos), recibe la consagración episcopal en Sevilla y se dispone a pasar a las Indias. Tarea ciclópea. En primer lugar como legislador. Sus tres concilios y sus diez sínodos diocesanos suponen el planteamiento legislativo de toda la organización eclesiástica de la América del Sur. Durante siglos, hasta el concilio plenario de América latina que se tendrá en Roma a principios del siglo XX, América se regirá por las leyes que ha dado Santo Toribio. Ahora bien, Santo Toribio quiso hacer más y ponerse en contacto inmediato con las duras realidades. Y empezó su gigantesca visita. En una geografía atormentada, que iba desde las más deliciosas planicies hasta las cumbres de los Andes, sin caminos unas veces, las más, a pie, y otras en mula, soportando una diferencia de clima que ponía a prueba la salud de los más robustos, Santo Toribio recorrió aproximadamente cuarenta mil kilómetros. Al final de su vida en un cálculo exacto —pues, anticipándose a las tendencias de ahora, Santo Toribio llevó siempre cuenta rigurosa de lo que llamaríamos hoy datos de sociología religiosa— Santo Toribio pudo calcular que había administrado el sacramento de la confirmación a ochocientas mil almas.

          Mensaje de santidad[2].

          Su mensaje de santidad es resumido así por un especialista en historia eclesiástica, el padre Leturia: “Nada de cuanto hasta ahora he manejado en el Archivo de Indias me ha impresionado más vivamente que este ilustre metropolitano, gloria del clero español del siglo XVI, quien por su apostolado directo e infatigable en las doctrinas de indios, por su legislación canónico-misional en los concilios de Lima, por sus relaciones y contiendas de subidísimo valor histórico y misional con las grandes Ordenes evangelizadoras; por la firme, digna y confiada majestad con que se opuso a ciertas rigideces centralistas de su insigne admirador y protector el monarca Felipe II, y, sobre todo, por su afán indomable y eficaz en mantener —por encima de los virreyes y del Consejo de Indias— el contacto inmediato y constante con la Santa Sede, proyecta en la historia de las misiones americanas su múltiple y prócer silueta, digna de coronar… el mismo Archivo de Indias de Sevilla”. Como ha escrito el señor arzobispo de Valladolid: la epopeya homérica de los conquistadores halla un paralelo digno, y aun superior por sus fines y objetivos espirituales, en la labor inmensa del gran arzobispo. A él se debe en grandísima parte la rápida y profunda cristianización de la América española, y el éxito de su apostolado, y el florecimiento de sus maravillosas “doctrinas” de indios, la exuberancia del clero y de catequistas durante su fecundo pontificado, explican la supervivencia del espíritu y de la vida cristiana en aquellas dilatadas regiones, a pesar de las posteriores crisis y de la tremenda escasez actual de operarios evangélicos”.

San Marcos, Evangelista


San Marcos Evangelista

          Vida de santidad[1].

Según tradición eclesiástica Marcos es el autor de un evangelio y el intérprete que traducía a Pedro en sus predicaciones frente a auditorios de habla griega. Primo de Bernabé, probablemente fuera como él de estirpe sacerdotal. Afirma por una parte la tradición que Marcos nunca habría oído personalmente la predicación del Señor y, por lo tanto, tal vez haya conocido al grupo de seguidores sin llegar a ser propiamente discípulo.
Al comenzar la expansión del evangelio, Pablo y Bernabé salieron de Jerusalén hacia Antioquía llevando con ellos a Marcos; éste los acompañó en sus primeras empresas misionales, a Chipre y Perges.
Bernabé llevó consigo a Marcos hasta Chipre; luego Marcos reaparece junto a Pablo en Roma, aunque se cree que fue más bien discípulo de Pedro, quien confirma esta suposición al llamarlo “hijo” suyo en su primera carta. El evangelio que se le atribuye, además, sigue muy de cerca el esquema de los discursos de Pedro, conservado en el libro de los Hechos de los Apóstoles.
De su existencia posterior, nada se sabe. La segunda carta a Timoteo lo señala entre los compañeros de este discípulo de Pablo; conforme a un dato que recoge el historiador Eusebio de Cesarea (a comienzos del siglo IV), la Iglesia de Alejandría lo habría tenido por fundador. Sus últimos años y el lugar de su muerte también son desconocidos.

