San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

lunes, 13 de octubre de 2014

Santa Teresa de Jesús y el Verdadero y Único Árbol de la Vida, la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesús


En nuestros días de este siglo XXI -dominados por la oscuridad y las tinieblas espirituales más densas que jamás la humanidad haya conocido- se infiltran, entre los mismos católicos, símbolos, imágenes, conceptos, ideas, provenientes de la oscuridad y del gnosticismo, que se oponen frontalmente a la Sabiduría y al Divino Amor de Nuestro Señor Jesucristo.
Uno de esos símbolos paganos es el denominado “Árbol de la vida”[1], símbolo gnóstico y cabalístico, usado como amuleto por los jóvenes y adolescentes católicos.
         Sin embargo, el Verdadero y Único “Àrbol de la vida”, es el Árbol de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, al cual Santa Teresa de Ávila le dedica su poema: “La Cruz”[2]. Dice así el poema de Santa Teresa:
         “En la cruz esta la vida
Y el consuelo,
Y ella sola es el camino
Para el cielo”.
Para Santa Teresa, la Cruz es el Verdadero y Único Árbol de la Vida, y es la Cruz de Jesús en donde está la Vida –y no el “Árbol de la vida” cabalístico-, porque en la Cruz está suspendido Aquel que es la Vida Increada en sí misma y Fuente de toda vida creada, y como Él es la Vida Increada, es la Vida Eterna en Persona, por eso, aunque muere con su vida terrena, Jesús destruye a la muerte del hombre con su Vida Divina, que es Él mismo, para donar, a  todo aquel que se le acerque a la Cruz con un corazón contrito y humillado, su Vida Divina, la Vida que emanando de su Ser Trinitario divino, fluye con su Sangre, que es la Sangre del Cordero, la Sangre del Hombre-Dios Jesucristo, que porta la Vida Eterna consigo y ésa es la razón por la cual la Cruz, y sólo la Cruz, es el Verdadero y Único “Árbol de la Vida”. 
“En la cruz está el Señor
De cielo y tierra.
Y el gozar de mucha paz,
Aunque haya guerra,
Todos los males destierra
En este suelo,
Y ella sola es el camino
Para el cielo”.
La Cruz de Jesús es el Verdadero y Único Árbol de la Vida, porque en ella está, dice Santa Teresa, "el Señor de cielo y tierra", y Él es "Señor de cielo y tierra", porque ante su Nombre, toda rodilla se dobla, en el cielo -en donde resplandece eternamente la cruz victoriosa, brillante, que irradia la gloria divina-; en la tierra -en el altar eucarístico, en donde se renueva de modo incruento y sacramental el mismo y Único Santo Sacrificio de la Cruz, sobre cuyas especies eucarísticas este Santo Sacrificio imprime su fuerza y su virtud, haciendo presente al Santo Sacrificio de la Cruz en la Santa Misa-; y en los abismos, en donde la fuerza omnipotente de la Cruz se manifiesta con toda su fuerza divina, haciendo sentir el rigor y el furor de la Ira y de la Justicia Divina contra el Ángel Rebelde y sus secuaces, aplastándolos contra la última madriguera del Infierno. Y porque por la Cruz, que es el Único Árbol de la Vida, vino la paz a los hombres, porque en ella fueron derrotados los tres enemigos mortales de la humanidad, el Demonio, la Muerte y el Pecado, y porque el que está en la Cruz es la Paz Increada, porque es Dios Hijo en Persona, dice Santa Teresa que en es la Cruz la que "da mucha paz", aunque haya guerra, es decir, aunque nos hagan guerra nuestros enemigos, porque quien se une a la Cruz Victoriosa del Salvador, de Él obtiene todo triunfo y toda gloriosa paz, la paz que sólo Él, como Dios Encarnado, puede dar.
         "De la cruz dice la Esposa
         A su Querido
         Que es una palma preciosa
         Donde ha subido,
         Y su fruto le ha sabido
         A Dios del cielo,
         Y ella sola es el camino
         Para el cielo".
         Para Santa Teresa, la Cruz es el Único y Verdadero Árbol de la Vida, porque en ella el alma-esposa encuentra a su Dios Esposo, que por ella cuelga del madero y por salvarla de la muerte eterna, le da su Vida, que fluye incontenible y eterna, contenida hasta en la última gota de su Preciosísima Sangre. La Cruz es el Árbol de la Vida, cuyo fruto exquisito y dulcísimo es el mismo Dios, y por eso no hay fruto que pueda comparársele, para el alma que a este Árbol Santo se sube, para probar de él los dulzores incomparables de su fruto admirable. Quien se sube a este Árbol de la Vida, porque quiere probar el fruto de tan admirable Árbol, prueba el sabor exquisito del Fruto de este Árbol Único, el Único Árbol de la Vida, y ese fruto exquisito, es “Dios mismo”, como dice Santa Teresa, al hablar del alma que sube a este Árbol: “Y su fruto le ha sabido a Dios del cielo”.  
         "Es una oliva preciosa
         La santa cruz,
         Que con su aceite nos unta
         Y nos da luz.
         Toma, alma mía, la cruz
         Con gran consuelo,
         Y ella sola es el camino
         Para el cielo".
      La Cruz es el Único Árbol de la Vida, y el Árbol es un Olivo Santo, que al ser exprimido en la Pasión, da el aceite sagrado, la “santa luz”, la luz que brotando del Ser trinitario del Dios Encarnado que en la Cruz cuelga, filtra sus rayos a través de su Costado, abierto por la lanza, para iluminar y dar Vida eterna a quien se acerca a la Cruz; por eso la Cruz, dice Santa Teresa, es “una oliva preciosa”, cuyo “aceite nos unta y nos da luz”, y el que es ungido por el Aceite de este Árbol de la Cruz, esta Oliva preciosa, recibe en su alma la luz del Espíritu Santo, el Espíritu que lo conduce al Hijo y, por el Hijo, al seno del Padre Eterno.         
         La Cruz es el Único y Verdadero Árbol de la Vida, es un Árbol Santo que da reposo y sombra, al alma que a Dios Hijo ama y a la sombra de sus alas se refugia. El Árbol Santo de la Cruz, dice Santa Teresa, protege al alma con su sombra, y la protege del sol ardiente de las pasiones y del calor aplastante del Dragón infernal, que con su ardiente odio deicida y homicida, quiere agostar al alma y hacerla morir de sed, en el desierto calcinante del mundo sin Dios, pero la Cruz, como dice Santa Teresa, “es el Árbol verde (...) que da sombra al alma Esposa que bajo su sombra se ha sentado, para gozar de su Amado”. Quien se refugia a la sombra del Árbol de la Cruz, no solo es protegido del ardor calcinante de las pasiones sin control y del acoso de la Serpiente infernal, sino que goza de la Paz y del Amor Divinos que de Dios Hijo encarnado y crucificado, brotan sin descanso, y así lo dice Santa Teresa: "Es la cruz el árbol verde
                  Y deseado
                  De la Esposa que a su sombra
                  Se ha sentado
                   Para gozar de su Amado,
                  El Rey del cielo,
                   Y ella sola es el camino
                   Para el cielo".
         La Cruz es el Verdadero y Único Árbol de la Vida, dice Santa Teresa, porque el alma que muere al mundo y a sus pompas, y se encuentra a los pies de Dios rendida, postrada y humillada, con un corazón contrito, para esa tal alma, que está muerta al mundo, recibe sin embargo, de su Dios, que está crucificado en el Árbol de la Vida y es Él la Vida Increada misma, en Persona, toda la vida eterna y gloriosa del Ser trinitario y divino que brota del Corazón traspasado de Dios Hijo crucificado, y que para dar su vida, por Amor, está en el Árbol de la Vida, la Santa Cruz, crucificado. Dice así Santa Teresa:
         "El alma que a Dios está
         Toda rendida,
         Y muy de veras del mundo
         Desasida
         La cruz le es árbol de vida
         Y de consuelo,
         Y un camino deleitoso
         Para el cielo".
         La Cruz es el Único y Verdadero Árbol de la Vida, dice Santa Teresa, porque en ella padeció el Salvador, y por eso en ella está "la gloria y el honor", y por eso mismo, quien en ella padece, no encuentra tortura y muerte, sino "vida y consuelo", porque el Dios Omnipotente, con su poder transforma, en la Cruz, al odio y la muerte del hombre caído en pecado y unido al Ángel rebelde, en Amor y Vida, y por eso la Cruz es el Verdadero y Único Árbol de la Vida. 
         Después que se puso en cruz
         El Salvador,
         En la cruz esta la gloria
         Y el honor,
         Y en el padecer dolor
         Vida y consuelo,
         Y el camino más seguro
         Para el cielo.
        Y la Cruz es “el camino más seguro para el cielo” y sólo la Cruz es el camino para el cielo, porque en Ella está suspendido Aquél que dijo de sí mismo: “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida”, y nadie va al Padre sino es por Mí” (Jn 14, 6).



