San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 31 de enero de 2013

San Juan Bosco y la educación de la castidad en los jóvenes



         Una de las cosas que sobresale en el misticismo de San Juan Bosco, manifestado principalmente en sus sueños, es la continua advertencia que del cielo se dirige a los jóvenes, en relación a la santa pureza. En numerosos sueños, San Juan Bosco es advertido, por el cielo, del enorme peligro bajo el que se encontraban los jóvenes de Turín, lugar en donde el santo pasó gran parte de su vida.
La crítica progresista diría que los sueños eran producto de su imaginación, la cual, a su vez, era consecuencia de su formación sacerdotal excesivamente rigurosa, propia de su tiempo. Para el progresismo católico, los sueños de San Juan Bosco, junto con todo su valiosísimo mensaje moral pero ante todo espiritual –porque las consecuencias del desvío moral conducen a la pérdida de la gracia santificante en esta vida y, de perdurar esta situación, a la eterna condenación-, no pasan de ser expresiones de una religiosidad “antigua”, “pasada de moda”, “represiva”, que no se adapta al paso del tiempo.
Ahora bien, el no proporcionar a los jóvenes el inmenso tesoro –psicológico, moral, espiritual- que suponen los sueños, las enseñanzas, y la vida de Don Bosco, implica no solo dejar caer en el olvido a un gran santo de la Iglesia Católica sino, mucho más grave aún, condenar a miles de jóvenes a una existencia vacía, caracterizada por no poseer ni valores cristianos ni humanos de ningún tipo. Sin embargo, el daño hecho a estos jóvenes, a los que se les oculta la vida y las enseñanzas de Don Bosco, no termina ahí, porque el joven, sin el ideal de Cristo que Don Bosco propone, termina siendo absorbido, inevitablemente, por el mundo contemporáneo, cuyas características, en el inicio del siglo XXI, son el gnosticismo, el relativismo moral, el hedonismo, el materialismo y el neo-paganismo “New Age”.
Los sueños de Don Bosco no son el producto de la frondosa imaginación de un sacerdote del siglo XVIII: son el llamado del cielo a los jóvenes –a todo hombre en general, pero a los jóvenes en particular, porque ese es el carisma de Don Bosco-, a imitar y participar de la pureza del Ser divino, encarnado y manifestado en Cristo, el Hombre-Dios. Ocultar este grandioso ideal, manifestado en imágenes en los sueños de Don Bosco, constituye un gran engaño a cientos de miles de jóvenes que, de conocerlo, no dudarían en imitar a Cristo, en vez de dejarse arrastrar por las pasiones y por el mundo sin Dios.

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