Mensaje de santidad.

El mensaje de santidad de San Marcos Evangelista se encuentra en su Evangelio. En su relato, se descubre un espíritu observador y ágil. Por ejemplo, destaca el verdor de la hierba sobre la que Jesús hizo sentar a la muchedumbre hambrienta antes de multiplicar los panes y los pescados por primera vez y por eso se supone que era época de primavera.
A granes líneas, en su Evangelio se presenta a Jesús como bien recibido por la gente en un inicio, pero luego el carácter humilde del mesianismo de Jesús, en las antípodas de las expectativas revolucionarias y populares de los judíos, ocasiona la decepción de la masa. Al apagarse el entusiasmo de las masas, Marcos muestra al Señor Jesús retirándose de Galilea para dedicarse de lleno a la instrucción  de los discípulos, quienes por boca de Pedro confesarán la divinidad de su Maestro. A partir de este reconocimiento de Cesarea, todo el relato se orienta a Jerusalén; será aquí, en la Ciudad Santa, en donde la oposición a Jesucristo crecerá sin cesar, hasta culminar en el juicio inicuo y su posterior condena a muerte y su Pasión, la cual se continúa con su gloriosa resurrección.
Marcos hace del carácter mesiánico de Jesús un gran y misterioso secreto, dando así todo su fruto: Jesús, siervo humillado por la maldad y la ignorancia de los hombres que Él había venido a rescatar, es exaltado por Dios, al resucitarlo el Domingo luego de su muerte en Cruz. De la misma manera, ha de ser resucitado por Dios todo aquel que a Jesús se una de corazón y lo siga en el Camino de la Cruz, el único que permite comprender que la “Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios”, consiste en seguirlo a Él por el Via Crucis, hasta el día en que pasemos de esta vida al Reino de los cielos.  


[1] https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Marcos_evangelista.htm

lunes, 2 de marzo de 2020

San Casimiro


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Vida de santidad[1].

San Casimiro era hijo del rey de Polonia y tuvo la gracia de ser educado por unos padres sumamente devotos y por el profesor Calímaco, quien lo introdujo en el camino de la santidad. Su más grande anhelo y su más fuerte deseo era siempre agradar a Dios y por eso trataba siempre de evitar no solo el pecado mortal, sino también el venial e incluso las imperfecciones. Para lograr esto buscaba de dominar su cuerpo, antes de que las pasiones sensuales mancharan su alma. Aunque era hijo del rey, sin embargo vestía muy sencillamente, sin ningún lujo. Hacía múltiples mortificaciones, sea en el comer, en el beber, en el mirar y en el dormir; muchas veces dormía sobre el duro suelo y se esforzaba por no tomar licor. Y esto lo hacía en un palacio real, donde las gentes eran bastante inclinadas a una vida fácil y de muchas comodidades y comilonas.
Para Casimiro el centro no solo de su devoción sino de su vida, era la Pasión y Muerte de Jesucristo. San Casimiro sabía que para crecer en el amor a Dios es muy provechoso meditar en la Pasión de Jesucristo y es así que pasaba la mayoría del tiempo meditando en la Agonía de Jesús en el Huerto y en los azotes que padeció, como también en la coronación de espinas y las bofetadas que le dieron a Nuestro Señor, además de la subida de Jesús al Calvario y en las cinco heridas del crucificado, meditando también en el amor que llevó a Jesús a sacrificarse por nosotros. Le gustaban los cristos muy sangrantes, y ante un crucifijo se quedaba tiempos y tiempos meditando, suplicando y dando gracias.
Otra gran devoción de Casimiro era la de Jesús Sacramentado. Como durante el día estaba sumamente ocupado ayudando a su padre a gobernar el Reino de Polonia y de Lituania, aprovechaba el descanso y el silencio de las noches para ir a los templos y pasar horas y horas adorando a Jesús en la Santa Hostia.
A pesar de tener mucha gente adinerada a su alrededor, pues eran los miembros de la corte real, sus preferidos sin embargo eran los pobres. La gente se admiraba de que, siendo hijo de un rey, nunca ni en sus palabras ni en su trato se mostraba orgulloso o despreciador con ninguno, ni siquiera con los más miserables y antipáticos. Esta predilección por los pobres no era pura filantropía, sino que era el amor tan grande que le tenía a Dios, el que lo llevaba a amar inmensamente al prójimo, y es por esto que nada le era tan agradable y apetecible como la entrega de todos sus bienes en favor de los más necesitados, y no sólo de sus bienes materiales, sino de su tiempo, sus energías, de su influencia respecto a su padre y de su inteligencia. Otra virtud que se destacó en San Casimiro fue el amor a la pureza: su padre quiso casarlo con la hija del Emperador Federico, pero Casimiro dijo que le había prometido a la Virgen Santísima conservarse en perpetua castidad y es por esto que renunció a tan honroso matrimonio.
Los secretarios y otras personas que vivieron con Casimiro durante varios años estuvieron todos de acuerdo en afirmar que lo más probable es que este santo joven no cometió ni un solo pecado grave en toda su vida. Y esto es tanto más admirable en cuanto que vivía en un ambiente de palacio de gobierno donde generalmente hay mucha relajación de costumbres. A su padre el rey le advertía con todo respeto pero con mucha valentía, las fallas que encontraba en el gobierno, especialmente cuando se cometían injusticias contra los pobres.
Se enfermó de tuberculosis, y el 4 de marzo de 1484, a la corta edad de 26 años, murió santamente dejando en todos los más edificantes recuerdos de bondad y de pureza. Lo sepultaron en Vilma, capital de Lituania.