[1]  Del mismo, dice así Wikipedia: “El árbol de la vida es uno de los símbolos cabalísticos más importantes del judaísmo. Está compuesto por 10 esferas (sefirot) y 22 senderos, cada uno de los cuales representa un estado (sefirá) que acerca a la comprensión de Dios y a la manera en que él creó el mundo. La Cábala desarrolló este concepto como un modelo realista que representa un «mapa» de la Creación. Se le considera la cosmología de la Cábala. Algunos creen que este «Árbol de la Vida» de la Cábala corresponde al Árbol de la Vida mencionado en la Biblia (Génesis 2, 9). Este concepto gnóstico fue adoptado más tarde por algunos cristianos, hermetistas, y aun paganos (…) El Árbol de la Vida se representa en el conocido Árbol Sefirótico. El mismo se compone de diez emanaciones espirituales por parte de Dios, a través de las cuales dio origen a todo lo existente. Estas diez emanaciones, para formar el Árbol de la Vida, se intercomunican con las 22 letras del alfabeto hebreo (…) En el gnosticismo, el sefirot del Árbol de la Vida posee muchas semejanzas con el concepto gnóstico cristiano del Pléroma, emanaciones que autoprovienen del inefable Padre Divino y que ofrecen el mejor medio posible de describir a Dios. Cada emanación en el Pléroma es nacida de una emanación anterior a ésta, más compleja. De estas dos alegorías, la más notable es el final del sefirá en el árbol, Malkuth, y la última emanación en el Pléroma, Sofía, cuya caída de la gracia causó el mundo físico”; cfr. http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81rbol_de_la_vida_(C%C3%A1bala)
[2] http://www.corazones.org/santos/teresa_avila.htm

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