San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 19 de noviembre de 2020

San Andrés Dung-Lac y compañeros mártires

 


Vida de santidad[1].

San Andrés Dung-Lac fue un sacerdote católico vietnamita ejecutado por decapitación debido a su fe católica, en el reinado de Minh Mung. Durante la persecución de los cristianos, San Andrés Dung cambió su nombre a Lac para evitar la captura, y de este modo es conmemorado como Andrés Dung-Lac. Su martirio se conmemora junto al de los mártires vietnamitas de los siglos XVII, XVIII y XIX (1625-1886)[2].

Nació en la provincia de Bac-Ninch, en territorio de la actual Vietnam, hijo de padres paganos y tan pobres que voluntariamente lo vendieron a un catequista, el cual lo llevó a la misión Vinh-Tri, donde fue bautizado, educado, y después de ocho años, nombrado catequista. Ingresó muy joven en la vida religiosa y fue ordenado sacerdote el 15 de marzo de 1823. Fue párroco en diversas parroquias, la última fue en Ke-Dam, la cual fue destruida por paganos, obligando a San Andrés a retirarse a Ke-Sui, desde donde continuaba administrando los sacramentos a distintas comunidades cristianas[3]. Allí fue detenido una primera vez, pero luego fue liberado al ser pagado un rescate; entonces, con el fin de continuar con sus ministerios -en las peligrosas provincias de Hanoi y Nam Dinh-, cambió el nombre del Dung por el de Lac. Ante la persecución, el santo solía decir: “Los que mueren por la fe, ascienden al cielo; sin embargo, nosotros nos escondemos todo el tiempo, gastamos dinero para escapar de los perseguidores. ¡Sería mejor parar y morir!”.

Cuatro años más tarde, el 10 de noviembre de 1839, su deseo fue escuchado: mientras estaba en Ke-Song, fue descubierto y apresado por segunda vez, siendo también rescatado a cambio de doscientas monedas de plata. Sin embargo, su libertad no duró mucho, porque fue apresado por tercera vez, al intentar escapar en una barca por el río. Su captor exclamó: “¡He capturado un maestro de la religión!”. Fue llevado a la prisión de Hanói, en donde fue sometido a diversos interrogatorios e invitado a apostatar y pisotear la Cruz; sin embargo, el santo permaneció firme profesando su fe, por lo que fue condenado a la decapitación, sentencia que fue llevada a cabo el 21 de diciembre de 1839.

Mensaje de santidad.

Los mártires de Vietnam –representados en San Andrés Dung-Lac- ofrendaron sus vidas por Cristo y sufrieron una muerte cruel, no a causa de bienes terrenales, sino para conservar y dar a los demás el tesoro más grande que poseían: su fe católica[4]. Lo que resalta en los mártires es que fueron capaces de soportar la tortura a la que fueron sometidos porque en todo momento fueron asistidos por el Espíritu Santo; sólo así se explica tanto la firmeza en la fe, como la fortaleza para soportar las torturas inhumanas, además de la alegría sobrenatural con la cual ofrendaban sus vidas mortales, sabiendo que les esperaba una vida de eterna felicidad, al dar sus vidas por el Cordero de Dios, Cristo Jesús. San Andrés fue decapitado porque se negó a renegar de su fe en Cristo Dios y por eso es ejemplo para nuestros días, en los que existen movimientos en los que se reniega voluntaria y explícitamente de la fe en Cristo Dios, como los movimientos ateístas que incitan a la apostasía masiva, a borrar los nombres de las actas bautismales. Pero si alguien borra su nombre del acta bautismal, Dios borra su nombre del Libro de la Vida y por eso, la apostasía no es un simple acto sin consecuencias, sino que tiene un costo altísimo y es el perder la vida eterna. Para que no sólo no caigamos en la apostasía, sino para que profesemos nuestra fe hasta perder la vida, si fuera necesario, es que nos encomendamos a San Andrés Dung-Lac y a todos los mártires vietnamitas.

 



[1] Memoria de los santos Andrés Dung Lac, presbítero, y sus compañeros, mártires. En una común celebración se venera a los ciento diecisiete mártires de las regiones asiáticas de Tonkin, Annam y Cochinchina, ocho de ellos obispos, otros muchos presbíteros, amén de ingente número de fieles de ambos sexos y de toda condición y edad, todos los cuales prefirieron el destierro, las cárceles, los tormentos y finalmente los extremos suplicios, antes que pisotear la cruz y desviarse de la fe cristiana. Esta memoria obligatoria de los ciento diecisiete mártires vietnamitas de los siglos XVIII y XIX, proclamados santos por Juan Pablo II en la plaza de San Pedro el 19 de junio de 1988, celebra a mártires que ya habían sido beatificados anteriormente en cuatro ocasiones distintas: sesenta (64) y cuatro, en 1900, por León XIII; ocho (8), por Pío X, en 1906; veinte (20), en 1909, por el mismo Pío X y veinticinco (25) por Pío XII, en 1951. Cfr. http://es.catholic.net/op/articulos/35461/cat/1239/andres-dung-lac-y-116-companeros-santos.html ; La historia religiosa de la Iglesia vietnamita señala que durante  más de dos siglos –entre los años 1625 y 1886-, los distintos reyes han decretado contra los cristianos crueles persecuciones que dejaron como saldo alrededor de 130.000 víctimas. A lo largo de los siglos, estos mártires de la Fe ha sido enterrados en forma anónima, aunque su recuerdo permanece vivo en el espíritu de la comunidad católica. Desde el inicio del siglo XX, 117 de este gran grupo de mártires han sido elegidos y elevados al honor de los altares por la Santa Sede en cuatro Beatificaciones. Cfr. https://www.corazones.org/liturgia/santos/andres_dunglac.htm

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