Mensaje de santidad.

En un tiempo en donde se enarbolan las banderas de la impureza, de la lujuria, de la fornicación, como derechos humanos, y en un tiempo en el que los jóvenes pasan su tiempo embelesados con esos espejitos de colores que son los celulares, las computadoras y la televisión, el ejemplo de San Casimiro resplandece con todo el brillo de la santidad, señalando para los jóvenes de nuestro tiempo el camino que conduce al cielo. San Casimiro transmite a los jóvenes –y a los no tan jóvenes- cuál es el camino que conduce al cielo: el amor a la gracia –no basta con evitar el pecado-, el amor a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo –en vez de pasar horas consumiendo contenido vacío de santidad en las pantallas-, el deseo de imitarlo –en vez de imitar a tantos personajes que llevan vida disipada-, el amor a los pobres –que, como dijimos, no es filantropía, sino reverberación del amor a Dios, que se vuelca de preferencia en los más desamparados-; por último, el amor a la pureza, a la castidad, en lugar del desenfreno de las pasiones que alejan del camino de la santidad. La vida  de San Casimiro es un libro abierto en donde los jóvenes de hoy pueden contemplar cómo es el camino que conduce a la unión con Dios en esta vida y por la eternidad.
         

sábado, 15 de febrero de 2020

San Valentín


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          Vida de santidad[1].

