San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 10 de enero de 2013

San Gonzalo


10 de enero


            Vida y milagros de San Gonzalo[1]
Etimológicamente significa “dispuesto, guerrero”. Viene de la lengua alemana.
El joven Gonzalo nació en Taglide, Portugal, de una familia de la alta aristocracia de entonces. Desde niño, los padres encomendaron su educación a un sacerdote amigo, quien le inculcó con sabiduría conocimientos científicos y religiosos. Todos los que lo conocían, lo consideraban como un joven virtuoso y muy atento en socorrer a los pobres. Fue en este período de su vida en el que San Gonzalo, sintiendo el llamado de Dios al sacerdocio ministerial, le dijo “sí” a los planes que Dios tenía para él, y se decidió a hacerse sacerdote, y es así que, en plena juventud, se consagró a Jesús, viviendo heroicamente las virtudes propias de su estado religioso (pobreza, castidad, obediencia). Una vez ordenado sacerdote, debido a que era un gran devoto de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, se fue en peregrinación a Roma para rezar delante de sus reliquias. Terminada esta peregrinación, y esta vez llevado por su gran amor a Jesucristo, y para mejor meditar en su Pasión, inició otra peregrinación -ahora a Jerusalén- para rezar en el Santo Sepulcro. Hay que destacar que al momento de marchar a Tierra Santa, San Conzalo era el abad de un monasterio. Cuando volvió, los monjes ya habían elegido a un sobrino suyo en su lugar. Lejos de protestar, y para no molestar a los hermanos ni a su familiar, él hizo – por inspiración de la Virgen – una vida de ermitaño, al lado mismo del monasterio.
El tiempo demostraría que los planes de santidad de Dios para San Gonzalo pasaban por una vida de oración eremítica, y no como abad de un monasterio. Junto a la ribera del río Tamaca edificó una pequeña ermita en la que vivía, hacía sus oraciones, practicaba la penitencia y trabajaba construyendo pequeños puentes para que la gente pudiera pasar. Desde entonces – y ya son siglos – existe todavía una romería a cada año a este lugar, en el que vivió este santo confesor ermitaño hasta que murió en el año 1260.

Mensaje de santidad de San Gonzalo
            San Gonzalo nos deja el mensaje de grandes y hermosas virtudes que configuran el alma a Cristo: la oración, la pobreza, la humildad, la caridad para con los más pobres. También nos deja el ejemplo del amor a Nuestro Señor, pues fue por amor a él que emprendió las peregrinaciones, primero a la tumba de los Apóstoles Pedro y Pablo, y después a Jerusalén, al Santo Sepulcro, en una época en la que viajar a tanta distancia y por tan largo tiempo implicaba, con toda seguridad, dejar la vida en el intento.
Pero el amor a Jesús era en el corazón de San Gonzalo más grande que el temor a perder la vida, y es así como pudo meditar en el Santo Sepulcro la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, meditación que le anticipó en el tiempo la gloria eterna en la cual San Gonzalo vive ahora para siempre, en los cielos.
Que San Gonzalo bendiga e ilumine a todos los que llevan su nombre –aunque no sean monjes ni sacerdotes-, para que meditando en la Pasión del Señor, y en su gloriosa Resurrección, lleguen un día a los cielos, en donde adorarán por los siglos sin fin al Hombre-Dios Jesucristo.

[1] Adaptado de: http://www.autorescatolicos.org/felipesantossangonzalo.htm; Autor: Padre Felipe Santos Campaña, SD.
[2] Cfr. Baur, Benedikt, O. S. B., Sed Luz. Meditaciones litúrgicas. Fiestas de los santos del Misal Romano, Tomo IV, Editorial Herder, Barcelona 1963, 27.
[3] Cfr. Baur, ibidem.

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