San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

lunes, 24 de agosto de 2015

San Bartolomé, modelo de santidad y de seguimiento de Jesucristo


         San Bartolomé es ejemplo de quien, oyendo hablar de Jesucristo como el Mesías, desea conocerlo personalmente, para seguirlo y dar la vida por Él. Según el relato evangélico, San Bartolomé –llamado “Natanael” en el Evangelio[1]- fue llamado por Felipe, inmediatamente después de que Felipe fuera a su vez llamado por Jesús. El Evangelio narra que Jesús llamó a Felipe y éste fue a llamar a San Bartolomé, diciéndole que “habían encontrado al Mesías”: “Felipe se encontró a Natanael y le dijo: ‘Hemos encontrado a aquél a quien anunciaron Moisés y los profetas. Es Jesús de Nazaret’. Natanael le respondió: ‘¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?’ Felipe le dijo: ‘Ven y verás’. (Jn 1, 49)”. Luego de este encuentro, y a pesar de que San Bartolomé dudara, no de Jesús como Mesías, sino del lugar en donde había sido encontrado por Felipe –en efecto, San Bartolomé dice: “¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?”, tal vez debido a que San Bartolomé pensaba que el Mesías, por ser tal, debía nacer en un lugar más importante-, sigue a Felipe con el deseo, puesto por Dios en su corazón, de ver al Mesías. San Bartolomé responde a esta gracia con un corazón puro y lleno de amor por el Mesías, puesto que desea buscar y encontrar al Mesías, de quien ya sabe el nombre, Jesús de Nazaret, no por mezquinos intereses, sino por ser Jesús Quien Es, el Mesías, el Salvador, “Aquél a quien anunciaron Moisés y los profetas”. Esta pureza de corazón de San Bartolomé es reconocida por el mismo Jesús, quien apenas ve a San Bartolomé, lo elogia diciendo: “Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. La ausencia de engaño, es decir, la ausencia de mentira en San Bartolomé, es un indicio clarísimo de la Presencia del Espíritu de Dios en su corazón, puesto que, así como el amor a la Verdad es señal de la Presencia de Dios en un alma, así también la mentira es señal no sólo de ausencia de Dios y su Espíritu, sino de la presencia del Demonio, llamado “Padre de la mentira” por parte de Jesús (cfr. Jn 8, 44). Luego de este encuentro y de que Jesús alabara su amor por la Verdad, se entabla un diálogo entre San Bartolomé y Jesús, en el que San Bartolomé reconoce a Jesús como al Mesías y en el que Jesús le anticipa algo que está reservado sólo a los grandes santos: ver al Mesías y a los ángeles de Dios subir y bajar alrededor de Él: “Natanael le preguntó: ‘¿Desde cuándo me conoces?’ Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando tú estabas allá debajo del árbol, yo te vi’. Le respondió Natanael: ‘Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel’. Jesús le contestó: ‘Por haber dicho que te vi debajo del árbol, ¿crees? Te aseguró que verás a los ángeles del cielo bajar y subir alrededor del Hijo del Hombre’. (Jn 1, 43)”. A partir del encuentro personal con Jesús de Nazareth, el Mesías, San Bartolomé no lo abandonará nunca más, ni en esta vida, ni en la otra, en donde goza por la eternidad de su contemplación: San Bartolomé dará su vida por Jesús, muriendo mártir en la India, siendo despellejado vivo por predicar el Evangelio[2].
         Como vemos, la vida de San Bartolomé es un maravilloso ejemplo de santidad, a imitar por todo aquel que busque a Jesús como al Mesías, como al Salvador, como al Redentor de la humanidad: San Bartolomé ama a Jesús por ser Él quien ES, el Hombre-Dios encarnado para redimir a los hombres y conducirlos a la bienaventuranza eterna y da la vida por Él. Al recordarlo en su día, pidamos al santo que interceda por nosotros para que, a imitación suya, busquemos a Jesús sin doblez de corazón y que  amemos a Jesús por lo que ES, Dios de majestad infinita, y no por lo que da.




[1] Bartolomé es un sobrenombre o segundo nombre que le fue añadido a su antiguo nombre que era Natanael (que significa “regalo de Dios”) Muchos autores creen que el personaje que el evangelista San Juan llama Natanael, es el mismo que otros evangelistas llaman Bartolomé. Porque San Mateo, San Lucas y San Marcos cuando nombran al apóstol Felipe, le colocan como compañero de Felipe a Natanael; cfr. https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Bartolom%C3%A9_8_24.htm
[2] Por este motivo, se lo representa a San Bartolomé sosteniendo su propia piel en sus brazos, a modo de abrigo; cfr. https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Bartolom%C3%A9_8_24.htm

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