San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 9 de agosto de 2019

Santa Teresa Benedicta de la Cruz Stein



         Si hay  algo que caracteriza a Santa Edith Stein, es su amor por la verdad, esa Verdad que ella buscaba en los movimientos filosóficos y que no encontraba particularmente en la fenomenología. Pero el estar abierta a la Verdad Absoluta, esto es, el estar dispuesta a seguir la Verdad Absoluta allí donde la encontrase, es lo que caracteriza el alma de Edith Stein. Esto es sumamente importante en el itinerario de un alma hacia la conversión, porque abre el intelecto a la luz de la gracia, que es la que revela al hombre la Verdad Absoluta que es Cristo Jesús, el Hombre-Dios.
El Momento de la Conversión llegaría para Edith Stein de un modo particular, con ocasión de la muerte de un amigo muy cercano en el año 1921. En vez de encontrar una viuda desconsolada –Hedwig Conrad-, Edith Stein encontró a una mujer dolorida pero serena y esa serenidad se la daba su creencia, su fe, su religión, la religión católica[1]. Edith Stein ya había experimentado un cierto descontento con la filosofía fenomenológica[2], pues no era capaz de llenar su alma con la plenitud de la Verdad y eso era imposible que sucediera, porque la plenitud de la Verdad, la Verdad Absoluta en Sí misma, Increada, es Cristo Jesús. Santa Teresa Benedicta de la Cruz recibió la iluminación de su intelecto por la gracia, que la iluminó haciéndole saber que Cristo era Dios y la Verdad Absoluta de Dios, a través de la lectura –que le pasó la viuda Conrad- de la biografía de Santa Teresa de Ávila. Allí es cuando Santa Edith Stein encuentra lo que toda su vida había buscado, la Verdad Absoluta de Dios, Cristo Jesús, por eso, cuando terminó de leer la biografía de Santa Teresa de Ávila, dijo: “Ésta es la Verdad”. Y se adhirió desde ese momento a la Verdad Absoluta, Cristo Jesús, al punto de consagrarse como carmelita y luego morir mártir en Auschwitz.
Si alguien está buscando la Verdad Absoluta, con un espíritu sincero y humilde, tiene en Santa Teresa Benedicta de la Cruz a su mejor ejemplo y guía.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario