San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

domingo, 5 de junio de 2011

La Cruz del Sagrado Corazón

La Cruz está en el Sagrado Corazón
porque por la Cruz latió
durante su vida terrena;
en la Cruz dejó de latir;
y por la Cruz comenzó a latir
en la eternidad.


Además del fuego y las espinas, el Sagrado Corazón posee una cruz, que está implantada en el extremo superior del Corazón, y en su base está envuelta en llamas.

¿Por qué la cruz en el Sagrado Corazón? Si el Corazón es la sede del amor, entonces la cruz en el Corazón de Jesús simboliza el amor a la cruz del Corazón de Jesús. La cruz está en el Sagrado Corazón, porque es la cruz que acompaña toda la vida terrena del Hombre-Dios, desde el primer instante de su Encarnación, hasta su muerte; es la cruz que fue empapada con su sangre; es la cruz con la que habrá de salvar a la humanidad; es la cruz por la cual Jesús nació, vivió y murió; es la cruz deseada por Jesús, como objetivo y meta de su existencia terrena; es la cruz por la cual los hombres ascenderán a los cielos, al seno del Padre; es la cruz que se convertirá en cátedra de la Verdad, que enseñará a los hombres el destino de vida eterna.

Es la cruz a la cual Jesús habla, en los escritos de Luisa Piccarreta: “Cruz adorada, por fin te abrazo… Tú eras el suspiro de mi Corazón, el martirio de mi Amor; pero tú, oh Cruz, tardaste hasta ahora, en tanto que mis pasos siempre se dirigían hacia ti… Cruz Santa, tú eras la meta de mis deseos, la finalidad de mi existencia acá abajo. En ti concentro todo mi ser; en ti pongo a todos mis hijos… Tú será su vida y su luz, su defensa, su protección, su fuerza… Tú los sostendrás en todo y me los conducirás gloriosos al Cielo. Oh Cruz, cátedra de Sabiduría, sólo tú formarás los héroes, los atletas, los mártires, los santos… Cruz hermosa, tú eres mi trono, y teniendo Yo que abandonar la tierra, quedarás tú en mi lugar… A ti te entrego en dote a todas las almas: ¡Custódiamelas, sálvamelas… te las confío!”[1].

La Cruz está en el Sagrado Corazón porque por ella el Corazón de Jesús latió y suspiró de amor, desde su Encarnación, y durante toda su existencia terrena; en ella dejó de latir, cuando ya muerto, dio hasta la última gota de sangre; la Cruz está en el Sagrado Corazón, porque muriendo en ella, comenzó a latir en los cielos, en donde late por la eternidad.


[1] Piccarreta, Luisa, Las horas de la Pasión, Edición privada, México 1991, 151.

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