San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 31 de mayo de 2012

La agonía del Sagrado Corazón en el Huerto de los Olivos



         El Sagrado Corazón le revela a Santa Margarita María que la inmensidad de los dolores que sufrió en las horas de agonía en el Huerto de Getsemaní, se debieron, en gran medida, a que en su Divinidad, veía cómo un gran número de almas habrían de condenarse, al mostrarse ingratas e indiferentes frente a su sacrificio en Cruz.
         Para muchísimas almas, su muerte no significaría nada, ya que habrían de preferir a sus propias pasiones, antes que la Cruz de Jesús, lo cual habría de conducirlas a la eterna condenación, y es esta visión de la enorme masa de condenados lo que más dolor le provocaba, y lo que hacía su agonía más y más intensa.
         Cuando se ve el estado espiritual de nuestra época, en donde los hombres viven como si Dios no existiera, o más bien, como si cada uno fuera su propio dios; cuando se ve a los jóvenes y adolescentes –solo a la salida de los colegios- que no es que hayan perdido el pudor y la vergüenza, sino que parecieran que jamás la tuvieron, porque la impudicia y la desvergüenza les son connaturales y no parecen conocer otra cosa; cuando se ve la inmensa muchedumbre de niños que empiezan a ser educados en las leyes anti-naturales; cuando se ve que la anti-natura se acepta como “natural” y se legitima por ley cualquier aberración que pueda surgir del corazón humano; cuando se ve que a enormes masas de gentes parece importarles solo el placer, el poder, el tener; cuando la droga se convierte en lucrativo y sangriento negocio que atrapa a países enteros, es que uno se pregunta si no son para nuestros días estas duras palabras del Sagrado Corazón, dictadas a Santa Brígida de Suecia: “Juro por mi Divinidad, que si morís en el estado que ahora estáis, nunca veréis Mi Rostro, sino que por vuestra soberbia os sumergiréis tan profundamente en el infierno, que todos los demonios estarán sobre vosotros, afligiéndoos incansablemente: por vuestra lujuria seréis llenos del horrible veneno del demonio, y por vuestra codicia os llenaréis de dolores y de angustias, y seréis participantes de todos los males que hay en el infierno. ­Oh, enemigos Míos, abominables, degenerados y desgraciados; sois a mis ojos como el gusano muerto en el invierno; haced, pues lo que queráis y prosperad ahora. Pero Yo me levantaré en el estío, y entonces callaréis y no os libraréis de Mi mano!’”[1].


[1] Celestiales revelaciones, págs. 458-459.

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