San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

lunes, 15 de septiembre de 2014

Santos Cipriano y Cornelio, mártires


Los Santos Cornelio, Papa, y Cipriano, Obispo, junto a la Virgen y el Niño.
Miniatura del Siglo XVII en un libro de heráldica alemán

San Cipriano, obispo de Cartago, murió decapitado el 14 de septiembre del año 258, durante la persecución del emperador Valeriano. Junto con el Papa Cornelio fueron mártires porque dieron sus vidas y derramaron su sangre, como lo dice el mismo Cipriano en una carta a Cornelio, “confesando el nombre de Cristo”[1]. En el caso de estos santos mártires, la confesión de Cristo revistió características particulares, sobre todo la de San Cipriano, según se puede deducir, al leer las Actas de su martirio. En efecto, de su lectura, se puede constatar que mientras San Cornelio se enfrentó a la herejía de los Novacianos[2], San Cipriano, por el contrario, se caracterizó por defender la Santa Misa, al negarse a quemar incienso a los ídolos.
El testimonio de ambos mártires, pero particularmente el de San Cipriano, es particularmente válido para nuestros días, en el que la Santa Misa, que es la renovación incruenta del Santo Sacrificio del Calvario –por eso se llama “Santo Sacrificio del Altar”- es menospreciada, infravalorada, ultrajada, despreciada, pospuesta, dejada de lado, a cambio de los ídolos del mundo moderno, por la inmensa mayoría de los católicos.
Dice así el Acta de martirio de San Cipriano:
“Juez: “El emperador Valeriano ha dado órdenes de que no se permite celebrar ningún otro culto, sino el de nuestros dioses. ¿Ud. Qué responde?” Cipriano: “Yo soy cristiano y soy obispo. No reconozco a ningún otro Dios, sino al único y verdadero Dios que hizo el cielo y la tierra. A Él rezamos cada día los cristianos”. El 14 de septiembre una gran multitud de cristianos se reunió frente a la casa del juez. Este le preguntó a Cipriano: “¿Es usted el responsable de toda esta gente?” Cipriano: “Si, lo soy”. El juez: “El emperador le ordena que ofrezca sacrificios a los dioses”. Cipriano: “No lo haré nunca”. El juez: “Píenselo bien”. Cipriano: “Lo que le han ordenado hacer, hágalo pronto. Que en estas cosas tan importantes mi decisión es irrevocable, y no va a cambiar”. El juez Valerio consultó a sus consejeros y luego de mala gana dictó esta sentencia: “Ya que se niega a obedecer las órdenes del emperador Valeriano y no quiere adorar a nuestros dioses, y es responsable de que todo este gentío siga sus creencias religiosas, Cipriano: queda condenado a muerte. Le cortarán la cabeza con una espada”. Al oír la sentencia, Cipriano exclamó: “¡Gracias sean dadas a Dios!” Toda la inmensa multitud gritaba: “Que nos maten también a nosotros, junto con él”, y lo siguieron en gran tumulto hacia el sitio del martirio. Al llegar al lugar donde lo iban a matar Cipriano mandó regalarle 25 monedas de oro al verdugo que le iba a cortar la cabeza. Los fieles colocaron sábanas blancas en el suelo para recoger su sangre y llevarla como reliquias. El santo obispo se vendó él mismo los ojos y se arrodilló. El verdugo le cortó la cabeza con un golpe de espada. Esa noche los fieles llevaron en solemne procesión, con antorchas y cantos, el cuerpo del glorioso mártir para darle honrosa sepultura. A los pocos días murió de repente el juez Valerio. Pocas semanas después, el emperador Valeriano fue hecho prisionero por sus enemigos en una guerra en Persia y esclavo prisionero estuvo hasta su muerte”[3].
Como se lee en las Actas de su martirio, San Cipriano se deja decapitar antes que renunciar a la Santa Misa y antes que quemar incienso a los ídolos, es decir, antes que cometer el pecado de apostasía, todo lo contrario a lo que sucede con ingentes masas de católicos, que se inclinan ante los ídolos neo-paganos del mundo de hoy, ídolos presentados por los medios de comunicación masiva y que a pesar de la estridencia de sus gritos; a pesar del volumen ensordecedor de la música que embota el cerebro y los sentidos de quienes los idolatran, y a pesar de las vestimentas y espejos multicolores con los cuales se disfrazan, son ídolos mudos, sordos y ciegos, que prometen una felicidad vana y pasajera, y que esconden, detrás de una sonrisa de cartón, la amargura, la tristeza y el dolor provocados por la ausencia de Dios, porque el objetivo principal de estos ídolos neo-paganos –fútbol, música, espectáculos, deportes, política, y todo lo que el hombre moderno inventa para olvidarse de Dios-, es apartar al hombre del Domingo y de la Santa Misa.
Por este motivo, el Acta del martirio de San Cipriano, es de suma actualidad y valor para nuestros días, en el que la Santa Misa ha sido dejada de lado por estos ídolos neo-paganos, construidos por los medios masivos de comunicación. Al conmemorar a los Santos Cornelio y Cipriano, pidamos por su intercesión, la gracia de no solo rechazar a los modernos ídolos neo-paganos, sino ante todo y en primer lugar, de saber apreciar y amar, cada vez más, la Santa Misa, el Santo Sacrificio del Altar, hasta dar la vida en sacrificio por el Hombre-Dios, que en la Misa se sacrifica por nosotros, entregando su Cuerpo Sacratísimo en la Eucaristía y derramando su Sangre Preciosísima en el Cáliz, para donarnos el Amor de su Sagrado Corazón Eucarístico, cada vez que lo recibimos en la sagrada comunión.



[1] Carta 60, 1-2. 5: CSEL 3,691-692. 694-695.
[2] Doctrina rigorista surgida en el seno de la Iglesia en el siglo III, según la cual se debe negar la absolución a los lapsos, ya que afirma que la Iglesia no puede perdonar a los que renegaron de la fe en la persecución. Esta doctrina rigorista fue perdiendo adeptos hasta desaparecer en el siglo VII.
[3] https://www.ewtn.com/spanish/saints/Cornelio_y_San_Cipriano.htm




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