San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 3 de julio de 2014

El consuelo del Sagrado Corazón de Jesús


         En la Tercera Revelación, el Sagrado Corazón de Jesús le pide a Santa Margarita María de Alacquoque que se levante “entre las once y las doce de la noche” para “postrase con Él durante una hora, con la cara en el suelo, tanto para apaciguar la cólera divina, pidiendo por los pecadores, como para endulzar de algún modo la amargura” que Él sentía “por el abandono” de sus apóstoles, lo cual lo había llevado a “reprocharles que no habían podido velar una hora” con Él[1].
         Este pedido de Jesús, realizado a Santa Margarita, si bien fue realizado en el siglo XVII, conserva toda su actualidad y, por lo tanto, debemos considerarlo como realizado a todo el Cuerpo Místico, es decir, a toda la Iglesia, a todos los bautizados. El Sagrado Corazón, desde el sagrario, nos pide a todos que reparemos por las tremendas ingratitudes, por los sacrilegios, por las indiferencias, que Él recibe de continuo, día a día, en el sagrario. Eso es lo que les dice el Ángel de Portugal, cuando en la Tercera Aparición, antes de darles a comulgar la Eucaristía y de beber el Cáliz, se postra con la frente en el suelo ante la Hostia suspendida en el aire que mana Sangre sobre el Cáliz y pronuncia la oración de adoración a la Santísima Trinidad y de reparación al Santísimo Sacramento del Altar: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”. Al darles de comulgar la Hostia a Lucía y de beber del Cáliz a Jacinta y Francisco, el Ángel les dijo al mismo tiempo: “Tomad el Cuerpo y bebed la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios”[2].
         Tanto el pedido de Nuestro Señor Jesucristo a Santa Margarita, como el del Ángel a los Pastorcitos, hablan de una misma cosa: la necesidad de reparación, la cual se puede hacer con actos de amor y de adoración, en el momento de la comunión eucarística, por la ingente cantidad de sacrilegios, ultrajes, crímenes, desprecios, ingratitudes, que no solo recibió el Sagrado Corazón en su Pasión, por parte de los Apóstoles, que no pudieron velar con Él ni siquiera una hora, sino también por los que continúa recibiendo, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo, por la inmensa mayoría de los cristianos de hoy, dormidos por el indiferentismo, el relativismo, el materialismo y el neo-paganismo. La reparación de consuelo que quiere Jesús es la reparación del amor y de la adoración a su Presencia Eucarística y el Amor necesario para hacer esta reparación se lo obtiene de las Llamas de Amor que envuelven a su Sagrado Corazón Eucarístico.




[1] Cfr. http://www.corazones.org/santos/margarita_maria_alacoque.htm
[2] http://es.catholic.net/mariologiatodoacercademaria/572/1428/articulo.php?id=13435

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