San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 27 de julio de 2017

San Pantaleón, mártir


         Vida de santidad[1].

San Pantaleón o Pantalaimón (significa en griego “el que se compadece de todos”), murió mártir, alrededor del 305. Nació en Nicomedia, ciudad de Bitinia, y fue venerado en Oriente por haber ejercido como médico sin recibir retribución alguna. Era el hijo de un pagano rico, que se llamaba, Eustorgius de Nicomedia, y fue instruido en el Cristianismo por su madre que era Cristiana, Ebula. Luego se convirtió en extraño al Cristianismo. Estudió medicina y llegó a ser médico del emperador Galerio Maximiano en Nicomedia. Fue en la corte del rey, en donde se vivía en la vanagloria mundana y en el paganismo, en donde cayó en la apostasía, renegando del cristianismo. Sin embargo, regresó al Redil de Cristo gracias a los prudentes consejos del sacerdote Hermolaus. San Pantaleón tenía una gran fortuna, producto de la herencia recibida luego de la muerte de su padre, pero cuando comenzó la persecución de Diocleciano en Nicomedia, el año 303, Pantaleón distribuyó todos sus bienes entre los pobres y se quedó sin nada.
Al poco tiempo y denunciado por algunos médicos que le tenían envidia, fue  delatado a las autoridades, las cuales le arrestaron junto con Hermolaos y otros dos cristianos. El emperador, que deseaba salvar a Pantaleón, le exhortó a apostatar, pero éste se negó a ello y para demostrar la verdad de la fe curó milagrosamente a un paralítico. Luego de sufrir numerosos tormentos, los cuatro fueron condenados a ser decapitados, aunque la ejecución de san Pantaleón se retrasó un día. Precisamente, en su ejecución, las actas de su martirio nos relatan sobre hechos milagrosos, que prueban cómo el Espíritu Santo inhabita en los mártires y hace dulces y livianos los tormentos aplicados por los hombres: los verdugos trataron de matarle de seis maneras diferentes; con fuego, con plomo fundido, ahogándole, tirándole a las fieras, torturándole en la rueda, atravesándole una espada, arrojándole flechas, lanzándolo en medio de tigres y leones para que lo devoraran vivo. Con la ayuda del Señor, Pantaleón salió ileso[2]: el fuego se apagó, la espada se dobló, las fieras salvajes se amansaron ante su voz, etc. Finalmente, el mártir permitió libremente que lo decapitaran, llegando así San Pantaleón al más extremo grado de heroicidad, al derramar su sangre por Cristo, lo cual es, para la Iglesia Católica, un signo inequívoco de santidad[3]. San Pantaleón murió mártir a la edad de 29 años el 27 de julio del 304.

Mensaje de santidad.

Si bien San Pantaleón tuvo un momento de debilidad, que es cuando estuvo en el palacio y se dejó seducir por el paganismo y la vida mundana, sin embargo después, haciendo caso de los consejos de un sacerdote, quien le dijo que morir por Jesús era lo más hermoso que le podía pasar a una persona en esta tierra, porque así se ganaba el cielo, el santo dio su vida por Jesús, reparando así su debilidad para con Jesús y brindando la máxima muestra de amor que un cristiano puede dar por Jesús, que es dar la vida por Él. En otras palabras, llevado por el espíritu mundano, que mira a lo malo como bueno y a lo bueno como malo, San Pantaleón renegó de su fe, pero luego dio su vida y murió por esa fe que un día había negado, reparando su falta y manifestando su amor al Señor. El mensaje de San Pantaleón es que cae en la apostasía, pero se arrepiente, se convierte y da testimonio de Cristo con su propia vida; desprecia los bienes terrenos, pues los reparte entre los pobres, pero ante todo, desprecia su propia vida, con tal de ganar el cielo. En nuestros tiempos, en los que el espíritu mundano y pagano llevan al hombre a olvidarse de los Mandamientos de Dios y de la vida eterna, el ejemplo de fe y de amor a Jesucristo, por encima de todas las cosas, es más válido y actual que nunca, para todos los cristianos.





[2] http://www.corazones.org/santos/pantaleon.htm
[3] Las vidas que contienen estas características legendarias son todas tarde en fecha y sin valor. Con todo el hecho del martirio, por sí mismo parece probar por veneración, por lo cual es un testimonio temprano, entre otros de Theodoret (Graecarum affectionum curatio, Sermo VIII, De martyribus, en Migne, P. G., LXXXIII 1033) Procopius de Caesarea (De aedificiis Justiniani I, ix; V, ix) y el Martyrologium Hieronymianum (Acta SS., Nov., II, 1, 97).   

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