San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

lunes, 15 de octubre de 2012

Santa Margarita María de Alacoque y el Sagrado Corazón



         Jesús se le apareció a Santa Margarita y le mostró su Sagrado Corazón, el cual estaba envuelto en llamas, circundado de espinas, con una cruz encima y con la herida abierta, producto del lanzazo recibido en la Cruz.
         En esta visión, está condensado el mensaje de Amor que Dios da a la humanidad: las llamas representan al Amor divino, el Espíritu Santo, que envuelve a la humanidad de Cristo; el mismo Corazón, mostrado por Jesús, que en el hombre es sede natural de los afectos y del amor, es un signo visible de que Dios nada se guarda para sí en su intento de conquistar el alma humana por el Amor; la herida abierta significa que el Amor ardiente del Ser divino trinitario, que quiere ser comunicado a los hombres, ya no puede ser contenido, liberándose incontenible, como un aluvión de fuego de Amor vivo, a través de la Sangre que mana del Corazón traspasado; las espinas, representan los pecados de los hombres y su dureza de corazón, que rechazan con frialdad el don del Amor divino obsequiado sin reservas en el Sagrado Corazón; por último, la Cruz, significa que el don del Sagrado Corazón lo ofrece Dios Padre en la Cruz, y por tal motivo, quien quiera recibirlo, lo único que debe hacer es acercarse, con el corazón contrito y humillado, a Cristo crucificado.
         Cuando se hacen todas estas consideraciones, se puede apreciar la magnitud de la aparición recibida por Santa Margarita, y se puede pensar, con justa razón, que la santa fue sumamente afortunada al ser elegida para una visión tan grande. Sin embargo, cuando se compara la visión con el don recibido en la comunión eucarística cotidiana, esa apreciación cambia, puesto que la visión es eso, mientras que el don eucarístico actualiza en la realidad lo que la visión muestra.
         En la Santa Misa, no se aparece visiblemente el Sagrado Corazón, porque está oculto detrás de algo que tiene apariencia de pan, y ya no es pan. El Sagrado Corazón está oculto, invisible, en la Sagrada Eucaristía, realmente presente, tal como se le apareció a Santa Margarita: envuelto en llamas, circundado de espinas, con una cruz encima y con la herida abierta, producto del lanzazo recibido en la Cruz. Pero todavía hay algo más, que hace a la Santa Misa infinitamente superior a la aparición que Santa Margarita tuvo del Sagrado Corazón: Jesús, cuando se le apareció, solo le mostró su Sagrado Corazón, pero no se lo dio en alimento; a nosotros, en cambio, en cada comunión, nos lo brinda para que seamos alimentados con el Amor divino que inhabita en Él.

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