San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 12 de junio de 2014

San Antonio de Padua y la mula que se arrodilló ante la Eucaristía


         Es conocido por todos uno de los más notorios milagros eucarísticos que tuvieron lugar en la historia de la Iglesia y que tuvo por protagonista a San Antonio de Padua: un hereje, que no creía en la Presencia real y substancial de Jesús en la Eucaristía, desafió a San Antonio en público a que tuviera a una mula sin comer durante tres días, al cabo de los cuales, la soltarían en la plaza delante de fardos de alfalfa, mientras que al mismo tiempo, San Antonio debía sostener la Eucaristía. El incrédulo sostenía que, como la Eucaristía era solo un poco de pan bendecido, la mula se dirigiría directamente a la alfalfa, ignorando la Hostia, puesto que no era más que pan. San Antonio aceptó el reto y, llegado el momento, al soltar a la mula, San Antonio se dirigió al animal ordenándole que se arrodillara delante de su Creador. Ante la sorpresa de todos y a pesar de que la mula había pasado efectivamente tres días sin comer absolutamente nada, en vez de dirigirse al alimento, como se lo indicaba su instinto animal, se dirigió resueltamente hacia San Antonio, que sostenía en lo alto una custodia con la Eucaristía y, doblando sus patas delanteras, se postró en signo de adoración ante Jesús Eucaristía, reconociendo a su Creador.

         Hoy podemos ver, con asombro y estupor, que los seres humanos, que se diferencian por su capacidad de raciocinio, doblan sus rodillas ante ídolos mudos e inertes, como el fútbol, el dinero, la política, la violencia, la sensualidad, el materialismo, mientras que son incapaces de doblar sus rodillas frente al Santísimo Sacramento del altar, tal como lo hizo la mula ante la orden de San Antonio de Padua. 

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