San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

miércoles, 8 de junio de 2011

San Efrén y el Pan que es fuego, y el Vino que es Sangre y es Espíritu

Según San Efrén,
se puede comer el fuego,
y se puede beber el Espíritu,
porque el Pan del altar
es el cuerpo de Cristo,
inhabitado por el Espíritu,
que es fuego de Amor divino,
y el Vino del cáliz
es la Sangre de Cristo,
que lleva en sí al Espíritu.
Así, el Pan es Fuego
y el Vino es Espíritu.


¿Se puede comer el fuego? ¿Se puede beber el Espíritu? Es obvio que no, al menos en la naturaleza creada, y según lo que afirma una inteligencia madura y adulta, tal como es la inteligencia del hombre maduro y adulto del siglo XXI. No puede, el hombre racional, admitir que el fuego se pueda comer, ni que el Espíritu se pueda beber.

Es imposible, y una mentalidad madura, cientificista y racionalista, no lo puede aceptar.

Pero lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios, y es así como, por el poder divino, el fuego se puede comer. ¿Cómo? ¿Dónde? Según San Efrén, en la Santa Misa. Dice así este gran santo de la Iglesia Oriental: “Llamó al pan su cuerpo viviente, lo llenó de él (mismo) y del Espíritu, extendió su mano y les dio el pan: Tomad y comed con fe y no dudéis que esto es mi cuerpo. Y el que lo come con fe, por él, come el fuego del Espíritu… Comed todos, y comed por él el Espíritu Santo”[1].

El fuego, entonces, se puede comer, y es debido a que la Eucaristía es el cuerpo de Cristo, el cual, desde su encarnación en el seno virgen de María, está inhabitado por el Espíritu Santo. Es por eso que el cuerpo de Cristo es llamado por los Padres de la Iglesia “carbón ardiente”: el carbón es la naturaleza humana, y el fuego que le da su ardor y lo vuelve incandescente es el Espíritu Santo. Y si el cuerpo de Cristo es “carbón ardiente”, también lo es la Eucaristía, porque la Eucaristía es el cuerpo de Cristo. De esta manera, según San Efrén y los Padres de la Iglesia, se puede comer el fuego, y de hecho se lo come, cuando se consume la Eucaristía.

Pero también se puede beber el Espíritu. Dice San Efrén: “En adelante, comeréis una pascua pura y sin mancha, un pan fermentado y perfecto que el Espíritu ha amasado y hace cocer, un vino mezclado de fuego y de Espíritu”[2]. Y como el “vino mezclado de fuego y de Espíritu” no es otro que el vino de la Alianza Nueva y Eterna, la sangre del Cordero, que contiene al Espíritu Santo, entonces se puede beber el Espíritu.


[1] Cfr. San Efrén, Sermones de Semana Santa, IV, 4, en Hymni et Sermones, T. I, ed. S. Lamy, Malinas 1882, 415; cit. Congar, Yves, El Espíritu Santo, Ediciones Herder, Barcelona 1991, 693.

[2] San Efrén, ibidem, 418.

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