San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

miércoles, 19 de diciembre de 2012

San Expedito y el poder de la Cruz de Cristo



         Cuando San Expedito recibe la gracia de la conversión, inmediatamente el demonio, que se le aparece bajo forma de un cuervo repelente y apestoso, trata de disuadirlo de la decisión que ha tomado, y busca presentarle falsas razones para postergar la conversión: por un lado, le presenta la virtud y la negación de sí mismo, que es en lo que consiste la Cruz, como algo fastidioso, pesado, costoso, inútil; al mismo tiempo, le presenta sus venenos, las tentaciones, como algo bueno y apetitoso, escondiendo precisamente el veneno: el deseo carnal, la lujuria, la ira, la venganza, la pereza espiritual y física, la avaricia, la embriaguez, la curiosidad vana, la envidia.
         Es decir, al darse cuenta el demonio que San Expedito ha decidido comenzar a vivir y a cumplir los mandamientos de la Ley de Dios, le contrapone sus mandamientos, los mandamientos de Satanás: al mandamiento: “Amar a Dios y al prójimo como a uno mismo”, el demonio le contrapone: “Ámate egoístamente a ti mismo, sin que te importen ni Dios ni el prójimo”; al mandamiento: “No tomarás el Nombre de Dios en vano”, el demonio dice: “Jura en falso, usa el nombre de Dios para tu propia conveniencia y, si es posible, hasta para ganar dinero” (esto es lo que hacen las sectas); al mandamiento: “Santificarás las fiestas”, que es principalmente el precepto de la Misa dominical, el demonio le contrapone: “Viernes, Sábado y Domingo, son días de descanso, de relajación y de fiesta; vé y diviértete, baila, toma alcohol, descansa, olvídate de Dios y de su Misa”; al mandamiento que dice: “Honrarás padre y madre”, el demonio dice: “No tengas respeto por tus padres, levántales la voz, enójate con ellos, trátalos mal, y si necesitan algo, que se las arreglen solos”; al mandamiento que dice: “No matarás”, el demonio dice: “No te preocupes por la vida ajena; sé favorable al aborto y a la eutanasia, odia la vida humana y busca su destrucción, y si no puedes tú destruirla personalmente, asesina la vida de otros lentamente, por medio de la droga, el alcohol, las adicciones de todo tipo”; al mandamiento: “No cometerás actos impuros”, el demonio dice: “Comete actos impuros, mira toda la pornografía que quieras, deléitate en la impureza, en las imágenes lascivas, en la sensualidad, en el erotismo; vístete según la moda indecente, y cuanto más indecente, mejor; no prives a tus ojos de nada de lo que  te pidan; ingresa por tu vista cuanta imagen erótica y lasciva quieras, y también con tus pensamientos y con tu imaginación, para que el cuerpo, que fue creado para ser templo del Espíritu de Dios, se convierta en la cueva preferida de uno de mis demonios más grandes, Asmodeo, el demonio de la lujuria”; al mandamiento que dice: “No robarás”, el demonio le contrapone lo siguiente: “Roba, hurta, aprópiate de todo lo que no es tuyo; no tengas temor en desear con avaricia, con codicia, y si no puedes apropiarte de las cosas ajenas de buenas maneras, utiliza las formas violentas, el atraco y el asalto; no importa que te digan que nada material te llevarás a la otra vida; acuérdate de la frase de Aquél que murió en la Cruz: “Donde esté tu tesoro estará tu corazón”, ¿acaso no hay algo más lindo que pegar el corazón a los bienes materiales, al dinero, al oro y a la plata? Si te aferras a ellos con todo tu corazón, ¡serán tuyos para siempre en el infierno! Eso sí, no podrás disfrutarlos mucho, porque en el infierno todo está envuelto en llamas ardientes que provocan mucho dolor, ¡pero eso a ti que te importa! ¡Roba el dinero que no es tuyo, aprópiate de todos los bienes que puedas, y serás mi compañero para siempre en el lago ardiente!”; al mandamiento que dice: “No levantarás falso testimonio ni mentirás”, el demonio le contrapone: “¿Alguien se hizo rico diciendo la verdad? ¿Acaso no mienten todos? ¿Por qué no mentir, empezando con “mentiras piadosas”, que siempre son mentiras, para terminar con mentiras cada vez más grandes? Cuantas más mentiras digas, más amigo mío serás, que fui llamado por el Crucificado: “Príncipe de la mentira”; miente, calumnia, perjudica a tu prójimo con la lengua, y así una vez que estés en el infierno, te convencerás de su verdad y del poder de la mentira: ¡es tan poderosa, que abre las puertas de mi morada infernal!”; al mandamiento que dice: “No consentirás pensamientos ni deseos impuros”, el demonio le contrapone: “Piensa todas las impurezas que quieras, y deséalas, pero no sólo las carnales, sino también las espirituales, aquellas que tienen dentro el veneno del error y de la herejía, y hazte fiel seguidor de ídolos: el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte, o si no te van estos, hazte seguidor de ídolos de la televisión, del fútbol, de la política, del cine, como Messi, Harry Potter, Lady Gaga, y tantos otros, total, al final de tu vida, ninguno de ellos estará presente para salvarte”; al mandamiento: “No codiciarás los bienes ajenos”, el demonio dice: “Codicia y apetece todo lo que no te pertenece; codicia lo que no necesitas, acumula toda clase de bienes; envidia lo que los otros poseen; todo eso te hará imposible subir a la Cruz, ¡y así, con todos estos bienes codiciados y mal habidos, te precipitarás en el lago de fuego, y entonces me gozaré de tu dolor para siempre”.
El demonio entonces le presenta a San Expedito sus mandamientos, contraponiéndolos a los mandamientos de Dios, pero San Expedito dice que “no” a todos los engaños de Satanás, y dice que “sí” a la gracia de la conversión, y esto de modo inmediato, sin dudar un solo instante.
¿De dónde saca, San Expedito, toda la fuerza necesaria y toda la luz que necesita para descubrir y vencer los engaños del demonio? De la Cruz de Cristo, y éste es el motivo por el cual San Expedito alza en alto la blanca Cruz de Cristo, al tiempo que dice: “Hodie”, es decir, “Hoy”, y al tiempo que aplasta la cabeza del demonio, que se le aparece en forma de cuervo.
         De la Cruz de Cristo emana una fuerza poderosísima, que vuelve invencible al hombre en su lucha contra el ángel caído, y le permite vencer el sueño de la pereza y del desgano, para hacer la obra de la salvación, para cumplir con su deber de estado y todavía más, para obrar obras de misericordia con las cuales abrir las puertas del cielo; de la Cruz de Cristo emana una sabiduría celestial, que da al hombre la misma inteligencia de Dios, inteligencia que le permite ser “astuto como serpiente”, para vencer las malignas astucias de la Serpiente Antigua, el Dragón rojo, Satanás; de la Cruz de Cristo emana un Amor celestial, que le permite al hombre vencer el odio egoísta que quema el corazón como un tizón encendido, y encender a su vez su corazón con el Amor del Espíritu Santo, Amor que es fuego de Amor divino, que enciende en llamas pero que no solo no provoca dolor, sino que concede al hombre la paz, la alegría, el amor y la bondad de Dios. San Expedito enarbola el Victorioso Estandarte ensangrentado de la Cruz, y es así como sale victorioso frente a todas las insidias del demonio.
         Al recordar a San Expedito en su día, recordemos cómo lleva en su mano derecha la Cruz de Cristo, Cruz que le da la fuerza misma de Dios Trino, para aplastar con su pie la cabeza del cuervo repelente, el demonio.

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