San Valentín era un sacerdote que hacia el siglo III ejercía en Roma, durante el gobierno del emperador Claudio II. Resulta que este emperador tomó la decisión de prohibir la celebración de matrimonios -sobre todo para los jóvenes-, porque en su opinión los solteros sin familia eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras, al no tener esposa ni familia para mantener económica y afectivamente. De esta manera, todos los matrimonios sacramentales quedaron suspendidos por decreto en el imperio. Sin embargo, San Valentín, consciente del valor del sacramento del matrimonio y considerando que el decreto del emperador atentaba contra la Ley de Dios, decidió no acatarla y esto está bien, porque las leyes injustas no se deben de ninguna manera acatar. San Valentín, considerando entonces que el decreto era injusto, no lo acató de ninguna manera y por el contrario, se dedicó a celebrar matrimonios sacramentales en secreto; es aquí donde surge el hecho de que San Valentín sea sea considerado el patrono de los enamorados.
El emperador Claudio se enteró de las actividades sacerdotales de San Valentín y como San Valentín gozaba de un gran prestigio en Roma, lo llamó a Palacio. San Valentín aprovechó la ocasión para evangelizar al emperador y su corte. Aunque en un principio Claudio II mostró interés por la conversión al cristianismo, sin embargo fue persuadido de lo contrario principalmente por el gobernador de Roma, llamado Calpurnio.
Inclinado explícitamente al paganismo y rechazando las actividades en favor del matrimonio sacramental que hacía San Valentín, el emperador Claudio dio entonces la orden de que encarcelasen a Valentín. Estando en la cárcel, hizo el milagro de devolverle la vista a la hija ciega del jefe de la cárcel, llamado Asterius, quien desde entonces se convirtió al cristianismo. Este hecho no consiguió la libertad de San Valentín, quien continuó preso en la cárcel hasta que el emperador Claudio finalmente ordenó que lo martirizaran y ejecutaran el 14 de Febrero del año 270. La joven Julia, agradecida al santo, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. De ahí que  el almendro sea símbolo de amor y amistad duraderos.
La fecha de celebración del 14 de febrero fue establecida por el Papa Gelasio para honrar a San Valentín entre el año 496 y el 498 después de Cristo. Los restos mortales de San Valentín se conservan actualmente en la Basílica de su mismo nombre, que está situada en la ciudad italiana de Terni (Italia). Cada 14 de febrero se celebra en dicho templo, un acto de compromiso por parte de diferentes parejas que quieren contraer matrimonio al año siguiente.

Mensaje de santidad.

San Valentín es un ejemplo para nuestros días porque él murió dando testimonio de Cristo y del misterio esponsal de Cristo Esposo unido a la Iglesia Esposa, manifestado y participado en el sacramento del matrimonio. Es ejemplo para nuestros días, porque nunca antes se había desvalorizado tanto el sacramento del matrimonio como lo vemos hoy en día. En vez de considerarlo como es, como una inserción de los esposos en el misterio esponsal entre Cristo y la Iglesia, que convierte al varón en prolongación y representación de Cristo Esposo y a la mujer la convierte en prolongación de y representación de la Iglesia Esposa, ante el mundo y la sociedad, con la riqueza de gracia que esto representa, se ve al matrimonio sacramental como un simple compromiso humano que se reduce a un consentimiento firmado, que puede romperse cuando los esposos así lo decidan. Al recordar a San Valentín en su día, recordemos el valor inapreciable del sacramento del matrimonio, por el cual el varón se convierte en imagen de Cristo Esposo y la mujer, en imagen de la Iglesia Esposa. También es un momento para reflexionar acerca de las exigencias de la fe católica, puesto que creer en Cristo Dios supone estar dispuestos a dar la vida por el Hombre-Dios Jesucristo, como hizo San Valentín.


viernes, 14 de febrero de 2020

Santos Cirilo y Metodio


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Vida de santidad[1].

          Cirilo, monje, es llamado también “Apóstol de los eslavos”. Nació en Tesalónica y se destacó de joven en los estudios en Constantinopla, para luego enseñar filosofía en esa ciudad. Evangelizó en Rusia con gran éxito. En el 863, se dirigió con su hermano Metodio a evangelizar a Moravia en la lengua nativa, desarrollando primero el alfabeto de la lengua eslava y traduciendo después la liturgia a este lenguaje.
De esta manera, entre los dos publicaron los textos litúrgicos en lengua eslava escritos en caracteres “cirílicos”, como después se designaron en honor a San Cirilo. Promovieron grandemente la cultura y la fe. Llamados a Roma, Cirilo murió allí el 14 de febrero del año 869. Metodio, consagrado obispo, marchó a Panonia, donde desarrolló una infatigable labor de evangelización. Tuvo que sufrir mucho a causa de los envidiosos, pero contó siempre con el apoyo de los papas.  Evangelizó en Moravia, Bohemia, Panonia y Polonia. Bautizó a San Ludmila y al duke Boriwoi. Fue arzobispo de Vellehrad, Eslovaquia, donde fue apresado en el 870 por la oposición del clero alemán. Algunos le acusaron de hereje, pero siempre fue liberado de cargos. Tradujo la Biblia a la lengua eslava. Murió el 6 de abril del año 885 en la ciudad eslovaca de Vellehrad.

Mensaje de santidad[2].

