San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 28 de junio de 2018

San Ireneo, obispo y mártir



         Vida de santidad[1].

San Irineo nació en el Asia Menor hacia el año 125 y fue educado por San Policarpo, quien a su vez fue discípulo directo del evangelista San Juan. Es considerado como uno de los padres de la Iglesia, porque en la Antigüedad luchó intelectualmente contra la secta de los Gnósticos, una de las más peligrosas sectas aparecidas en la tierra y con las cuales la Iglesia ha debido enfrentarse. Se considera que gracias a su sabiduría y sus escritos, la Cristiandad se libró de caer en los gravísimos errores que los gnósticos esparcían con sus dañosísimas enseñanzas.
Para advertir a un amigo suyo acerca del peligro de la secta en que éste había ingresado, dice así San Ireneo: “Te recuerdo que siendo yo un niño, allá en Asia Menor me eduqué junto al gran obispo Policarpo. Y también tú aprendiste con él, antes de pasarte a la perniciosa secta. ¡Con qué cariño recuerdo las enseñanzas de este gran sabio Policarpo! Podría señalar todavía el sitio donde se colocaba para enseñar, y su modo de andar y de accionar, y los rasgos de su fisonomía y las palabras que dirigía a la muchedumbre. Podría todavía repetir (aunque han pasado tantos años) las palabras con las cuales nos contaba como él había tratado con Juan el Evangelista y con otros que conocieron personalmente a Nuestro Señor. Y como el apóstol Juan les repetía las mismas palabras que el Redentor dijo a ellos y les contaba los hechos maravillosos que ellos presenciaron cuando vivieron junto al Hijo de Dios. Todo esto lo repetía muchas veces Policarpo y lo que él enseñaba estaba totalmente de acuerdo con las Sagradas Escrituras. Yo oía todo aquello con inmensa emoción y se me quedaba grabado en el corazón y en la memoria. Y lo pienso y lo medito, y lo recuerdo, con la gracia de Dios cada día”.
Y luego continúa: “En la presencia del Señor Dios, te puedo asegurar que aquel santo anciano Policarpo, si oyera las herejías gnósticas que tú enseñas, se taparía los oídos y exclamaría: “¡Oh Dios: que cosas tan horribles me ha tocado escuchar en mi vida! ¡A qué excesos de error se ha llegado en estos tiempos! ¿Por qué tengo que escuchar semejantes errores?”, y saldría huyendo de aquél lugar donde se escuchan tus dañosas enseñanzas”.
Más tarde, San Ireneo fue enviado desde Lyon a Roma con el objetivo de obtener del Sumo Pontífice su perdón a un grupo de cristianos que antes habían sido infieles pero que ahora querían otra vez ser fieles a la Santa Religión. Sucedió que mientras él estaba en Roma estalló en Lyon la terrible persecución en la cual murieron el obispo San Potino y un inmenso número de mártires, aunque Irineo no murió en la persecución porque la misma había finalizado cuando él regresó. Proclamado por el pueblo como sucesor del obispo San Potino, se dedicó con toda su capacidad intelectual tanto a enfervorizar a sus cristianos como a defenderlos de los errores de los herejes.
Catorce años después de su primera embajada fue enviado otra vez Irineo a Roma a pedir al Papa que quitara la excomunión a algunos cristianos que no habían querido obedecer las leyes de la Iglesia en cuanto a las fechas para la Semana Santa y Pascua. Debido a que obtuvo el perdón del Sumo Pontífice, la gente consideró que hacía honor a su nombre, que significa: “Amigo de la paz”, ya que consiguió hacer regresar a la Iglesia a quienes sin fundamento se habían alejado de ella y declarado sus enemigos.
No se sabe a ciencia cierta si Irineo murió mártir o murió de muerte natural. Pero lo que sí es cierto es que sus escritos han sido siempre de gran provecho espiritual para los cristianos.

Mensaje de santidad.

