San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

martes, 28 de agosto de 2012

El martirio de Juan el Bautista




         Con su martirio (cfr. Mc 6, 17-29), Juan forma parte de la comunidad de los testigos del Cordero, es decir, de aquellos de quienes habla el Apocalipsis: los que siguiendo al Testigo fiel y  verdadero (Ap 3, 14) dieron a la Iglesia y al mundo el testimonio de su sangre[1]. Un testigo es quien está en condiciones de afirmar la verdad de un hecho; el testigo es la persona que presencia un hecho o que adquiere un conocimiento directo y verdadero de algo.
En un sentido social, el testigo es aquel que afirma verdades de carácter judicial: se es testigo de un hecho determinado porque se vio con los ojos ese hecho, y por lo tanto, se puede afirmar cómo sucedió tal hecho, por haber sido testigo ocular[2].
         En el caso de Juan, su testimonio es sobrenatural, y trasciende infinitamente el hecho meramente social o judicial: Juan es testigo de la Verdad de Dios, encarnada en Jesús; es testigo ocular de la encarnación del Verbo –es él quien, al ver pasar a Jesús, dice: “He ahí el Cordero de Dios”-, y afirma esa verdad no con sus palabras, sino con su sangre, es decir, con su vida. De ahí que su testimonio sea mucho más fuerte que las simples palabras, porque se testimonia con todo el ser, con toda la vida. Derramar la sangre, dar la vida, para testimoniar la Verdad de Dios encarnado, es la forma más fuerte de testimoniar una verdad, y eso es lo que hace Juan.  
 La muerte de Juan es un hecho histórico particular, que aparece como desconectado o aislado de otros hechos trascendentes en la misma historia de la salvación, como si fuera una muerte aislada en el tiempo y en el espacio y, sin embargo, está íntimamente unida a la muerte de Jesús en la cruz: aunque muere antes que Jesús, su muerte es una participación a la muerte de Jesús, y está contenida en la muerte de Jesús. Juan es mártir de Cristo, pero Cristo es mártir del Padre: es por el Padre, que es quien lo ha enviado, por quien Jesús da su vida en la cruz. El martirio y testimonio de Juan es entonces una participación en el martirio y en el testimonio de Jesucristo, Rey de los mártires.
Juan forma parte de la comunidad de los testigos, de los mártires del Cordero, y esa comunidad de testigos, de mártires, es la Iglesia. La Iglesia es testigo, mártir, frente al mundo de hoy, de la Encarnación del Verbo, y de la prolongación de esa encarnación en la Eucaristía. Juan veía al Verbo oculto detrás de su naturaleza humana, por eso es que, al ver pasar a Jesús, dice: “Este es el Cordero de Dios”. vería al Cordero de Dios debajo de la naturaleza humana de Jesús. La Iglesia, que es comunión en el testimonio, ve al Hombre-Dios oculto ya no bajo la naturaleza humana, sino oculto bajo la apariencia de pan; la Iglesia ve al Verbo humanado en el sacramento del altar, la Eucaristía. De ahí que la Iglesia, que es la Iglesia del  repita su testimonio, al hacer la ostentación del Pan consagrado, usando las mismas palabras de Juan: “Este es el Cordero de Dios”.
Como miembros de la Iglesia, Esposa del Cordero, también nosotros, en la contemplación del misterio eucarístico, estamos llamados a repetir el testimonio de Juan ante el mundo: “Este es el Cordero de Dios”.



[1] Cfr. X. León-Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica, Ediciones Herder, Barcelona 1980, voz “Mártir”, 514.
[2] Cfr. Dufour, ibidem.

1 comentario:

  1. Hola, que tal. Aprovecho para saludarte y felicitarte por el blog que está muy bueno. Y también para comentarte que el plugin de la Ubicación geográfica de las visitas al 'blog' en FIREFOX no funciona y traba la página. En Chrome no pasa, ojala tenga algun arreglo.
    Muchas bendiciones!
    Liz

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