Se caracterizaba por su gran capacidad de trabajo y su incansable celo apostólico. Días antes de morir, Cirilo se enfermó y en uno de sus días en el lecho de enfermo tuvo una visión de Dios, en la que se le anticipaba su muerte y su ingreso en el Reino de los cielos, por lo que cantó así: “Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor»; se regocijan mi corazón y mi espíritu”. Se revistió con sus ornamentos y lleno de alegría, decía: “Desde ahora ya no soy siervo ni del emperador ni de hombre alguno sobre la tierra, sino sólo de Dios todopoderoso. Primero no existía, luego existí, y existiré para siempre. Amén”. Decía: “Existiré para siempre porque sabía que luego de morir, habría de vivir la vida eterna, la vida que es para siempre.
Cuando llegó el momento de pasar “de esta vida a la otra”, elevando sus manos hacia Dios, hizo esta plegaria, en la que nos deja parte de su profunda espiritualidad: “Señor Dios mío, que creaste todas las jerarquías angélicas y las potestades incorpóreas, desplegaste el cielo y afirmaste la tierra y trajiste todas las cosas de la inexistencia a la existencia, que escuchas continuamente a los que hacen tu voluntad, te temen y guardan tus preceptos: escucha mi oración y guarda a tu fiel rebaño, que encomendaste a este tu siervo inepto e indigno”. Sabiéndose próximo a la muerte, empieza comenzando por reconocer a Dios como Creador del universo visible e invisible y luego le encomienda a aquellos que “hacen su voluntad, lo temen y guardan sus preceptos”, es decir, los que cumplen la voluntad de Dios, tienen temor de Dios y se preocupan por observar sus Mandamientos.
Luego continuó: “Líbralos de la impiedad y del paganismo de los que blasfeman contra ti, acrecienta tu Iglesia y reúne a todos sus miembros en la unidad”. Es un pedido de unidad para la Iglesia, pero una unidad dada por Dios quien es quien, por su Misericordia, librará a los justos del supremo pecado que es la impiedad y de la suprema idolatría que es el paganismo, que lleva al hombre a blasfemar contra Dios. Cirilo le pide a Dios por todos ellos, para que se vean libres de estos males espirituales.
Su oración continúa de esta manera: “Haz que tu pueblo viva concorde en la verdadera fe, e inspírale la palabra de tu doctrina, pues tuyo es el don que nos diste para que predicáramos el Evangelio de tu Cristo, exhortándonos a hacer buenas obras que fueran de tu agrado”. Se dirige a Dios pidiéndole que su pueblo no se vuelva ni pagano ni idólatra, sino que, guiados por el Espíritu Santo, vivan en la verdadera fe en Jesucristo, el Hombre-Dios, cuyo Evangelio todo cristiano debe predicar, con santidad de vida. El paganismo y la idolatría son pecados espirituales que apartan al alma de la verdadera y única fe, la fe católica en Cristo Dios y es por eso que Cirilo pide a Dios por los fieles, para que no caigan en esos errores.
Finaliza su oración diciendo: “Te devuelvo como tuyos a los que me diste; dirígelos con tu poderosa diestra y guárdalos bajo la sombra de tus alas, para que todos alaben y glorifiquen el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. Se dirige a Dios como sacerdote, como pastor de la grey que le ha sido confiada, sabedor que no eran suyas las ovejas sino de Dios y es por eso que a Él se las devuelve y se las devuelve no de cualquier manera, sino habiéndolas custodiado del Lobo Infernal y luego de alimentarlas con el Pan de la Palabra de Dios encarnada, la Sagrada Eucaristía. Le pide a Dios que no solo no los abandone, sino que, conocedor de los peligros que encierra este destierro terreno, le suplica que los dirija con su “poderosa diestra” y que los “guarde bajo la sombra de sus alas, para que todos glorifiquen” a la Trinidad Santísima, Único Dios Verdadero.
Experimentando ya la cercanía de la muerte y su paso a la eternidad, dio a todos el ósculo santo diciendo: “Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió, y escapamos”. Alaba a Dios, citando el salmo en el que Dios libra a los suyos de las trampas que tiende el Lobo Infernal. Luego de recitar este salmo, a la edad de cuarenta y dos años, murió a esta vida terrena para empezar a vivir en la vida eterna.
Al recordarlo en su día, obremos de manera tal de pertenecer a los justos por los que San Cirilo rezaba.


