San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

domingo, 25 de enero de 2015

Santos Timoteo y Tito


Fueron colaboradores y discípulos de predilección de Pablo. De Timoteo se cree que su madre Eunice, su abuela Lois y él mismo abrazaron el cristianismo y se hicieron bautizar durante la primera visita de San Pablo a Listra[1]. Fue su familia quien lo había introducido en la lectura de las Sagradas Escrituras, desde muy pequeño, como lo recuerda Pablo: “...Que esa fe se conserve en ti, ya que desde tu más tierna edad te hicieron leer y meditar las Sagradas Escrituras” (1Tim 1, 5; 4, 14). Cuando Pablo regresó donde vivían Timoteo y su familia, en su segundo viaje misionero, los cristianos de allí le dieron maravillosas recomendaciones acerca de Timoteo; esto llevó a Pablo a confiarle la misión de predicar. Desde ese momento, y debido a la fidelidad y amistad de Timoteo, Pablo lo eligió como colaborador, gran amigo y compañero de misiones, además de considerarlo siempre como un “hijo suyo”, tal como lo llama en la primera Carta a los Corintios: “Timoteo, mi hijo amado” (1 Corintios); y lo llama de la misma manera en las dos cartas que le escribió a él.
Es en el lugar donde vivían Timoteo y su familia, en donde ocurre uno de los milagros más portentosos de Pablo, relatados en la Escritura, la curación del hombre paralítico. También relata la Escritura que, tras dicha curación, la gente del lugar los confundió con dioses disfrazados de hombres, pretendiendo adorarlos y ofrecerles sacrificios. Sin embargo Pablo no se los permitió de ninguna manera, aclarándoles que eran tan sólo criaturas igual que ellos. Pasado este episodio, los judíos incitan al pueblo contra Pablo y Bernabé: los apedrean y los abandonan casi muertos, pero los cristianos los conducen a la casa de Timoteo, en donde son atendidos.
Hacia el año 53, Pablo envía a Timoteo a las Iglesias de Macedonia y de Corinto. Trabajaron juntos nuevamente los años siguientes en Macedonia, en el Peloponeso y en la Tróada. Y cuando Pablo les escribe a los romanos, desde su prisión, les menciona que lo acompaña Timoteo, su fiel discípulo[2].
La primera carta que le escribió San Pablo a Timoteo fue en el año 65, desde Macedonia; y la segunda, desde Roma, mientras se encontraba preso, aguardando su ejecución. En una de las cartas del apóstol a Timoteo, le dice: “Que nadie te desprecie por tu juventud. Muéstrate en todo como un modelo para los creyentes, por la palabra, la conducta, la caridad, la pureza y la fe” (2 Tim 2). En otro pasaje, Pablo le recomienda que no tome sólo agua sino también un poco de vino, debido a los continuos malestares estomacales de Timoteo (cfr. 1Tim 5, 23); ésta es la razón por la cual Timoteo es patrono de los afectados por malestares estomacales.
El historiador Eusebio cuenta que S. Pablo nombró a Timoteo primer obispo de la Iglesia de Éfeso, en donde sufrió el martirio en el año 97 –fue apaleado y apedreado- por orden del emperador Diocleciano, al oponerse a un festival pagano en honor de Diana.
         ¿Cuál es el mensaje de santidad de Timoteo? Su mensaje de santidad es que Timoteo da su vida no solo por oponerse al culto idolátrico y pagano de la diosa Diana, sino ante todo por defender la Verdad de la divinidad del Cordero de Dios, Jesucristo: con su sacrificio martirial, Timoteo nos está diciendo que no solo el culto pagano a la diosa es radicalmente falso, sino que el Único Dios Verdadero, al cual se debe adorar y al cual se le debe rendir culto, es Jesucristo. Por este hecho, su ejemplo es muy valedero para nuestros días, en el que miles de católicos abandonan la Iglesia, apostatando de la verdadera fe, para seguir y postrarse ante los ídolos neo-paganos del mundo de hoy, tanto los que ofrece la secta luciferina de la Nueva Era -la wicca, la brujería, el ocultismo, el tarot, el gnosticismo, etc.-, como los ídolos neo-paganos del mundo moderno –el hedonismo, el materialismo, el relativismo, el ateísmo teórico y práctico, etc.-; unos y otros ídolos serán, para los católicos apóstatas de hoy, siempre más atractivos que Jesús resucitado, vivo y glorioso en la Eucaristía.
         En nuestros días, asistimos a un fenómeno inverso al del martirio, el anti-martirio, si podemos decirlo así: mientras que Timoteo dio la vida por Jesucristo, oponiéndose al falso culto de una deidad pagana, hoy, por el contrario, millones de católicos no solo niegan a Jesucristo en la Eucaristía, sino que entregan literalmente sus vidas –toda su existencia- a los ídolos neo-paganos: las estrellas del rock, del cine, de la música, de la política, del fútbol, del deporte en general, porque mientras el Día del Señor, el Domingo, dejan vacías las Iglesias, acuden en cambio en masa a cuanta actividad propongan estos verdaderos ídolos con pies de barro. Así, rinden culto y pleitesía a hombres, que nada hicieron y nada harán por su salvación, mientras dejan solo y abandonado a Jesús, que en cada Santa Misa desciende del cielo sobre el altar eucarístico, para renovar sacramental e incruentamente su sacrificio en cruz, obrando en el altar la misma obra del Calvario: así como entregó su Cuerpo y derramó su Sangre en la cruz, así en la Santa Misa entrega su Cuerpo en la Eucaristía y derrama su Sangre en el cáliz del altar.
         Según las actas del martirio, Timoteo recibió golpes mortales dados con palos y piedras, para dar testimonio de Jesucristo; hoy, son una multitud de cristianos quienes propinan golpes mucho más violentos a Jesús, con sus ultrajes, sacrilegios e indiferencias hacia la Santa Misa y hacia su Presencia Real Eucarística.
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[1] http://www.corazones.org/santos/timoteo_tito.htm
[2] Cfr. ibidem.

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