San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 16 de octubre de 2015

Santa Margarita de Alacquoque y la gracia de la aparición del Sagrado Corazón de Jesús


         Santa Margarita María de Alacquoque recibió una de las gracias místicas más extraordinarias de la historia de la Iglesia: la aparición de Jesús como el Sagrado Corazón. Estas apariciones, extraordinarias, estaban destinadas a hacer conocer y difundir la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, con el objeto de reparar por tantas ingratitudes, menosprecios e indiferencias –como el mismo Jesús le dijera a Santa Margarita- sufridas por Él de modo continuo, no sólo entre los paganos, sino principalmente, de parte de los cristianos. A través de esta devoción, Jesús nos hace ver cuánto nos ha amado y nos ama Él, al haber entregado su vida, por amor a nosotros, en la cruz, y cuánto es el olvido y el sacrilegio que los cristianos hacemos de su Corazón y de su Amor.
         Como decíamos, Santa Margarita recibió esta gracia, la de ser la destinataria de las apariciones de Jesús, que quería por medio suyo darse a conocer a la Iglesia universal bajo la maravillosa advocación del Sagrado Corazón. Fue el mismo Jesús quien la preparó para recibir esta gracia y lo hizo principalmente instruyéndola y haciéndola crecer en tres elementos clave de la vida espiritual: la conciencia delicada, la santa obediencia y el amor a la Santa Cruz. Con respecto a la conciencia, le decía Jesús: “Sabed que soy un Maestro santo, y enseño la santidad. Soy puro, y no puedo sufrir la más pequeña mancha. Por lo tanto, es preciso que andes en mi presencia con simplicidad de corazón en intención recta y pura. Pues no puedo sufrir el menor desvío, y te daré a conocer que si el exceso de mi amor me ha movido a ser tu Maestro para enseñarte y formarte en mi manera y según mis designios, no puedo soportar las almas tibias y cobardes, y que si soy manso para sufrir tus flaquezas, no seré menos severo y exacto en corregir tus infidelidades”[1]. La obediencia, a su vez, era la virtud más apreciada por Jesús: “Te engañas creyendo que puedes agradarme con esa clase de acciones y mortificaciones en las cuales la voluntad propia, hecha ya su elección, más bien que someterse, consigue doblegar la voluntad de las superioras. ¡Oh! yo rechazo todo eso como fruto corrompido por el propio querer, el cual en un alma religiosa me causa horror, y me gustaría mas verla gozando de todas sus pequeñas comodidades por obediencia, que martirizándose con austeridades y ayunos por voluntad propia”[2]. Por último, sin amor a la Santa Cruz, no hay santidad posible: “He ahí el lecho de mis castas esposas, donde te haré gustar las delicias de mi amor; poco a poco irán cayendo esas flores, y solo te quedarán las espinas, ocultas ahora a causa de tu flaqueza, las cuales te harán sentir tan vivamente sus punzadas, que tendrás necesidad de toda la fuerza de mi amor para soportar el sufrimiento”[3].
         Teniendo en cuenta que nosotros recibimos, en cada comunión eucarística, una gracia infinitamente más grande que la que recibió Santa Margarita, porque si bien a ella se le apareció como el Sagrado Corazón, no le dio sin embargo como Pan celestial su Sagrado Corazón Eucarístico, como sí lo hace con nosotros: ¿no deberíamos sentirnos avergonzados por nuestra falta de delicadeza en la conciencia, por nuestro amor propio y por nuestro rechazo de la cruz? Que Santa Margarita interceda para que luchemos contra nuestras faltas y crezcamos en las virtudes que más agradan al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, para recibirlo en la Comunión con el Amor y la adoración que se merece.



[1] http://www.corazones.org/santos/margarita_maria_alacoque.htm
Cfr. ibidem.
[3] Cfr. ibidem.

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