[2] Cap. 18: Denkschriften der kaiserl. Akademie der Wissenschaften 19, Viena 1870, 246.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Santa Águeda, virgen y mártir


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          Vida de santidad[1].

          Santa Águeda provenía de una familia distinguida, noble y rica y ella era en sí misma una joven que se distinguía por su belleza fuera de lo común. Podía decirse que, humanamente, poseía todo lo que una joven suele desear. Sin embargo, Santa Águeda poseía un tesoro mucho más admirable y precioso que cualquier tesoro terreno y era su fe en Jesucristo, a quien amaba por encima de cualquier cosa en este mundo. Esta fe y amor en Jesucristo pudo demostrarla Santa Águeda cuando el Senador Quintianus, aprovechándose de la persecución del emperador Decio (250-253) contra los cristianos, creyó que la santa se arrojaría en sus brazos sin más. Sin embargo, las propuestas hechas por este senador a la santa recibieron de su parte un rotundo “no”, pues ella afirmaba que ya estaba comprometida con otro esposo y ése era Jesucristo.
          El perverso senador Quintianus no se dio por vencido e intentó una malvada estratagema: la entregó en manos de una mujer amoral, llamada Afrodisia, para que esta la sedujera con las tentaciones del mundo. Pero nuevamente su perversión se vio frustrada, al mostrarse Santa Águeda más firme que nunca en su fe y amor a Jesucristo.
Quintianus cambió entonces de estrategia y si antes deseaba poseerla por la seducción, ahora, trastornado por la ira, torturó a la joven virgen cruelmente, hasta llegar a ordenar que se le corten los senos. Es famosa la respuesta de Santa Águeda: “Cruel tirano, ¿no te da vergüenza torturar en una mujer el mismo seno con el que de niño te alimentaste?”. En medio de sus torturas, la santa fue consolada con una visión de San Pedro quien, milagrosamente, la sanó. Sin embargo, las torturas continuaron y al fin, viendo el tirano que nada podía contra la fe y el amor a Jesucristo que profesaba Santa Águeda, decidió que fuera martirizada siendo arrojada viva sobre carbones encendidos en Catania, Sicilia (Italia)[2].

          Mensaje de santidad.

          En Santa Águeda se destacan dos grandes virtudes, producidas ambas por una misma causa: el gran amor sobrenatural que la santa profesaba a Jesucristo. Si no hubiera sido por este amor, Santa Águeda se habría visto arrastrada por los placeres mundanos, a los cuales por su posición noble tenía acceso si lo hubiera deseado, o bien habría caído presa de las seducciones del perverso senador Quintianus. Sin embargo, nada de eso pudo triunfar sobre la santa, porque en su corazón ardía el amor exclusivo por Jesucristo, amor que en la santa era como dice la Escritura: “Más fuerte que la muerte”. De manera tal que si bien Santa Águeda tenía acceso al mundo y a las seducciones de los mundanos, esto era para ella menos que ceniza y polvo, comparados con el amor que ardía en su corazón por Jesucristo. Su ejemplo de vida y su mensaje de santidad son actuales para nuestros días, en los que Jesucristo es dejado de lado por el mundo y sus vanas seducciones y los cristianos, en vez de rechazar estas seducciones, se dejan atrapar por ellas. En este sentido, Santa Águeda es un ejemplo insuperable para las jóvenes generaciones de cristianos.