En su tiempo se difundió mucho una de las herejías que más daño han hecho a la religión Católica y que aún en nuestros días existe en muchas partes, la secta de los gnósticos. Estos enseñan un sinfín de errores que no se basan en las Sagradas Escrituras sino en doctrinas raras e inventadas por los hombres. Entre otras cosas, creen en la reencarnación y piensan que con la sola mente humana se logran conseguir todas las soluciones a todos los problemas, sin la necesidad de la fe y de la revelación de Nuestro Señor Jesucristo. San Irineo, que era un gran estudioso, se propuso analizar detenidamente todos los errores de los gnósticos y publicó cinco libros en los cuales los fue desenmascarando en todos sus errores. No atacaba con amargura, pero iba presentando lo absurdas que son las enseñanzas de los gnósticos. Además de la defensa de la fe, se preocupaba por convertir a los que estaban en el error y esa es la razón por la que era moderado y suave en sus ataques al enemigo. Pero de vez en cuando se le escapan algunas saetas como estas: “Con un poquito de ciencias raras que aprenden, los gnósticos ya se imaginan que bajaron directamente del cielo; se pavonean como gallos orgullosos y parece que estuvieran andando de gancho con los ángeles”.
         Ahora bien, ¿en qué consiste, propiamente, el gnosticismo, que tanto daño ha hecho y hace a la Santa Iglesia de Dios?
         Según la Enciclopedia Hispánica, el gnosticismo, que deriva de la palabra griega “gnosis”, que significa “conocimiento”, es un movimiento filosófico y religioso caracterizado por un conocimiento de tipo esotérico, adquirido no por aprendizaje u observación empírica, sino por revelación divina[2], aunque de ninguna manera es la revelación divina de Nuestro Señor Jesucristo. Los gnósticos se consideraban a sí mismos como gnósticos, es decir, como iniciados o iluminados, los que estaban en posesión de la verdadera creencia, mientras que los que no conocían la gnosis, pertenecían a la pistis, o mera creencia. Se ingresaba en el gnosticismo por medio una “iluminación”, la consistía en una especie de nuevo nacimiento o regeneración, que implicaba una divinización; de modo simultáneo, el gnóstico o iluminado conocía, precisamente por iluminación, su auténtica naturaleza, que era divina y no humana. Esto es lo que llevaba a que se creyeran a sí mismos como una emanación de Dios, que conocían la mente de Dios –pues ellos eran ese mismo Dios- y ajenos al mundo terreno. Con esta iluminación gnóstica, los gnósticos consideraban que no necesitaban de nada más para su eterna salvación.
         Para los gnósticos, el hombre vive en una dualidad cósmica: por un lado, su alma es emanación de Dios, pero por otro, esta alma divina está prisionera en un cuerpo material, porque para ellos, todo lo que es materia y visible, es malo, al haber sido creado por un demiurgo maligno, en tanto que el alma y lo espiritual había sido creado por un Dios bueno.
Los gnósticos creían en un Apocalipsis, pero no en el Apocalipsis cristiano, sino en el Apocalipsis gnóstico: cuando sucediera, el mundo malvado de la materia sería sustituido por el reino benigno del espíritu y las almas por fin serían libres de la corporeidad. En ese entonces, solo los que fueran puros, es decir, gnósticos, seres puramente espirituales y llamados por esto “pneumáticos” (conocedores de la gnosis) ascenderían hasta el pleroma, considerado por ellos como el reino de la luz y la perfección, mientras que el fuego latente oculto en el cosmos se avivaría y consumiría toda la materia con él, pereciendo también todos los “písticos”, es decir, los que no conocían la gnosis y por lo tanto no eran “pneumáticos”.
Por su origen esotérico, se considera que hay una gnosis no cristiana, completamente alejada del cristianismo –el hermetismo y el maniqueísmo- y una gnosis cristina, pero herética, porque posee elementos cristianos pero estos contenidos cristianos están contaminados por la gnosis. Fue contra esta última gnosis, desarrollada en el siglo II por Basílides y Valentín, y que afirmaba la realidad de un Dios trascendente y desconocido en tanto que identificaba al demiurgo creador del corrupto mundo físico con el Jehová bíblico, contra la cual se dirigieron los ataques de Ireneo, y también de Hipólito. Los libros de Irineo contra los gnósticos fueron traducidos a los idiomas más extendidos de ese entonces y se divulgaron por todas las iglesias y con ellos se logró detener la peligrosa secta y librar a la religión de errores sumamente dañinos.
Todo intento de conocimiento sobrenatural o divino que prescinda de la gracia de Dios –por la cual la inteligencia humana participa del conocimiento divino de Dios Trino- es considerado gnosticismo. En este sentido, vemos que el gnosticismo existe desde el inicio de los tiempos hasta nuestros días, pues el pecado original de Adán y Eva fue un pecado gnóstico –Eva cae en la mentira de la Serpiente que le ofrece “ser como Dios”-, en tanto que la más grande secta que existe en nuestro siglo XXI, la Nueva Era, New Age o Conspiración de Acuario, es eminentemente gnóstica. Es decir, en la actualidad la gnosis, lejos de desaparecer, ha resurgido con una fuerza aún más grande que la que tenía en tiempos de Ireneo y ha tomado el nombre de una secta luciferina que pretende la iniciación gnóstica –satánica- de toda la humanidad, la mencionada secta de la Nueva Era, New Age o Conspiración de Acuario. Por esto mismo, no solo la vida, sino las enseñanzas de San Ireneo, son más válidas y actuales que nunca.

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