San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

miércoles, 19 de noviembre de 2014

San Expedito y la fuerza de la cruz


         San Expedito fue un soldado romano que se convirtió del paganismo al cristianismo y en su proceso de conversión, experimentó un amor tan ardiente por Jesucristo y su gracia, que no dudó ni un instante entre el permanecer en su antiguo estado de vida pagana y el adherirse a la nueva vida cristiana, y por ese motivo es que la Iglesia lo propone como modelo de vida y de imitación para sus hijos.
         Antes de su conversión, San Expedito era pagano, lo cual quiere decir que no conocía a Jesucristo y por lo tanto, no solo no era hijo adoptivo de Dios, sino que se encontraba bajo los efectos del pecado original, es decir, se encontraba bajo el dominio de las pasiones –la concupiscencia de la carne- y además, se encontraba bajo el poder y el dominio del Príncipe de las tinieblas, el Ángel caído. Recordemos que Jesús, en el Evangelio, dice: “Vi caer a Satanás como un rayo” (Lc 10, 18): Jesús ve caer a Satanás desde el cielo hacia la tierra cuando San Miguel Arcángel, a la cabeza del Ejército celestial y luchando a las órdenes de Dios, expulsa al Ángel caído y a los ángeles apóstatas del cielo, los cuales son precipitados a la tierra, en donde, desde entonces, “rondan como leones rugientes buscando a quien devorar”, como dice la Escritura (cfr. 1 Pe 5, 8), y andan “dispersos por el mundo” buscando “la perdición (eterna) de las almas”, como reza la oración exorcista del Papa León XIII (la misma que el Papa Francisco ha pedido que se vuelva a rezar).
         Precisamente, es el demonio quien, bajo la forma de cuervo, es quien se le aparece a San Expedito, en el momento en el que el santo recibe la gracia de la conversión, para impedirle la conversión. Es decir, el demonio, viendo que el santo recibe la gracia por medio de la cual iba a dejar de estar bajo sus garras y bajo su dominio, para pasar a pertenecer a Jesucristo, se disfraza de cuervo negro y comienza a volar en torno al santo, gritando: “Cras, cras!”, que significa: “¡Mañana, mañana!”, es decir: “¡Deja la conversión para mañana; continúa con tu vida de pagano; continúa con los placeres que yo te ofrezco; sigue con la concupiscencia de la carne; sigue postrándote ante mí y ante los placeres del mundo; no renuncies ni al dinero ni a las pasiones; continúa bajo el dominio de tus pasiones; continúa hablando mal de tu prójimo; continúa yendo al circo, para divertirte con tus amigos, sin preocuparte por la religión ni por tus deberes de estado; continúa con el alcohol y con toda clase de excesos; no te preocupes por convertirte; deja que tus pasiones te dominen; no perdones ni ames a tus enemigos; déjate llevar por la venganza y por la maldad, yo me ocuparé de tranquilizar tu conciencia; conviértete mañana, que ya tendrás tiempo de sobra para convertirte”. Así le decía el Demonio, mientras, dejando de revolotear a su alrededor, se le acercaba delante de San Expedito, a poca distancia de sus pies.
         San Expedito, iluminado por la luz de la gracia, y sosteniendo en alto la cruz de Cristo, dijo con voz fuerte y clara: "¡Hodie!", que significa: “¡Hoy!". Luego agregó: ¡Hoy me convertiré en cristiano! ¡Hoy me convertiré en hijo de Dios! ¡Hoy dejaré atrás mi vida de pagano! ¡Hoy dejaré atrás el pecado! ¡Hoy viviré en gracia hasta el día de mi muerte! ¡Hoy perdonaré y amaré a mis enemigos! ¡Hoy me abrazaré a la cruz para seguir al Cordero de Dios hasta el Calvario, para morir al hombre viejo y resucitar a la vida de la gracia!”. Y diciendo esto, como el Demonio, sin darse cuenta, había dejado de revolotear a su alrededor y se había colocado cerca de sus pies, quedando a corta distancia, San Expedito, animado con una fuerza y una velocidad sobrenaturales, con su pie derecho le aplastó la cabeza al cuervo, quien así quedó vencido con la fuerza de la cruz de Jesucristo.

         Éste es el ejemplo que nos brinda San Expedito y es la explicación de porqué la Iglesia nos lo presenta para que meditemos y reflexionemos en su vida e imitemos sus virtudes, principalmente en su velocidad para convertirse y en su amor por la gracia y por Jesucristo. San Expedito es el “santo de las causas urgentes”, y la primera “causa urgente” es la conversión, la propia y la de los seres queridos, y eso es lo que debemos pedirle al santo en el día en el que lo conmemoramos.

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