[1] Cfr. https://corazones.org/santos/agueda.htm; Butler, Vida de Santos, vol. IV.  México, D.F.: Collier’s International - John W. Clute, S.A., 1965; The Catholic Encyclopedia; Kirsch, J. P., Saint Agatha, Catholic Encyclopedia,   Encyclopedia Press. 1913; Sgarbossa, Mario y Giovannini, Luigi. Un Santo Para Cada Día. Santa Fe de Bogotá: San Pablo. 1996. Su oficio en el Breviario Romano se toma, en parte de las Actas de latinas de su martirio. (Acta SS., I, Feb., 595 sqq.). De la carta del Papa Gelasius (492-496) a un tal Obispo Victor (Thiel. Epist. Roman. Pont., 495) conocemos de una Basílica de Santa Águeda. Gregorio I (590-604) menciona que está en Roma (Epp., IV, 19; P.L., LXXVII, 688) y parece que fue este Papa quien  incluyó su nombre en el Canon de la Misa. Solo conocemos con certeza histórica el hecho y la fecha de su martirio y la veneración pública con que se le honraba in la Iglesia primitiva.  Aparece en el Martyrologium Hieronymianum (ed. De Rossi y Duchesne, en el Acta SS., Nov. II, 17) y en el Martyrologium Carthaginiense que data del quinto o sexto siglo (Ruinart, Acta Sincera, Ratisbon, 1859, 634). En el siglo VI, Venantius Fortunatus la menciona en su poema sobre la virginidad como una de las celebradas vírgenes y mártires cristianas (Carm., VIII, 4, De Virginitate: Illic Euphemia pariter quoque plaudit Agathe Et Justina simul consociante Thecla. etc.).


[2] Según la tradición, en una erupción del volcán Etna, ocurrida un año después del martirio de Santa Águeda (c.250), la lava se detuvo milagrosamente al pedir los pobladores del área la intercesión de la santa mártir. Por eso la ciudad de Catania la tiene como patrona y las regiones aledañas al Etna la invocan como patrona y protectora contra fuego, rayos y volcanes. Además de estos elementos, la iconografía de Santa Águeda suele presentar la palma (victoria del martirio), y algún símbolo o gesto que recuerde las torturas que padeció.

martes, 4 de febrero de 2020

Vida de San Blas


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          Vida de santidad[1].

          San Blas fue médico y obispo de Sebaste, Armenia. Hizo vida eremítica en una cueva del Monte Argeus. San Blas era conocido por su don de curación milagrosa; dentro de estas curaciones, está el milagro que realizó y con el cual le salvó la vida de un niño que se ahogaba al obturar su garganta una espina de pescado. Cuando San Blas pasaba encadenado para ser ajusticiado, la madre del niño se arrojó a sus pies y le pidió por su hijo: San Blas oró y le impuso las manos sobre la garganta y al instante el niño volvió a la vida. Este es el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta.
También según la tradición, se le acercaban incluso animales enfermos para que les curase, aunque no lo interrumpían en sus momentos de oración.
Cuando se inició la persecución del emperador Agrícola, gobernador de Cappadocia, contra los cristianos, ésta abarcó, donde se encontraba el santo haciendo vida eremítica. La forma en el que lo atraparon fue así: sus cazadores fueron a buscar animales para los juegos de la arena en el bosque de Argeus y encontraron muchos de ellos esperando fuera de una cueva, y ésa era la cueva de San Blas, pues los animales se encontraban allí esperando al santo para que los curase. Los esbirros del emperador ingresaron en la cueva y allí  encontraron a San Blas en oración y lo arrestaron. El emperador Agrícola trató sin éxito de hacerle apostatar, cosa que no pudo lograr porque San Blas se mantuvo firme en le fe en Jesucristo. En la prisión, San Blas sanó a algunos prisioneros. Finalmente fue echado a un lago para que se ahogara, pero San Blas, parado en la superficie y desafiando a las leyes de la física, invitaba a sus perseguidores a caminar sobre las aguas y así demostrar el poder de sus dioses, pero cuando estos lo intentaron, se ahogaron. Finalmente, cuando volvió a tierra fue torturado y decapitado, en el año 316 d. C.

          Mensaje de santidad.

          San Blas es el patrono de las gargantas y de las enfermedades de la garganta; como tal, podemos pedirle que haga un milagro en favor nuestro aun más grande que el milagro que hizo con el hijo de la mujer, que se había atragantado con una espina de pescado: le podemos pedir al santo, además de su fe inconmovible en Cristo Dios, que nos conceda el don de que nunca salga de nuestras gargantas nada que ofenda a Dios y que sólo salgan alabanzas a Dios y elogios y deseos de paz para nuestros prójimos.