San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

martes, 10 de marzo de 2015

Los siete dolores y gozos de San José - Primer Dolor y Primer Gozo

Primer dolor: Estando desposada su madre María con José, antes de vivir juntos se halló que había  concebido en su seno por obra del Espíritu Santo (Mt 1,18). Primer gozo: El ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir  a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le  pondrás por nombre Jesús (Mt 1, 20-21).

Los dolores de San José son una participación a los dolores de la Cruz de su Hijo adoptivo Jesús; los gozos, son los gozos celestiales, y a todos los encontramos en la Sagrada Escritura. En preparación a su fiesta, el 19 de marzo, ofrecemos estas meditaciones, inspiradas en las ilustraciones del Santuario de Torreciudad. San Josemaría de Escrivá de Balaguer, entre otros santos, tenía gran devoción a San José.

         Primer dolor y primer gozo

         El Primer Dolor de San José está relacionado con la concepción de Jesús, porque hasta que San José entiende el designio divino de la concepción virginal y milagrosa de Jesús, debe pasar por la dura y dolorosa prueba de creer que el hijo que crece en el seno de María proviene de otro hombre. Este dolor se prolonga hasta que es el mismo cielo el que se encarga de aclararle que la concepción es virginal y milagrosa, pues no ha intervenido ningún hombre, sino el Espíritu Santo en Persona: “Estando desposada su madre, María, con José, antes de vivir juntos se halló que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo” (Mt 1, 18). El Evangelio es sumamente claro y explícito acerca del origen celestial y no humano de Jesús, el hijo del matrimonio legal de la Virgen y San José: “antes de vivir juntos se halló que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo”. El Evangelio aclara que en la concepción de Jesús no interviene hombre alguno, sino solo única y exclusivamente, Dios Trino, porque la concepción de Jesús es obra de la Trinidad: es Dios Padre quien pide a su Hijo que se encarne para la salvación de los hombres; es Dios Hijo quien acepta, libremente y por Amor al Padre y a los hombres, encarnarse en el seno de María Santísima; es Dios Espíritu Santo quien lleva a Dios Hijo, del seno del Padre, en el cielo, al seno de María Virgen, en la tierra. Es el Espíritu Santo, en unión de voluntades y acción con el Padre y el Hijo, quien crea la naturaleza humana de Jesús, esto es, su alma y su cuerpo -que en ese momento tiene el tamaño de una célula, un cigoto, porque la célula germinal del varón fue creada en el mismo instante de la Encarnación, ya que no la aportó ningún varón- y es el mismo Espíritu Santo, el Amor Divino, quien, además de conducir al Hijo al seno de María, une en la Persona divina del Hijo a este cigoto y a esta alma, llevando a cabo la Encarnación –por ese motivo, la Encarnación fue obrada por Amor y no por obligación ni por ningún otro motivo-, al tiempo que introduce, milagrosamente, al cigoto que ya ES el Verbo de Dios encarnado, en el seno virginal de María Santísima, dando así origen a la Encarnación del Verbo y a la salvación de la humanidad. Entonces, como decíamos, es el mismo Evangelio, la misma Palabra de Dios quien revela que la concepción de Jesús es celestial y no humana; sobrenatural y no terrena; divina y no proveniente de varón alguno, y sin embargo, San José no lo sabe, por lo que su dolor se origina y crece al ver que en su Esposa, María, hay una concepción que él piensa que es de otro varón.
         Aunque San José suspende todo juicio temerario acerca de María, su dolor se produce porque no puede ver la acción del Espíritu Santo y ve lo que en María es lo que, considerado exteriormente y sin saber las causas profundas, parece la consecuencia de un pecado, y eso es lo que lo lleva a repudiar en su interior a la Virgen, decidiéndola abandonar en secreto, puesto que como es un varón justo, no quiere repudiarla públicamente. Así se origina su primer dolor. Con su actitud, San José nos enseña a no emitir juicios temerarios sobre nuestros prójimos y a no atribuirles malicia, sino, por el contrario, a buscar siempre el justificar sus acciones, siendo siempre misericordiosos con nuestros hermanos. Si emitimos juicios temerarios, nos equivocaremos siempre, además de colocarnos en un lugar que no nos corresponde, porque el que juzga las conciencias es solo Dios; por otra parte, si somos misericordiosos, recibiremos misericordia, y seremos semejantes a nuestro Padre Dios, que es misericordioso.
         Sin embargo, a este primer dolor, le sucede el Primer Gozo de San José, el cual se produce cuando el Ángel le anuncia, en sueños, que lo que ha sido concebido en María, su esposa legal, viene del Espíritu Santo: “El ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús’” (Mt 1, 20-21). La aparición del Ángel en sueños y la revelación de que el Niño concebido en el seno virginal de María no es de origen humano sino divino, no solo hace desaparecer el dolor de San José, sino que le provoca un gran gozo, de origen celestial, porque no solo le confirma todo lo que él sabía acerca de la pureza y el candor de María y de que era imposible de que María hubiera cometido un pecado, sino que le abre su mente y su corazón a la revelación del Redentor, haciéndole saber, por añadidura, que él ha sido elegido para ser nada menos que el Custodio y el Padre adoptivo de Dios Hijo en la tierra, reemplazando a Dios Padre, además de ser el esposo legal de la Madre de Dios. La alegría celestial de San José proviene de la revelación angélica, revelación que le permita contemplar el fruto de las entrañas virginales de María Santísima, Jesús, no con ojos humanos, sino como lo ve Dios, como lo que ES en realidad, el Pan de Vida Eterna, el Hijo de Dios que se encarna el seno virgen de María Santísima, para donarse al mundo como Pan Vivo bajado del cielo. Que San José, entonces, interceda para que también nosotros nos alegremos no con alegrías pasajeras, sino con la alegría que proviene de contemplar a su hijo adoptivo, Jesús, Presente en la Eucaristía con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

Oración para el Primer Dolor y el Primer Gozo

Casto esposo de María Santísima, glorioso San José, por el dolor que te provocó la duda de no saber en un primer momento acerca de la concepción virginal y milagrosa de Jesús, duda que te llevó a tener que abandonar a tu querida esposa, y por el gozo que te causó el ángel de Dios al revelarte el misterio de la Encarnación del Verbo Eterno; te suplico me alcances dolor de mis juicios temerarios e indebidas críticas al prójimo, y el gozo de ejercer la caridad viendo en él a Cristo. Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

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