San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 26 de junio de 2014

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús


         “El Divino Corazón se me presentó en un trono de llamas, más brillante que el sol, y  transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas y significando las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en la parte superior... (…) la cual significaba que, desde los primeros instantes de su Encarnación, es decir, desde que se formó el Sagrado Corazón, quedó plantado en él la cruz, quedando lleno, desde el primer momento, de todas las amarguras que debían producirle las humillaciones, la pobreza, el dolor, y el menosprecio que su Sagrada Humanidad iba a sufrir durante todo el curso de su vida y en Su Santa Pasión”[1].
El Sagrado Corazón se le apareció a Santa Margarita María de Alacquoque para que le manifestara al mundo tanto la magnitud de su Amor, que lo llevó a padecer de modo infinito en la Pasión para salvar a la Humanidad, como la ingratitud de los cristianos, que indiferentes al Amor de predilección demostrado hacia ellos de manera especial, porque fueron elegidos de entre muchos para recibir los sacramentos y la gracia santificante, lo dejan abandonado en el sagrario, viviendo en el mundo de un modo que escandaliza aun a los paganos.
         Hoy, en el siglo XXI, el Sagrado Corazón no se aparece visiblemente a los ojos y a los sentidos corporales, pero sí se hace Presente, sobre el Altar Eucarístico, por medio de las palabras de la consagración, en la Santa Misa, de modo real y substancial, con su Cuerpo glorioso y resucitado, con su Corazón palpitante, envuelto en las Llamas del Amor Divino, para donarse a sí mismo, sin reservas, a todo aquel que lo quiera recibir con fe y con amor. Pero al igual que sucedió en tiempos de Santa Margarita María de Alacquoque, también hoy el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús tiene amargos reproches para hacer a los cristianos, porque los cristianos de hoy, se comportan peores que los paganos: los cristianos de hoy conocen más de los ídolos que el mundo le presenta a través de los medios de comunicación, que de Él mismo, que murió en la cruz y que perpetúa el Santo Sacrificio de la Cruz en el Santo Sacrificio del Altar, la Santa Misa, y que se queda en el sagrario, en la Eucaristía, para donar su Amor, eterno, infinito, insondable, inabarcable, sin límites, a todo aquel que quiera acercarse a Él. Sin embargo, los cristianos, en vez de postrarse en adoración ante Él, el Sagrado Corazón Eucarístico, que está vivo y glorioso, y lleno del Amor Divino, en el sagrario, prefieren postrarse, como neo-paganos, ante los ídolos mundanos, inertes, carentes de vida, pero atractivos en la superficie, porque son multicolores y en vez del silencio del sagrario, vociferan y aúllan a través de los televisores de plasma, las pantallas de cristal líquido, los celulares inteligentes de última generación, las tabletas, y cuanto dispositivo tecnológico exista. El Anticristo se vale de la ciencia y la tecnología para atraer a ingentes masas de cristianos que, convertidos en neo-paganos, corren detrás de los modernos ídolos -del fútbol, de la política, del dinero, de la violencia, del sexo, del materialismo, de la ciencia-, los cuales los conducen hacia el abismo de la eterna condenación, y con su actitud, dejan de ser “la sal y la luz de la tierra”, para convertirse en tinieblas, atrayendo a su vez a los paganos, a los que no han conocido a Jesús, porque tenían la misión de hacer conocer al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús y no de postrarse ante los ídolos del mundo.
         La cruz del Sagrado Corazón, dice Santa Margarita, significa el menosprecio que su Humanidad iba a sufrir en su Pasión, y significa también el menosprecio que continúa sufriendo en la Eucaristía, porque los cristianos de hoy, los neo-paganos del siglo XXI, conocen y aman más a los ídolos del mundo que al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús. Está en cada uno de nosotros reparar, con actos de amor y de adoración eucarística, por todos aquellos que no creen, ni esperan, ni adoran, ni aman, al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, “horriblemente ultrajado por los hombres ingratos” -como les dice el Ángel de Portugal a los Pastorcitos-, en la Eucaristía.



[1] http://www.corazones.org/santos/margarita_maria_alacoque.htm

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