San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

martes, 20 de enero de 2015

San Expedito y la celeridad en la respuesta a la gracia



         San Expedito es conocido por ser el “patrono de las causas urgentes”. Pero, ¿dónde se origina esta condición suya de ser patrono de las causas urgentes? Se origina en su misma conversión. Según narra la Tradición, San Expedito era un soldado romano pagano; un día, recibió la gracia de la conversión; es decir, Dios tocó su alma con su Amor, concediéndole el conocimiento y el amor sobrenatural por Jesús, el Hombre-Dios. Junto con esta gracia, San Expedito recibió el conocimiento infuso de que debía abandonar inmediatamente y para siempre, su antigua vida de pagano, para poder abrazar la vida nueva de la gracia, la vida de los hijos de Dios. La conversión, que implica, por definición, vivir no ya con la vida natural –la cual, por otra parte, está sometida a la concupiscencia, como consecuencia de la herida del pecado original-, sino con la vida misma de Dios Uno y Trino, participada por la gracia y comunicada ésta por Jesucristo; la conversión implica, por lo tanto, el libre deseo de apartarse de toda mínima ocasión de pecado y de preferir la muerte física, terrena, corporal, antes que volver a la vida antigua, es decir, antes que cometer un pecado, sea mortal o venial deliberado. Por otra parte, esto es lo que se dice en la fórmula de la Penitencia, no como una simple fórmula, sino como la expresión sincera, nacida del arrepentimiento profundo y de la contrición del corazón, que se duele de haber ofendido la bondad infinita de Dios, con la malicia del pecado: “…pero mucho más me pesa, porque pecando ofendí, a un Dios tan grande y tan bueno como Vos; antes querría haber muerto que haberos ofendido, y propongo firmemente no pecar más y evitar toda ocasión próxima de pecado”. La tentación de volver a la antigua vida de pecado, o de permanecer en esta, sin dar lugar a la conversión, se presenta en la vida de San Expedito por medio del mismo Demonio en persona, quien se le aparece bajo la forma de un negro cuervo, que mientras revolotea a su alrededor, le dice: “Mañana, mañana”, es decir: “Deja para mañana tu conversión, postérgala, continúa hoy, con tu vida de pagano; tienes tiempo, todo el tiempo del mundo, ¿para qué preocuparte por responder a la gracia? Ya lo harás mañana, continúa hoy deleitándote con mis placeres, ya tendrás tiempo, otro día, de convertirte”. Sin embargo, ante la tentación de la no-conversión, de la no-respuesta a la gracia, San Expedito, levantando la cruz en alto, responde con toda celeridad: “Hodie”, es decir: “Hoy”, lo cual quiere decir: “Hoy, aquí y ahora, respondo a la gracia, dando libremente mi “Sí” a Jesucristo, mi Salvador y Redentor, que por la gracia me llama a una vida nueva, la vida de los hijos de Dios; hoy, y no mañana, respondo a la gracia de la conversión y por lo tanto, entablo una lucha a muerte contra el hombre viejo, contra sus concupiscencias, contra sus vicios y sus pecados; hoy y no mañana, enarbolo el estandarte ensangrentado de la Santa Cruz, el estandarte triunfante y glorioso del Cordero de Dios, que por mí y por mi salvación, dio su vida en la cruz, y me propongo a dejar la vida en el empeño de no caer nunca más en el pecado; hoy y no mañana, comienzo a vivir la Ley de la caridad de Jesucristo, y no la ley del demonio, que es “haz lo que quieras”; hoy y no mañana, comienzo a alimentarme del Pan de los ángeles, y dejo para siempre el alimento del demonio, las tentaciones consentidos; hoy y no mañana, comienzo a vivir los Mandamientos de Dios y no más los mandamientos del demonio”. Y dicho esto, San Expedito, llevado por la fuerza sobrenatural que emana de la cruz de Jesucristo, le aplastó la cabeza al cuervo, que incautamente había dejado de sobrevolar y se le había acercado peligrosamente a sus pies. Éste es el origen del patronato de San Expedito sobre las causas urgentes y por esto mismo, la primera causa urgente por la cual le debemos pedir que interceda, es por nuestra propia conversión, la conversión de nuestros seres queridos, y la de todo el mundo, sobre todo, los pecadores más empedernidos.

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