San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

domingo, 20 de julio de 2014

San Lorenzo de Brindis y la fuente de su fuerza espiritual


Vida y obra de San Lorenzo de Brindis
César de Rossi nació en Brindis, ciudad del reino de Nápoles, en el año 1559; a los seis años se destacaba por una memoria prodigiosa, que le permitía memorizar páginas enteras, que recitaba en público. A los dieciséis años, pidió ingresar en la Orden de Capuchinos, donde debido a su gran capacidad intelectual y a su profunda vida espiritual, enseñó teología a sus hermanos de religión y ocupó varios cargos de responsabilidad, siendo posteriormente delegado del Papa en muchos asuntos importantes, pero manteniendo sin embargo en todo momento una profunda humildad. Con el hábito religioso, César de Rossi recibió el nombre de Lorenzo. Predicó con asiduidad y eficacia en varios países de Europa y también escribió muchas obras de carácter doctrinal. Murió en Lisboa el año 1619.
         Mensaje de santidad
Una anécdota ocurrida al inicio de su profesión religiosa, da cuenta de dónde obtenía San Lorenzo su fuente de su energía vital, la luz de su gran inteligencia, y la profundidad de su vida espiritual.  Cuando San Lorenzo, a los dieciséis años de edad pidió ser admitido en la orden religiosa, el superior le advirtió que la vida religiosa no iba a ser fácil, sino que, por el contrario, iba a ser muy difícil, porque se trataba de una vida muy diferente a la vida del mundo, en la que todo es comodidad y deleite; la vida del claustro, por el contrario, es todo austeridad y sobriedad. Entonces San Lorenzo le preguntó al superior: “Padre, ¿en mi celda habrá un crucifijo?” “Sí, lo habrá”, respondió el superior.  Entonces San Lorenzo le contestó: “Entonces eso me basta.  Al mirar a Cristo Crucificado tendré fuerzas para sufrir por amor a Él, cualquier padecimiento”. La meditación favorita de San Lorenzo era la Pasión y Muerte de Jesucristo, y esta es la razón por la cual el santo encontraba, en el crucifijo, la fuente de la fortaleza para la vida religiosa.

Esto es acorde a lo que dice Santo Tomás, cuando da la clave para la felicidad: dice Santo Tomás de Aquino, que si alguien quiere ser feliz, tanto en esta vida, como en la otra, no tiene más que hacer, que “desear lo que Cristo deseó en la cruz, y despreciar lo que Cristo despreció en la Cruz”, y eso es lo que San Lorenzo hizo durante toda su vida, y fue lo que le dio luz a su intelecto, profundidad en su vida espiritual y fortaleza en las tribulaciones. Puesto que la Iglesia nos da a este gran santo para que lo contemplemos y lo imitemos, también nosotros debemos imitar a San Lorenzo de Brindis, y decir como él, frente a las tribulaciones de la vida: “¿Hay un crucifijo?¿Tengo la Misa, en donde está Cristo en Persona, renovando para mí su sacrificio en la cruz? ¿Hay una Eucaristía, en donde está Cristo en Persona? Entonces, eso me basta. Contemplar a Cristo en la cruz, contemplarlo en la Santa Misa, invisible, renovando para mí su sacrificio incruento, y donándose todo entero, con su Cuerpo, Sangre, Alma, Divinidad, y con su Sagrado Corazón Eucarístico, que contiene todo el Amor de Dios, en cada Eucaristía, es lo que me basta para superar, con creces, cualquier tribulación que se me pueda presentar en esta vida terrena, en este valle de lágrimas, hasta que llegue el día feliz del encuentro con Él, cara a cara, en la feliz eternidad”. 

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